Archivo de la categoría: 05.- Población, Sociedad y Economía: 1500 – 1900

05.7.- El Montazgo en Balmaseda: s. XVI-XIX

montes-entorno

Ficha.– Comunicación presentada al II Congreso Mundial Vasco. Bilbao, Diciembre de 1987. Publicado en el Tomo IV: La Crisis del Antiguo Régimen  pp.  209 – 223.

Fuentes.– La base fundamental la han aportado los 11 libros de Cuentas de Propios del Ayuntamiento de Balmaseda, entre los años 1528 y 1845. Se completan los datos con los libros de Decretos y Acuerdos entre los años 1530 y 1890. Todos ellos fuentes inéditas en el montazgo, en excelente estado de conservación y con escasas lagunas documentales.

1. Introducción y Metodología

Casi todo lo relacionado con los bienes forestales de los municipios, en etapas históricas del Antiguo Régimen, e incluso anteriores, está en buena medida pendiente de investigar. Algunos conocidos historiadores han tratado tangencialmente este tema para el siglo XVIII, enmarcándolo siempre en el contexto histórico de un sector primario que relaciona cultivos y roturaciones (1).

Con respecto al estudio del montazgo en la villa vizcaína de Balmaseda, y sobre su utilización concreta, la presente comunicación trata de señalar dos objetivos principales. El primero en la utilidad y datos que aportan los libros de Cuentas de Propios municipales, para el conocimiento y análisis del montazgo en general y del vasco en particular 82). El segundo objetivo es la aportación de una metodología nueva, forzada por las propias fuentes, y necesaria ante la inexistencia de estudios amplios sobre esta temática. A estos dos se suma el deseo de poder servir de pauta y de estímulo a futuras investigaciones (3).

La villa de Balmaseda se halla situada en las Encartaciones, la comarca más occidental de Vizcaya; localizada en su borde sur y muy cercana al límite con el Valle de Mena, que ya es tierra burgalesa. Es zona de terreno montuoso, con un clima oceánico, suave y húmedo, todo lo cual favorece un abundante montazgo. A orillas del Cadagua, río de origen menés, afluente del Nervión-Ibaizabal, fue punto principal del Camino Real entre Bilbao y Burgos, hasta la apertura del paso de Orduña hacia 1770.

Balmaseda, indefectible villa mercado por su ubicación caminera, estaba también abocada a ser una villa ferrera. Sus componentes geográficos de bosques y aguas se aunaron a la proximidad de las venas de mineral. A todo ello se unía el circuito mercantil generado por las reatas de mulateros que portaban productos y abastecimientos. Estos arrieros, una vez descargados sus abastos para el mercado local, llenaban sus alforjas con productos férricos de las fraguas balmasedanas. Se conoce la existencia de martinetes y ferrerías al menos desde 1487 (4). Y aunque su número haya sido fluctuante, no hay que olvidar los de cercanas zonas como Mena y Carranza, que también compraban su madera en Balmaseda.

Casi todo los años, entre 1528 y 1871, el Ayuntamiento de la villa sacaba a remate las cargas de leña de sus montes, la cual, una vez convertida en carbón, alimentaba hornos y fraguas. Con una amplia demanda ferrera y una buena oferta de arbolado, las ventas daban unos excelentes ingresos a las arcas municipales. Su anotación en las Cuentas de Propios permite conocer y manejar las siguientes partidas: remates de ventas; montes de saca; cargas de leña para carbón; precio total de venta; precios por carga y por monte.

La escasez de estudios al respecto (5), ha obligado a crear la metodología necesaria. auspiciada por las propias fuentes y cuyos resultados han conducido a la determinación de estos cuatro puntos:

  • Los ingresos municipales por la venta de leña.
  • El rendimiento de los montes con cargas y sacas.
  • La evolución del precio del carbón de leña.
  • La utilización de los montes entre los siglos XVI y XIX, con la consecuente deforestación.

Esta metodología ha presentado serios problemas de estructuración, que la corta extensión de este trabajo impide explicar debidamente (6). Baste con decir que, a veces, han debido de usarse precios ponderados, con un valor más aproximativo que real. Y también ha sido necesario estimar la relación diferencial entre coste y cargo, atribuida a la inclusión del prometido y a errores constatados del cajero en el engorde del alcance. Partiendo del término legal de carga, se han determinado con las letras X Y Z, los conceptos de cargas, cargo y precios medios (7).

2. El Ámbito Administrativo

En Balmaseda se distinguían tres clases de montes:

  • NATURALES, llamados también bortos o bortedos, conformados por madroñeras.
  • HUECOS, eran arboledas de castaños y robles plantados en parajes abiertos.
  • SEBES, o bosques cercados, también de robles y castaños, que se solían cortar por la cepa.

Cada uno de estos tipos de monte daba un tipo distinto de leña, y por ello, también de carbón. Por otra parte, cada uno tenía su forma de corte específica. Así, el roble, cuanto mayor era daba carbón más duro y las sebes, cortadas cerca del suelo, daban cepas con muchas ramas espesas que se podían convertir en carbón, de siete a diez años más tarde. Generalmente, los huecos y las sebes, se solían criar en alternancia (8).

Las guerras de la Convención, de la Independencia y más tarde, las conflagraciones carlistas, provocaron un profundo desastre en los montes de la villa. A esto se unió el descenso en el número de ferrerías, y su escaso uso en el siglo XIX, lo que produjo una caída en picado del valor del montazgo, que desaparecerá como elemento de renta municipal, con las últimas sacas del año 1863.

De todos los montes señalados, los de fogueras se destinaban para uso de los vecinos, así como a diversas cargas utilizadas por el hospital, la cárcel, la escuela y los braseros oficiales. De estos montes, los vinateros cortaban los cellos para sus tinas y tubas, el vecindario tomaba los maderos para construcción y reparación de sus casas, y el Ayuntamiento lo necesario para las obras públicas (9).

3. El Ámbito Jurídico

Para el cuidado de los montes, se habían establecido los siguientes cargos oficiales:

  • JUEZ DE MONTES, que ejercía las funciones de vigilancia y entendían en las causas criminales, contra los infractores del montazgo. Solía desempeñar este cargo el alcalde saliente.
  • GUARDAS DE MONTES, que eran los grandes cuidadores de montazgo, evitando talas, robos, descepes y arranque de crías. Su declaración era prueba cargo el alcalde saliente.
  • PERITOS MONTANEROS, que eran quienes realizaban el aprecio de los montes, determinando de cuales podía hacerse saca, en qué cantidad e incluso, a qué precio podía venderse (10).

La labor de todas estas personas, estaba apoyada por unas excelentes ORDENANZAS DE MONTES, que, en Balmaseda, se configuraban en el título III (12 capítulos), de las Ordenanzas generales de la villa (11).

4. El Ámbito Contractual

Existían tres tipos de compromisos contractuales, que se realizaban en orden correlativo y sucesivo:

  • APRECIO DE MONTES, que se efectuaba ante notario y en el que se hacía constar el estado del montazgo, las posibles sacas y el número de cargas, según los años y los montes.
  • VENTA DE MONTES, documento público ante notario, en forma de carta de pago, que el Ayuntamiento daba a los compradores-rematadores. Por medio de él, se autorizaba a reducir la leña a carbón.
  • SACA DE CARBON, que era una carta de obligación de los carboneros hacia el rematante, con obligación personal sobre sus bienes muebles de raíces. Señalaba además, plazos de entrega del carbón, fecha de la tabla y precios de cargas (12).

5. El Remate de los Montes

Cada año se efectuaba el acopio de los montes, se hacía la saca y el remate, con lo que el Ayuntamiento ingresaba sus rentas montaneras. Se cumplía así un ciclo anual de planificación administrativa. Eran supervisados por el Juez de Montes que daba cuenta al escribano. Se hacían públicos los decretos de saca, colocándose edictos en diversos lugares (11). A partir de ese momento, los potenciales compradores podían hacer ya sus propuestas al Ayuntamiento, el cual les entregaba papel de abono con las condiciones del remate.

El remate, como fórmula de subasta, provocó algunas veces, impugnaciones por parte de vecinos de la villa, que pedían el Derecho de Tanteo, frente a los compradores foráneos. Nunca consiguieron este derecho y el Ayuntamiento siguió sacando siempre los montes, al mejor postor. Tampoco lograron obtener el Derecho de Retracto (14).

Los remates tenían lugar en tres domingos sucesivos de Diciembre o Enero, por el sistema de la candela encendida (15). Resuelto el remate se procedía a pagar el valor de los montes, o bien a dejar una reserva del 10% hasta que en Marzo se realizara la saca. Ésta era efectuada por obreros pagados por el Ayuntamiento, bajo la supervisión del perito montanero y levantándose acta notarial.

6. El Montazgo de Balmaseda y su evolución

Debido a la inexistencia de mapas o cartas geográficas adecuadas de las distintas centurias, no ha sido posible señalar la situación de numerosos montes, que por otra parte, habrán sufrido, sin duda, cambios en los últimos cien años. Salvando todas las distancias, se ha utilizado el Catastro de la Riqueza Rústica del año 1980, para la ubicación de los montes existentes en la actualidad.

El montazgo balmasedano dio entre los años 1528 y 1871 un total de 470.959 cargas de leña para carbón, con un peso aproximado por carga de 240,24 Kg., lo cual supone unos 113.143.190 Kg.

Las citadas cargas totales dan, por tanto, un volumen de 113.143,19 toneladas, que se desglosan en

  • 14.097,50 toneladas en el siglo XVI
  • 29.106,04 toneladas en el siglo XVII
  • 48.228,95 toneladas en el siglo XVIII
  • 21.710,73 toneladas  en el siglo XIX

Como el precio medio de la carga ascendía a 1 real y 27 maravedís, este tonelaje le supuso al Ayuntamiento de Balmaseda unos ingresos mínimos de 845.165 reales y 2 maravedís, a lo largo de todo el período estudiado.

No todos los años se efectuaba saca de montes, por lo que de los 324 años analizados de las Cuentas de Propios, 96 de ellos no tienen datos de ventas del montazgo. La ausencia documental es más acusada en el siglo XVI, que por este hecho y por no comenzar los libros hasta 1528, se ve reducido a tan solo 46 años de datos. Esta escasez predominante en la primera mitad del siglo, ha obligado a tomar como base comparativa 100, la segunda mitad de la centuria y no todo el siglo completo.

6.1 Las producciones

Las tablas I y II permiten ver la evolución de los datos totales seculares medios, con la cuantificación del número de cargas, el valor del cargo y el precio medio de cada carga.

  • Tabla I. Producciones y valor de la leña para carbón (Próxima inclusión)
  • Tabla II. Carbón (Próxima inclusión)

Las producciones en el siglo XVI, a pesar de la escasez de datos ya citada, muestran una cierta uniformidad, con una carga media de 1.877,17  por año. La segunda mitad del siglo es algo más floja, sin que los rendimientos alcancen las cotas mínimas del período anterior.

En el siglo XVII, sobre la base 100 del período 1556-1600, la primera mitad de esta centuria marca una discriminación del 18,87% (91,13/100) y un ascenso de 180,37% para la segunda mitad. Si de estas cantidades en concepto de cargas, pasamos a valores y rendimientos, éstos se sitúan en 153,87% y 375,21% respectivamente sobre el siglo anterior. El incremento del precio en un 135,18% ha cuantificado un valor global, 2,5 veces superior para un aumento en cargas de sólo 1,8. La proporción es buena y subraya la no incidencia negativa de los vacíos de saca.

El siglo XVIII muestra un mantenimiento de los niveles de producción y precios en su primera mitad, llegándose a los máximos absolutos generales entre 1751 y 1800. El rendimiento es magnífico con cifras de 3.029 de carga media y, sobre todo, un precio duplicado (2,25), lo que supuso los mejores ingresos por montazgo, de toda la historia de la villa.

Después de estos óptimos resultados, era previsible un siglo XIX bastante flojo. De hecho la producción desciende al 50% en la primera mitad. Si bien es cierto que los conflictos bélicos fueron un factor determinante, sin duda los excesos del siglo anterior pesaban también sobre el muy utilizado montazgo de Balmaseda. Las sacas se mantienen estables, aunque su ritmo vaya declinando paulatinamente, y sólo el aumento de los precios es capaz de sostener las altas cifras de ingresos municipales por este concepto.

6.2 Los precios

En un somero análisis de los precios, puede percibirse la siguiente evolución secular:

  • SIGLO XVI. En esta centuria, los precios fueron sostenidos sin grandes altibajos, correspondiendo el mayor encarecimiento a las cantidades por debajo de 100 cargas anuales.

Precio mínimo en 1592 con 12 maravedíes y precio máximo en 1560 con 30,09 mrs. La apreciación entre ambos ha sido del 250,75%

  • SIGLO XVII. Durante este período se dieron mínimas anormales con escasas diferencias de cargas. Fue, sin embargo, un siglo bastante igualado, exceptuando las fuertes alzas entre 1665 y 1680, con precios que caen con un nivel decreciente sostenido hasta 1710.

Entre 1601 y 1650 precio máximo de 42,56 mrs. Y mínimo de 10 mrs. La apreciación es de 4,25, con precios sostenidos en niveles bajos. Entre 1651 y 1700 el máximo es en 1679 con 95,57 mrs. Y el mínimo en 1686 con 12 mrs.

  • SIGLO XVIII. Hay una tendencia alcista sostenida, con hundimiento entre 1735 y 1750, llegando a alcanzarse las cotas máximas finiseculares en 1796. En la primera mitad precio máximo el año 1708, con 73,36mrs. Y mínimo en 1706 con 19,76 mrs. La apreciación es 3,7, manteniéndose un signo alcista hasta 1735.

En la segunda mitas se alcanza el máximo en 1796 con 162,85 mrs. Y el mínimo en 1764 con 52 mrs. El aumento es sostenido hasta alcanzar el culmen multisecular. A finales de la centuria en época bélica, la carestía no supuso escasez de abasto, que siguió siendo abundante y constante.

  • SIGLO XIX. Continúa el desplome de los precios, que ya es ostensible desde 1775; hasta 1830 no comienza un alza progresiva y creciente que alcanza se punto más álgido cuando se terminan las series del montazgo. La guerra de la Independencia mantuvo sus secuelas durante varios años, y de hecho la recuperación no comenzó hasta la década de los 1830. Las consecuencias de otros conflictos bélicos y la inestabilidad decimonónica dispararon los precios, ayudados por una producción que era ya muy baja. Los huecos se van espaciando y se alcanzan cotas de saca similares a las centurias anteriores, solamente tras varios años de vacío. Las cargas se aprecian cada vez más exiguas y los precios se disparan.
  • Gráfico I.  Ventas de cargas de carbón: años de saca 1528-1863
  • Gráfico II. Precios medios del carbón: 1528-1868

(ambos gráficos de próxima inclusión)

7. Análisis de los Montes de la villa

Las fuentes documentales han proporcionado un total de 89 montes diferentes, que aparecen a lo largo de los cuatro siglos estudiados. Se ha realizado un análisis pormenorizado de cada uno de ellos, que han permitido obtener dos enfoques, uno cuantitativo de todas sus descargas y otro cualitativo que selecciona los mejores montes de la villa en orden a sus rendimientos (16).

7.1 Montes y siglos de saca

Las 378.554 cargas que se han podido ubicar se obtuvieron en un total de 773 sacas a lo largo de los cuatro siglos. Su desglose es este:

  • Tabla: Montes y siglos de saca (Próxima inclusión)

Se observa en esta tabla que, al menos, la tercera parte del total (31 montes) tenía un amplio rendimiento, habiéndose mantenido en producción constante durante los cuatro siglos estudiados, y que aportaron el 82,48% de las cargas de leña obtenidas. Los 58 restantes fueron montes de mucho menor rendimiento, que sólo estuvieron en activo durante 1 ó 2 siglos (17).

7.2 Montes de saca continua

El total de 31 montes sometidos a sacas continuas durante los cuatro siglos, denota unos buenos rendimientos, habiéndose obtenidos los óptimos en el siglo XVIII, tanto en cargas como en producción general. La centuria más exigua fue el siglo XVI. Por el contrario el XIX se mantuvo con dignidad, a pesar del declive muy acentuado de las ferrerías

  • Tabla III. Montes con cuatro siglos de sacas (Próxima inclusión)

7.3 Los mejores montes de Balmaseda

Fueron 12 los montes que más destacaron en todos los conceptos, por lo que se pueden considerar como los mejores que poseía y explotaba la villa de Balmaseda. Todos ellos mantenían sus máximas producciones en el siglo XVIII y seguían presentando cargas espléndidas en el XIX.

  • Gráfico III. Cargas de carbón: montes con cuatro siglos de saca (Próxima inclusión)

Ninguno de estos montes se pueden considerar como agotado en el siglo XIX, a pesar de haber tenido buenos rendimientos en centurias anteriores.

La ínfima producción que el monte Kolitsa presenta en el siglo XVI puede quizás atribuirse a una sobre explotación durante los siglos XIV y XV. De tal manera que ese paréntesis pudo permitirle llegar a las magníficas cotas de 6.000 -12.000 cargas posteriores. Algo similar debió suceder con La Pedrera, monte que da el más alto rendimiento medio, partiendo de tan sólo 52 cargas en el XVI y que llega hasta casi 16.000 dos siglos más tarde.

8. Conclusiones

Ciertamente Balmaseda fue un municipio con un riquísimo acervo forestal, que bien podría clasificarse como uno de los mejores patrimonios de la villa. Patrimonio que, por causa de la libertad de tanteo, anteponía un mayor engrosamiento de las arcas municipales al hecho de que el montazgo fuera utilizado exclusivamente en las ferrerías de la villa. Solamente con una planificación estricta unida a un activo aparato ejecutivo y penal, se pudo garantizar, no solo la supervivencia del montazgo, sino también los altos rendimientos que produjo. En su mayor proporción, la leña de la villa fue utilizada para su conversión en carbón vegetal.

La producción fue alta y constante, siendo el único gran vacío apreciable el de 1600-1650. Muestran estos años una crisis del sector carbonero, que se constata en toda Vizcaya para el primer tercio del siglo XVII, pero que en Balmaseda apreciamos que fue de más larga duración. Este vacío de montazgo se ve a la larga como beneficioso, debido a que su utilización en siglos anteriores al XVI acabaría por imponer un período de renovación y fortalecimiento del siglo XVIII. Y surge la incógnita de si hubo deforestación.

No parece factible que fuera el agotamiento o el esquilmado abusivo del monte, lo que determinara el cese de la producción leñera, si bien se aprecia un cierto cansancio del montazgo en el siglo XIX. Sin embargo, hay dos hechos externos, más incidenciales a mi entender, en el abandono del uso del montazgo. Por un lado, hacia 1850 comienza a ser habitual la utilización del carbón fósil frente al vegetal, al tiempo que se extiende la técnica moderna del sistema de Hornos Altos frente a la tradicional de ferrería. En 1860 tan solo quedan en Balmaseda dos ferrerías y aún cuando los montes mantienen todavía niveles aceptables de producción, la demanda de ésta, obviamente no era ya muy grande.

NOTAS

(1).- Obra pionera en este aspecto, como en tantos otros, fue la de ANES, G.: Las crisis agrarias de la España moderna. Madrid 1974. Ver también la obra de FERNANDEZ ALBALADEJO, P.: La Crisis del Antiguo Régimen en Guipúzcoa. Madrid 1975, referida al ámbito vasco.
(2).- Las fuentes documentales utilizadas han sido principalmente municipales como se indica en la ficha inicial.
(3).- Ver al respecto GOMEZ PRIETO, J.: La villa de Balmaseda en el Antiguo Régimen: siglo XVI al XIX. Tesis Doctoral U. de Deusto 1985. En los capítulos XI y XII de la misma, se analizan los montes, el carbón y la actividad ferrera en dicha villa.
(4).- Repartimiento del año 1487, incluido en RODRIGUEZ HERRERO, A.: Valmaseda en el siglo XV y la aljama de los judíos. Bilbao 1947. Se citan para ese año catorce instalaciones en funcionamiento. Se mantuvo el número, con algunas fluctuaciones, según las Fogueraciones de 1745 y 1796; en 1814 quedaban solamente cuatro (“Apeo del año 1814” Arch. Mun. ) y en 1861 eran únicamente tres (Leg. 186-23, Arch. Mun.)
(5).- Aunque de diferente forma, una aproximación al tema se halla en GARCIA SANZ, A.: El aprovisionamiento de carbón de las ferrerías navarras de Elcorri: cálculo de sus consumo y precios, 1802-1867. En “Cuadernos de Etnología de Navarra”. Sobre el monte en general, ver la obra de MUTILOA POZA, J. M.: El Monte y el Viñedo en Vizcaya a mediados del siglo XIX. En “Estudios Vizcaínos”, 9-10. Ambos artículos se refieren exclusivamente al siglo XIX.
(6).- Con la amplitud necesaria se expone en GÓMEZ PRIETO, J.: op. cit.
(7).- En síntesis se ha determinado de la siguiente forma: X es el total de cargas; Y es el cargo; la relación de ambos nos da Z que es el precio medio posible. Como en cada asiento son varios los cargos y cargas, existen varios precios de ventas, por lo que deben ponderarse para determinar el precio medio verdadero.
(8).- Ver BOWLES, J. de: Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España. Madrid 1782. También en VILLARREAL DE BERRIZ, P. B.: Máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y gobierno de los árboles y montes de Vizcaya. Madrid 1736. En varios documentos se cita la existencia de encinas en el término de Balmaseda en el siglo XVIII.
(9).- Para todos estos menesteres se determinaban, cada cierto número de años, los montes a utilizar. Así se hizo en las fechas de 1573, 1715, 1792, 1849 y 1860.
(10).- Existía la figura del Visitador General de Montes, cargo que era hereditario, pero de mínima importancia y ejecutividad. En 1723 lo ejerció el Marqués de Villarreal.
(11).- ORDENANZAS DE LA M. N. Y M. L. VILLA DE BALMASEDA, Año 1792. Arch. Dip. Viz.
(12).- Tras una amplia búsqueda en los fondos del Archivo de Protocolos de Balmaseda, se puede determinar que con estos 3 contratos se cubría todo el ciclo existente entre el remate del monte y la recogida del carbón elaborado. Documentos de este tipo pueden verse en Notario D. MARTIN VELASCO, Leg. 2345, y en Notario D. MANUEL DE TERREROS, Leg. 2221 del Archivo Histórico de Protocolos de Vizcaya.
(13).- Además de en Balmaseda, se situaban edictos en Bilbao, Baracaldo, Zalla, Valle de Mena, y otros lugares con ferrerías que pudieran estar interesadas en la compra.
(14).- Hay un interesante pleito al respecto en la REAL CHANCILLERIA DE VALLADOLID, Sala Vizcaya, Pleitos Civiles, Leg. 611-4 del año 1781. En Guipúzcoa FERNANDEZ ALBALADEJO, P. op. cit., p. 183, subraya el derecho de tanteo en Tolosa.
(15).- Hay un interesante Libro de Remates  del Archivo Municipal balmasedano que incluye los rematantes de montes entre 1740 y 1833. Dentro de la villa, los más importantes fueron los Antuñano y los Heros, todos ellos dueños de ferrerías. Ver el análisis completo en GÓMEZ PRIETO, J., op. cit., cap. XI.
(16).- Por haber aparecido 92.405 cargas sin el nombre del monte de procedencia, ambos enfoques se han hecho sobre 378.554 cargas de un total de 470.959.
(17).- El desconocimiento de la extensión de cada monte, así como sus cambios en los siglos estudiados, impide hallar rendimientos por unidad de superficie, lo que podría, sin duda, hacer cambiar el planteamiento de esta lista.

Copyright 1987. Julia Gómez Prieto. Todos los derechos reservados

05.5.- El Gobierno Municipal

ayuntam

FICHA.- Comunicación presentada al II Congreso Mundial Vasco, en Diciembre de 1987. Está publicada en las Actas de este Congreso, en el  Tomo III, dedicado a Economía, Sociedad y Cultura durante el Antiguo Régimen.  pp. 87 – 84

1. Introducción

La villa vizcaína de Balmaseda tuvo una activa y rica vida municipal que fue reflejo, en buena parte, de su importancia económica. Además, con un ayuntamiento que detentaba un poder tan amplio, escalar puestos en el Regimiento significaba llegar al culmen de la escala social y del poder. De hecho, y a pesar de la temporalidad de los cargos públicos, el municipio y por tanto sus miembros, ejercían un poder que regía con notable soberanía, todos los aspectos de la vida – tanto material como espiritual – de los habitantes de la república (1).

Como villa-mercado, por su situación geográfica en los límites del occidente vizcaíno y junto al Valle de Mena burgalés, Balmaseda fue un punto importante del Camino Real de Bilbao a Burgos. Contaba con aduanas, era almacén de lanas y celebraba dos mercados semanales. Era, por tanto, lugar de entrada de abastos y, al mismo tiempo, de salida del hierro elaborado en sus martinetes y ferrerías.

Balmaseda mostraba en su conformación estamental reminiscencias claras de los antiguos bandos de la villa. Ya en el siglo XVI los guerreros banderizos se convierten en sedentarios y se hacen comerciantes, hacendados o ferreros; la actividad y la situación de sus propiedades fueron determinante a la hora de cualificar su medio de vida.

Estos señores con fortuna y sin trabajo manual, se convierten paulatinamente en dueños y observadores. Son comerciantes e industriales que llevan tareas de organización, de relaciones, de mercado, etc. La actividad censitaria, la renta de propiedades y el acercamiento de las familias por medio de matrimonios, incrementa el dinero, los patrimonios y en definitiva, el poder (2).

2. Cargos y Familias

Dos hechos esenciales limitaban el ascenso a los cargos y poderes públicos. Había que ser propietario y además, no ejercer oficio mecánico. Con estas premisas, las grandes familias balmasedanas se repartieron el poder a su gusto, dentro de un marco estrictamente legal. Y al mismo tiempo se seleccionaba a los habitantes de la villa, por medio de rigurosas medidas de avecindamiento.

Los cargos públicos no podían desempeñarse durante 2 años consecutivos, debiendo dejarse el hueco de un año, antes de poder ser de nuevo elegible (4). Hubo vecinos que únicamente por ser norma legal, respetaban este margen, constriñendo sus deseos personales. Quizás el más significativo fue D. Francisco Ignacio de la Quintana que ocupó, en los 22 años que van del 1723 a 1745, un total de 11 cargos siendo Alcalde 6 veces, 2 años Procurador y otros tres Tesorero. Tanto él como su hijo Antonio Pablo, que siguió la misma política paterna en cuanto a cargos, eran propietarios rentistas y tenían administrador de bienes (Ver Tabla I) (5).

TABLA I. Propietarios y Cargos: 1714 – 1791 ( próxima publicación)

Quien tenía dinero, tenía el poder. Esto es obvio tras el análisis realizado, en el cual aparecen dos grupos diferenciados:

Los Rentistas, que por su propiedades y trabajo no manual, escalan la cúpula del poder. Alguno pudo comenzar siendo Regidor, pero indudablemente su destino apuntaba más alto. Todas las grandes familias balmasedanas se acaban acomodando en estos puestos claves del gobierno de la villa. Podemos recordar a los Ortes de Velasco, Puente, Urrutia, Vedia, Cortazar, Taramona, Quintana, Antuñano, Heros, etc. Entre ellos se instaló una clase de funcionarios y profesionales liberales que en muchos casos eran absentistas, y trajeron a sus administradores que, de forma indirecta, llegaron a alcanzar un cierto poder, aunque sin llegar nunca a igualar el de sus administrados.

Los Regidores, que eran las eternas autoridades de segunda clase, detentando solamente una parcela del poder. Eran, por así decirlo, los capataces, los inspectores del Regimiento, encargados de la vigilancia, con voz y voto poco decisorios. En esta categoría estuvieron los Garagorri, Corte, Clavería, Tramaría, Colina, Cañedo, Campo, Retes, Ribas, Tellechea, Cariaga, Asúnsolo, Orrantia, Negrete, Zorrilla, Talledo, Anchoca, etc. Todos ellos fueron vigorosos motores de la vida económica de la villa, dedicados al comercio y a sus oficios artesanales.

3. Concejo y Regimiento

Con esta conformación municipal, trasvase de la estructura social, la práctica del poder por medio de Concejo Abierto era francamente difícil. Sin embargo, parece que ese Régimen municipal era habitual en Balmaseda en épocas pretéritas (6), aunque en virtud del aumento demográfico y del poder oligárquico, con el paso del tiempo, se estableció una combinación de Concejo Cerrado o Restringido y de  Concejo Abierto.

En realidad, el Concejo Cerrado se circunscribía a la reunión del Regimiento todos los jueves. Este estaba formado exclusivamente por los cargos públicos elegidos cada año. Tras sus deliberaciones y si los asuntos lo requerían, los domingos antes de misa se convocaba al vecindario, a campana tañida, para informales de lo tratado y dispuesto. Este Concejo Abierto era meramente informativo, puesto que las decisiones ya habían sido tomadas por el Regimiento. Quizás por ello, la asistencia de vecinos solía ser escasa, por lo que se llegó a establecer multas para los ausentes. (7)

Si se relaciona el sistema de Concejo Cerrado o Regimiento, con las exigencias mínimas para acceder a elector y elegible, se confirma el hecho de que una minoría de vecinos pudientes se alternaban en el poder. Sin ser cargos hereditarios, como en Castilla, algunos hijos y hasta nietos de estas familias, podían acabar desempeñando el cargo de sus padres o antepasados.

El método de consulta popular apenas cambió sustancialmente durante los siglos XVI y XVII. En el 1695 un vecino importante propuso restringir también la asistencia al Concejo Abierto, pero el intento no fue secundado. Sin embargo, años más tarde, en 1766, se asiste a la instauración de los llamados Diputados del Común por Real Orden de Carlos III (8). En la práctica, este hecho no tuvo especial relevancia en Balmaseda, excepto que ayudó a reforzar más a la oligarquía establecida, puesto que a partir de entonces serían solo 24 los notables que eligieran el nuevo diputado.

El pueblo, por su parte, podía ejercitar la llamada Residencia, mediante la cual se pedían responsabilidades a los cargos salientes, intentando así atajar posibles rasgos de prepotencia. El vecindario hubo de acudir, alguna vez, al Corregidor, cuando la Residencia no obtuvo la eficacia esperada (9).

4. Elecciones

Las elecciones de los nuevos cargos siempre tenían lugar anualmente(10), por medio de un acto sencillo y protocolario que comenzaba con una misa del Espíritu Santo, el día 1º de Enero a las 8 de la mañana. Desde allí se pasaba directamente a la Casa Consistorial, a fin de realizar la votación. Los boletos conteniendo los nombres de los elegibles, se introducían en un cántaro y a continuación se procedía a sacar tres de ellos en orden consecutivo de Alcalde, Procurador y Tesorero. Después se conformaban los restantes cargos.

Realizada la elección, se procedía a comunicar a todos los vecinos el nuevo Regimiento y se tomaba juramento a los nuevos cargos sobre un misal y una cruz de plata (11). Desde mediados del siglo XVII se instauró la costumbre de designar cada año unos Alcaldes “Ad Honorem”, como forma de recordar y exaltar a los balmasedanos ausente de la villa, aunque con cargos y poder en otros lugares.

Antes del juramento la elección podía ser impugnada y de hecho así se hizo algunas veces. También se procedía a tomar la Residencia a los cargos salientes, según las quejas habidas o el mal uso que hubieran hecho de sus puestos.

5. Cargos

Como ya se ha indicado, todos los cargos que se ejercían en el Ayuntamiento estaban sujetos a elección y tenían por ello una vigencia temporal. Su número fue creciendo con la propia villa, aunque los esenciales no variaron.

El ALCALDE era la cabeza del Ayuntamiento y detentaba el poder ejecutivo supremo. Sancionaba los decretos y decisiones municipales ejerciendo al mismo tiempo como Juez de Primer Instancia.

El PROCURADOR GENERAL o Alcalde Segundo Síndico sustituía al primero por ausencia o enfermedad, y su función más destacada era la de representar a la villa, en cuantos pleitos y causas sostuviera.

El TESORERO llevaba la función administrativa contable, dándose el caso de que a veces fue un cargo por contratación y no por elección.

Los REGIDORES eran por lo menos cuatro al año, y tenían en sus manos el poder de vigilancia y fiscalización. Paseaban e inspeccionaban las calles de la villa muy a menudo, y solían ir acompañados de los alguaciles (12).

6. Los Poderes Municipales

El Ayuntamiento, como entidad, y el Regimiento, como autoridad, ejercían todos los poderes posibles, concretados en los ámbitos de legislar, ejecutar y penalizar. Veamos de qué forma concreta lo hacían.

6.1. Poder Legislativo

Se ejercía por medio de tres tipos de Leyes.

DECRETOS GENERALES, que dimanaban de las reuniones consistoriales, y tenían carácter de leyes a cumplir por el vecindario.

DECRETOS DE BUEN GOBIERNO, que cuantificaban anualmente, coincidiendo con las elecciones, los puntos más importantes, concretos y necesarios, para la buena marcha de la villa durante todo ese año. Era el primer acto legislativo de cada nuevo Regimiento, siendo normas de obligado cumplimiento y una especie de estatutos de buena vecindad.

ORDENANZAS MUNICIPALES, que conformaban ampliamente todo el sistema concejil de la villa y en buena parte derivaban de la Carta Puebla de fundación. En Balmaseda se hicieron Ordenanzas en 1513 (con 47 capítulos), en 1677 (con 99 capítulos) y la última y definitiva en 1792 con 121 capítulos (13). Estas cubrían tantos aspectos diferentes que, desde su promulgación, no volvieron a existir los Decretos de Buen Gobierno, que hasta entonces habían servido en realidad para subsanar las deficiencias de las anteriores Ordenanzas.

6.2. Poder Ejecutivo

Este poder se ejercía en Balmaseda de dos formas, en cierto modo complementarias.

De forma preventiva se estipulaba el AVECINDAMIENTO. Por este medio se tamizaba la admisión de nuevos vecinos en la villa, para convertirse en miembros de pleno derecho de la comunidad, como electores y como posibles elegibles a cargos públicos.

Para alcanzar la vecindad, debía probarse sobradamente la limpieza de sangre y el origen vizcaíno del peticionario, lo cual era sinónimo de nobleza, en virtud de la denominada Hidalguía Universal de los vizcaínos (14).Con todo ello, no es de extrañar la ausencia de extranjeros entre los vecinos de la villa (15).

La mano activa del ejecutivo estaba representada por los Regidores, Alguaciles, Veedores, etc. habiéndose mostrado el Ayuntamiento muy prolífico y muy prolijo en su labor punitiva. Las penas eran muy variadas; desde las multas, para  las que había centenares de causas, hasta el destierro, que se aplicaba en muy escasas ocasiones, y desde la cárcel hasta los castigos físicos, que podían ser azotes o cepo (16).

6.3. Poder Judicial.

Este poder era potestad del propio Alcalde que lo ejercía por medio de la Primera Instancia. De este modo asistía en justicia a todos los vecinos tres días por semana, en Audiencia Pública. Este poder le venía reconocido en el Fuero de las Encartaciones, y contra sus decisiones podía apelarse ente el Corregidor de Vizcaya y en última instancia, ante el Juez Mayor de la Real Chancillería de Valladolid, Sala de Vizcaya (17).

7. La Economía Municipal

Cabe destacar aquí el excelente fondo documental de los Libros de Cuentas de Propios del Ayuntamiento que, con un espléndido estado de conservación y muy escasas lagunas, han permitido analizar en profundidad la economía municipal a partir de 1536 hasta bien avanzado el siglo XIX.

Por no alargar esta comunicación se van a citar someramente los dos aspectos más destacables de esta economía.

7.1. Las Cuentas

La villa de Balmaseda mantuvo una economía municipal activa, amplia y muy inversora, en la que se marcan claramente estas cuatro etapas:

  • 1536 a 1650, fase deficitaria, que fue sostenida hasta el año 1600, y continuó con un despegue desacelerado después.
  • 1650 a 1740, se da una aceleración moderada y sostenida con crisis inflacionista en 1680.
  • 1740 a 1820, se produce un gran aumento del gasto público, debido sobre todo a la inversión en grandes construcciones, con hiato de superávit acumulado entre 1760 y 1790.
  • 1820 en adelante, se sitúan las crisis bélicas, primero de posguerra y luego de nuevos conflictos como el de 1835. La expansión posterior es muy acelerada. (Ver gráfico I) (18)

GRAFICO I Cuentas Municipales: Medias Decenales 1528 – 1860 (En Rs.)
(próxima publicación)

La villa contaba con excelentes ingresos procedentes de abastos, chacolí, así como multas, repartos, contribuciones, etc. A pesar de ello, con alguna frecuencia, se recurría a los préstamos, y más a menudo a los Censos. Gracias a ellos se pudo mantener el poder adquisitivo y la capacidad inversora. Los vecinos pudientes, como los Vedia, los Ariz o los Taramona, por citar algunos, fueron a veces los banqueros de su propio municipio; y es que los gastos eran muy fuertes. El pasivo lo formaban las Contribuciones al Estado y al Señorío; las ayudas al Cabildo, cuyo Patronato ejercía el Ayuntamiento, y entre otras cuentas, el pago de los numerosos empleados propios y contratados.

7.2. Las Inversiones

Los gastos en obras públicas formaban el apartado más importante y más constante del quehacer y la inversión municipal, como queda reflejado en los libros consistoriales. Debido a la ingente diversidad de obras ejecutadas, se ha hecho necesario agruparlas con un cierto orden, atendiendo a la función preeminente a la que iban destinadas. De esta forma, se han formado seis grupos referidos a los siguientes aspectos (19).

  • ABASTO, que agrupa las obras necesarias para el buen mantenimiento del mercado y los abastecimientos. Incluye matadero, nevera, horno, etc.
  • VILLA, que se refiere a la infraestructura urbana peatonal y de edificios oficiales.
  • CAMINOS, esenciales en una villa mercado, y que alcanza además a calzadas, veredas, etc.
  • PUENTES, que incluye además el arreglo de cauces de ríos y arroyos, y las presas.
  • AYUNTAMIENTO, con la Casa Consistorial, cárcel, escuelas, cuarteles, etc.
  • IGLESIA, además de las dos de la villa, San Severino y San Juan, incluye las ermitas, el cementerio, el hospital, etc.

En el gráfico II puede apreciarse la diversificación y cuantía de las inversiones, que en el siglo XVIII destaca especialmente por dos grandes partidas: la construcción de la Torre de la iglesia de San Severino y del nuevo, y actual, Ayuntamiento, obras ambas para las cuales se solicitó ayuda particular.

8. Actividades Municipales

Además de las constantes inversiones, algunas de las cuales se han citado ya, el Ayuntamiento de Balmaseda realizaba otras actividades, todas ellas fundamentales para la buena marcha de la villa. Entre ellas cabría destacar sobre las demás, la gran labor de ámbito productivo y comercial referente al abastecimiento de la población.

El Cabildo municipal era el árbitro mercantil, reglamentando estrictamente el mercado, hasta en los menores detalles. Ejercía una vigilancia férrea, en la cual no hemos encontrado más fisuras que las del contrabando. Puede afirmarse que todo el pueblo, tanto vecinos como residentes, estaban interesados en que el funcionamiento fuese óptimo, como la mejor garantía de la propia prosperidad mercantil. Se establecieron así reglamentos para todos los productos, para sus remates, distribución, precios y cargas; nada se dejaba al azar y mucho menos lo referente a la limpieza y el orden público (20).

Los Regidores ejercían por mandato superior, el control ejecutivo sobre el mercado. Vigilaban implacablemente pesas, medidas, estado de los géneros, etc. castigando las infracciones con multas de fuertes sumas y estricto cumplimiento. Solamente así pudo Balmaseda mantener su importante y esencial mercado en permanente actividad.

Otras tareas a cargo del municipio eran las de Cultura, Sanidad y Asistencia Social, a cuyos fines se designaba el personal adecuado y se asignaban los haberes precisos.

GRÁFICO II. Obras Públicas: Inversiones: Siglos XVI – XIX (próxima publicación)

9. Conclusiones

El Ayuntamiento balmasedano representaba un ejemplo claro del modo de funcionamiento municipal característico y propio del País Vasco, con autonomía frente al Estado. El Regimiento y/o su Alcalde poseían y ejercitaban los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, tanto dictando decretos como haciéndolos acatar y pensando en su incumplimiento.

Por otro lado, se ha demostrado el escalón insalvable que existía entre los altos cargos y los regidores, con lo cual puede determinarse la presencia de una oligarquía de propietarios y/o renteros que copaban todos los puestos. No eran cargos comprados, ni tampoco heredados de manera oficial, aunque en la práctica cada hijo, en un 90% de los casos, accedía con el tiempo, al escalón de poder que había detentado su progenitor. Y esto se conseguía a través de unas elecciones en las que cada familia y vecino sabía de antemano su lugar y posibilidades.

Las consultas populares, mediante Concejo Público, no parecían tener el verdadero interés que un sistema democrático pleno ofrecería. De ahí la desgana vecinal que parece advertirse en dichas consultas.

El Ayuntamiento nunca dejó de invertir, a pesar del déficit crónico. Su gran dedicación fueron sin duda las obras públicas, con las cuales nunca se mostraron parcos en el gasto. Tan numerosos y tan amplios aspectos abarcaban estas obras, que puede afirmarse que no quedó la más mínima necesidad sin ser atendida. Cada siglo, sin embargo, tuvo su especialización concreta, hasta culminar en el siglo XVIII con las construcciones más monumentales del intramuros urbano.

Por último, no hay que olvidar que los decretos municipales regulaban la vida vecinal, pero tras las leyes civiles, estaban los imperativos espirituales y religiosos del Cabildo. Las pautas de conducta emanaban de la Iglesia en sus principios de orden, moral y asistencia social, pero eran dictadas ejecutivamente por el Concejo o Regimiento.

NOTAS

(1).- Sobre el funcionamiento municipal del País Vasco, existen tres referencias bibliográficas importantes. La más extensa es la de MONREAL CIA, G.: Las Instituciones públicas del Señorío de Vizcaya. Bilbao 1974. Ver también MADARIAGA ORBEA, J. J.: Municipio y vida municipal vasca en los siglos XVI al XVIII. En “Rev. Hispania”, 143, de 1979; y también ORELLA, J. L.: Régimen municipal en Vizcaya en los siglos XIII y XIV. En “Rev. Lurralde”, 3, de 1980.
(2).- GARCÍA DE CORTAZAR, J. A.: Vizcaya en el siglo XV, en la p. 320 cita esta evolución de las oligarquías constatada por un estudio de Guiard sobre el Ayuntamiento de Bilbao.
(3).- Se han usado las Fogueraciones de los años 1745/46. 1796 y 1798, así como el Censo de Riqueza Territorial de 1795; todos ellos en el Archivo General del Señorío de Vizcaya. En estos fondos aparecen las propiedades de cada vecino  y se pueden contrastar con sus cargos municipales a través de los Libros de Decretos y Acuerdos del Ayuntamiento. En Balmaseda se han manejado estos libros en número de 30 entre los años 1530 y 1899.
(4).- Este hueco se contempla en las Ordenanzas municipales de la villa, siendo obligatorio para “dar tiempo a descansar, tras sufrir las penalidades y molestias del cargo”.
(5).- Un análisis completo de la relación entre cargos, familias y propiedades puede verse en GÓMEZ PRIETO, J.: La villa de Balmaseda en el Antiguo Régimen: siglos XVI – XIX. Deusto 1985,Capítulo 9, pp.139 y ss.. Ver Tabla I.
(6).- MADARIAGA, J. J.: Op. cit., cita el gran arraigo popular que tenía en Balmaseda el Concejo Abierto. Y sin embargo las fuentes documentales de la villa señalan, a lo largo del siglo XVI, los Concejos Cerrados a los que asistían 24 particulares; así fue por ejemplo en de 1573, que aparece en Libro de Decretos n.º 4 Registro 13 del Archivo Municipal. ORELLA, J. L.: Op. cit., también señala su existencia para la ciudad de Orduña, antes del siglo XVI.
(7).- Ver GÓMEZ PRIETO, J.: Op. cit., p. 570. Se llegó a imponer multas de 1.000 maravedíes por no asistir al Concejo Abierto.
(8).- GUILLAMÓN, J.: Las Reformas de la Administración Local durante el reinado de Carlos III. Madrid 1980. En Balmaseda se ha utilizado el libro de Elecciones de Diputados y Síndicos, Personeros del Común, desde 1766 a 1843. (Arch. Mun.)
(9).- En 1579 el Alcalde Pero López de la Puente, se enfrentó al vecindario diciendo: “Se ha de hacer lo que yo diga, y no lo que pida el pueblo”. El vecindario acudió inmediatamente al Corregidor para que mediara en el asunto, véase Libro de Cuentas, Reg. 14 Folio 29. (Arch. Mun.).
(10).- Así se expresa en la Carta Puebla. La forma de elección se mantenía desde tiempos antiguos de idéntica manera, siendo su primera característica la temporalidad. Ver Reales Privilegios, Libro I Reg. 41, (A.M.B.).
(11).- Libro de Decretos, n. º 4, Reg. 13, de 12 de Enero de 1576. Folio 59 v. (A.M.B.).
(12).- En el siglo XIX su duplica el número, llegandose poco a poco al actual sistema de Alcalde único y comisiones dirigidas por tenientes.
(13).- HEROS, M. de los: Historia de Valmaseda. Tomo I, pp. 213-15. Ordenanza municipales de la villa de Balmaseda año 1792. Estas presentaban títulos referentes a elecciones y oficios de la villa; montes; abastos: mercaderes; oficios mecánicos; reglas de convivencia y vino-chacolí. Ver BASAS, M.: Importancia de las villas en la estructura histórica del Señorío de Vizcaya. Bilbao 1977, p. 105. Son muy interesantes las obras de FALCÓN PEREZ, M. I.: Organización municipal de Zaragoza en el siglo XV. Zaragoza 1978; así como la de GUERRERO NAVARRETE, Y.: Organización y Gobierno de Burgos con Enrique IV de Castilla. Madrid 1986.
(14).- Libro de Vecinos  de la villa de Balmaseda año 1782. Para conocer todo el proceso de admisión consultar Cinco Informaciones de Nobleza, entre 1573 y 1725, ambos en el Archivo Municipal.
(15).- También en Extranjeros Registro 1 Leg. 1 año 1791 del Arch. Gral. Señorío de Vizcaya. Ese año solamente había 4 en la villa, todos franceses.
(16).- Los azotes se usaban únicamente contra gentes de mal vivir y contra las prostitutas; siempre se deban 100 flagelaciones. El cepo se aplicaba contra los delincuentes peligrosos y por faltas gravísimas contra la moral.
(17).- Libro de Oturas, Merino y Primera Instancia, Reg. 6 (Arch. Mun.). Lo cita también ESCARZAGA, E.: Avellaneda y la Junta General de las Encartaciones. Bilbao 1927 p. 104. También en MONREAL CIA, G.: Op. cit., p. 256 y nota 862.
(18).- BASAS, M.: El Crecimiento de Bilbao y su comarca. Bilbao 1968, p. 119, analiza las cuentas municipales entre 1814 y 1868. Ambos Ayuntamientos, Balmaseda y Bilbao, vieron afectadas gravemente sus finanzas con la Primera Guerra Carlista, para mantener luego un tono sostenido y ascendente hasta 1860. El análisis de la economía municipal puede verse en GÓMEZ PRIETO, J.: Op. cit., Cap VII.
(19).- Se han analizado los libros de Cuentas de Propios del Ayuntamiento entre 1528 y 1845. Ver en GÓMEZ PRIETO, J., op. cit., p. 634 y ss., el análisis de las inversiones en obras públicas.
(20).- Sobre este tema tan amplio de los abastos debe consultarse la obra esencial de BENNASAR, B.: Valladolid en el Siglo de oro. Valladolid 1983. Una parte de la metodología de este historiador ha sido muy válida para el análisis del mercado balmasedano. Este estudio se puede ver en GÓMEZ PRIETO, J., op. cit. Caps. VIII al X, dedicados al régimen de abastos, los productos y el vino, respectivamente. Es muy interesante la obra de JIMÉNEZ LÓPEZ, E.: Alicante en el siglo XVIII, Madrid 1981, con una gran parte dedicada a los abastos. GUERRERO NAVARRETE, Y., op. cit., analiza los abastos en Burgos. Y en cuanto a aspectos más parciales, debe consultarse FERNANDEZ ALBALADEJO, P.: La crisis del Antiguo Régimen en Guipúzcoa, 1766-1833, Madrid 1975; así como GARCÍA SANZ, A.: Desarrollo y crisis del Antiguo Régimen en Castilla la Vieja, Madrid 1977, que trata sobre todo el mercado del grano.

Copyright 1987. Julia Gómez Prieto. Todos los derechos reservados

05.6.- Los Pilares de la Economía

personajes

1.-  LOS CAMINOS

Se sabe que Bizkaia tenía, ya en el s. XV —y sin duda también en centurias anteriores— como actividad importante el comercio, que además determinaba el modo de vida de sus habitantes. En la Edad Moderna, a esta tradición se le va a sumar un hecho esencial como fue el colapso que sufrieron las rutas comerciales mediterráneas hacia el año 1600 y consecuentemente el comienzo y desarrollo de las rutas terrestres, y al mismo tiempo, el auge de los puertos cantábricos y entre ellos, el de Bilbao. Así fue como en el caso de Balmaseda —una villa-mercado viviendo al socaire de Bilbao— consiguió mantenerse con una suficiente autonomía propia, que duraría en tanto los lazos con la capital del Señorío y con la “caput Castellae”, que era Burgos, no se rompieran(1).

La red de caminos de la villa de Balmaseda se dividía en tres tipos:

  1. Caminos carretiles.- construidos a expensas del Señorío, unían poblaciones de importancia, siendo más anchos y propios para el tránsito de carruajes.
  2. Caminos vecinales o locales: construidos por el municipio, que cuidaba de su conservación y a cuyas necesidades servían.
  3. Caminos ferreros: en los que Balmaseda tenía varios puntos negros.

La villa era además encrucijada entre tres provincias:

  1. Camino hacia Álava. La vereda a Antuñano por La Penilla que continuaba hacia Arceniega y Amurrio, el valle de Ayala y seguía hasta Vitoria.
  2. Camino hacia SantanderPartía hacia el N. por la orilla izquierda del Kadagua, junto a la Magdalena y el Castillo de la Piedra. Vía directa entre el N. de Burgos con Sopuerta hasta Castro Urdiales.
  3. Camino hacia Burgos. Era el Camino Real por el curso del río Kadagua. Bajaba desde Villarcayo-Medina-Villasana-Nava-El Berrón hasta Balmaseda-Güeñes-Zalla-Sodupe-Iráuregui llegando a Bilbao, a lo largo de unas 26 leguas (2).

Por estar situada Balmaseda en una zona esquinera de Bizkaia, en la segunda mitad del s. XVIII, se construyó otra ruta más cercana a Vitoria y a la zona este de Castilla la Vieja que fue el Camino por la Peña de Orduña. La pérdida del Camino Real supuso para el comercio de Balmaseda su sentencia de muerte y una de las causas principales de su declive económico en el siglo XIX (3).

 

2.-  EL COMERCIO

El comercio interior de la villa estaba organizado alrededor de una red interna conformada por 6 puntos de distribución (4).

  • Mercado.- constituido por productos de consumo alimenticio, estaba totalmente regulado por el Ayuntamiento, siendo en realidad un mercado comarcal.
  • Tiendas: atendidas por los vendedores al detall de los abastos, que se remataban anualmente a ciertos particulares, por parte del Ayuntamiento.
  • Abastos en Fresco: lo constituían la Tabla de la Carne y la Red del Pescado, siendo el remate por el sistema de Obligado.
  • Mesones: únicamente para forasteros y transeúntes,  nunca se abrían en días de mercado. Se atendía a los arrieros y también a sus recuas, para las que contaban con paja y cebada.
  • Artesanos: tenían su propio negocio según gremios de actividad. Eran principalmente los zapateros, silleros, caldereros, merceros, pañeros, sastres. Constituían un amplio e importante sector de la villa y de su comercio, estando su actividad regulada en los Decretos de Buen Gobierno.
  • Tabernas: eran tiendas muy especiales, debido a la severa protección y control a que el vino estaba sometido en Balmaseda. Se concedían por arriendo del rematante.

Había por tanto una diferenciación de las mercaderías y de sus redes de distribución, siendo los tenderos y mesoneros, quienes hacían las ventas al por menor.

 

3. – EL MERCADO Y LOS ABASTOS

Balmaseda celebró desde tiempo in memorial, dos mercados, los miércoles y sábados de cada semana, en los que se abastecían, no sólo los propios vecinos, sino también los habitantes de Las Encartaciones y los de otras comarcas vecinas de cuatro o cinco leguas alrededor. Supo mantenerlos hasta mediados del siglo XIX y tenerlos bien avituallados e incluso mejor, que otros centros de producción del Señorío. La larga lista de abastos que aparecen en los Libros de  Decretos y Cuentas municipales, se dividían,  en tres categorías: productos de Comer, Beber y Arder.

Productos de Comer: carne, pescado, granos y varios.

  1. Carne de cabrito; carnero; cebón; cecina; cerdo; gallinas; pichones; vaca y  tocino, tanto fresco como en salazón.
  2. Pescado de bacalao seco de Islandia ó remojado de Irlanda y Galicia; sardinas frescas y en salazón; ballena; merluza y salmón
  3. Varios como aceitunas; frutos secos; hortalizas; huevos; legumbres; frutas frescas; queso y patatas
  4. Granos de cebada; maíz (borona ) y trigo
  5. Otros productos básicos como la sal; el pan; jabón; paja y  nieve.

Productos de Beberaguardiente; mistela; sidra y vinos de diversas zonas.
Productos de Arder: aceite; carbón; cera de abejas; grasa de ballena; velas de sebo y leña

En los abastos del mercado de Balmaseda confluían tres aspectos. Por un lado la villa tenía sus propias producciones, que eran mínimas en artículos del sector primario; por otro lado se necesitaban abastos para el mantenimiento de la población y estos eran aportados por las recuas de arrieros y mulateros, efectuándose su distribución y venta interna; finalmente, la villa elaboraba productos, demandados por los clientes y visitantes al mercado, que los artesanos e industriales balmasedanos ponían a su alcance (5).

 

4. – EL TXAKOLI

Según la tradición el txakoli había llegado a Balmaseda hacia finales del siglo XV, traído por unos monjes benedictinos franceses, del Camino de Santiago, que portaban consigo cepas de la zona de Burdeos, de la variedad Gascón y Seña. En 1306 un privilegio real otorgaba a Balmaseda el monopolio de venta del txakoli desde Villasana de Mena hasta Sámano (6).
Era un patrimonio de la villa y estaba muy protegido, tanto por el municipio como por el Cabildo eclesiástico que era quien intervenía en su vendimia, dezmado y fijaba el precio anual. Llegada la época  de vendimia, estando el fruto ya en sazón, los  Guardias de la Uva vigilaban día y noche las heredades, así como la uva ya recolectada que era pesada y reconocida (7).
Cada mes se hacia Calicata para conocer el estado y cantidad de caldo que quedaba, pues una cosecha de tipo medio debía durar hasta finales de julio. Quince días antes de que se agotase se pregonaba el abasto de vino foráneo, cuya  procedencia era: Tintos de Rioja y de Toro; Claretes de la Ribera del Duero (Cigales, Villagarcia, Aranda y Roa); y Blancos de Campos, Becerril, Alarejos, Yepes y Medina del Campo (8).

 

5.- EL MONTAZGO

En Bizkaia, donde la industria ferrera existió durante siglos, el agua y la madera – las dos muy abundantes –  eran fuentes de energía indispensables. El roble y el castaño eran los árboles más preciados; además de aportar bellotas y castañas respectivamente, tenían buena madera para fabricar cajas, alimentar martinetes y  para producir carbón.

En Balmaseda existían tres tipos de montes:

  1. Naturales, llamados Bortos o Bortedos,  grandes manchas de madroñeras
  2. Huecos, arboledas de castaños y robles, plantados en parajes abiertos.
  3. Sebes, matas de monte bajo que se cortaban  por la cepa (9).

El crecimiento, explotación y venta del montazgo originaron un ámbito jurídico-administrativo de cargos, ordenanzas y contratos. Los cargos fueron estos:

  1. Juez de MontesEjercía funciones de vigilancia y entendía de las causas criminales contra el montazgo. Solía desempeñarlo el alcalde saliente.
  2. Guardas de Montes. Cuidaban  los montes, evitando talas y robos, descepes y arranques de crías y debían ser “de buena conducta y cristiandad”.
  3. Homes BuenosHacían el aprecio de los montes, revisando cuáles tenían leña, cuánta, de qué saca e incluso recomendaban precios (10). Existía también un Visitador General de Montes,  un título honorífico aunque hereditario.

En el ámbito contractual había tres tipos de compromisos jurídicos:
Aprecio de Montes; la Venta de Montes y la Saca de Carbón. Los tres contratos cubren todo el ciclo desde el  remate hasta la venta de la leña, ya que la producción del carbón  siempre estaba en manos de particulares (11).
(Ver el desarrollo completo de este tema en el Apartado ” El Montazgo en Balmaseda: s. XVI-XIX”)

 

6. – LAS FERRERÍAS

Balmaseda se caracterizó siempre por los martinetes y fraguas que se especializaron en la elaboración y transformado del hierro ya fundido. Utilizaban la fuerza hidráulica para activar mazos y fuelles y con el carbón vegetal como combustible, transformaban y reducían los tochos de hierro de las ferrerías, hasta convertirlos en productos semielaborados. Hubo también fraguas que solían emplear a un maestro y dos oficiales, así como algunas mujeres para preparar el hierro (12).
Todas eran necesarias para el uso y conservación de los reales bajeles de S. M. que se están construyendo en los Astilleros de El Ferrol y Guarnizo ya que, de estas fábricas, se surte de todo el cobre necesario las dos Castillas, Extremadura, Mancha, Andalucía, Asturias y Galicia. En Balmaseda se fabricaban palas de fierro, azadones, picos, cabilla larga y todo género de clavazón que se vendían a los asentistas de las Reales Fábricas (13).
Los encartados desde siempre tenían vía libre para entrar hierro en la villa y venderlo en los días de mercado. A mediados del s. XVIII, acudían regularmente a Balmaseda a vender el hierro gentes de las 17 ferrerías de las jurisdicciones de Zalla, Güeñes y Barakaldo, así como de otras 18 que estaban en Carranza, Villaverde, Trucíos, Sopuerta y Somorrostro y que comerciaban con compradores de Tierra de Campos y otros parajes de Castilla. Las ventas de cobre eran considerables, siendo comerciantes ferreros-caldereros muy importantes en la villa los propietarios que, como Minor, Ariz, Olabarrieta ó Antuñano, ostentaban altos cargos municipales.
En la última década del siglo XVIII sufrieron una gran recesión y desaparecieron muchas de ellas, mientras losmolinos se mantuvieron por ser esenciales en la dieta alimenticia del cereal en el Antiguo Régimen. En Balmaseda hubo hasta diez molinos a finales del siglo XVIII (14).

 

LA GRAN CRÍSIS DEL SIGLO XVIII

En el aspecto económico, la primera mitad del siglo conoce una clara recuperación, pues la villa contaba con un espléndido comercio lo cual, unido a la pujanza que vivía el sector ferrero, hacía presagiar una centuria floreciente. El mundo artesanal se mantiene por fabricar bienes de consumo necesarios y más cuando la población se encontraba en un momento expansivo. La aristocracia ve consolidar sus Mayorazgos, de tal forma que sólo ocho notables, detentaban más del 40% de la propiedad de la villa. Minoría que, además, está asentada en  el poder municipal, configurando dos clases de autoridades consistoriales: los Altos Cargos, a los que sólo ellos podían acceder; y los Regidores o Cargos Menores, al frente de los cuales se encontraban los comerciantes. Entre ambos, se va a mantener el insalvable abismo social con respecto a quienes ejercían oficios mecánicos.
En la década de 1750-1760, estos dos pilares básicos de la economía balmasedana se tambalean coincidiendo  con dos hechos de carácter definitivos. En primer lugar, la causa de tuvo mayor trascendencia fue  la construcción de la nueva vereda Bilbao-Burgos por la Peña de Orduña, lo que supuso el eclipse del tráfico mercantil del antiguo Camino Real que unía Castilla con Bilbao a través de Balmaseda.
Como segunda causa en esta situación de crisis hay que señalar la influencia negativa que sobre el sector ferrero habría de ejercer la naciente revolución industrial. A ello ha de sumarse el vertiginoso descenso sufrido por las exportaciones de hierro que, al igual que sucede con el comercio de la lana, se vieron afectadas por las medidas tomadas desde la Corte en 1763, contra el libre comercio vascongado, lo que hizo perder a éste toda posible competitividad.

La coyuntura finisecular del s. XVIII fue para Balmaseda la peor de toda su historia; su próspero mercado decae al verse apartado de los principales circuitos comerciales; sus ferrerías apenas consiguen dar salida a su producción. Como colofón, desde 1793, va a sufrir los efectos de diversos conflictos bélicos que asolaron la villa, de manera cíclica, durante todo el siglo XIX.

 

NOTAS:

1.- BRAUDEL, F., El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, T. 1, pp. 263-267. Señala que las rutas crean las ciudades como centros de comercio y etapas del mismo; y las ciudades a su vez viven del tráfico de los caminos que por ellas pasan o a ellas van a parar, y crecen y decaen a la par de los mismos.
2.- GOMEZ PRIETO, J. Balmaseda, siglos XVI-XIX.  pp. 253-254. Mapa 15.1.
3.- A. G. S., Secretaría de Hacienda, leg. 920. Informe de Cipriano de Garagorri en defensa del Camino Real por Balmaseda. Punto 3°, año 1753. Lo desarrolla LARREA SAGARMINAGA M.A. en Caminos de Vizcaya en la segunda mitad del siglo XVIII.   pp. 147-154.
4.- GOMEZ PRIETO, J. Balmaseda, siglos XVI-XIX.  pp. 266-267.
5.- GOMEZ PRIETO, J. Balmaseda, siglos XVI-XIX. pp. 271. Cuadro 16.1. Fuentes de A.M.B.: Libros de Decretos y Cuentas del Ayuntamiento. Elaboración propia
6.- HEROS M. de.: Historia de Balmaseda, Tomo II, pp. 488.
7.- Ordenanzas Municipales del año 1792, tít. 8, cap. 2.  En  GOMEZ PRIETO, J.
Fuentes historiográficas de la villa de Balmasedalas memorias de Vedia y otros textos, Balmaseda, Ayuntamiento de Balmaseda, 1985, Colección Malseda, Tomo I. pp. 213-263.
8.- A.G.S. Secretaria de Hacienda, leg. 920, febrero de 1.753.
9.- BOWLES. E.: Introducción a la historia natural y a la geografía física de España. Madrid 1782. Edición de 1875. pp. 361. Ver también en TERREROS Y PANDO, E: Diccionario castellano de las voces de ciencias y artes  (1786-1793) 
10.- A.M.B.: Ordenanzas Municipales. Año 1792.  tít. 3, cap. 3.
11.- GÓMEZ PRIETO, J.: “El Montazgo en la villa de Balmaseda: siglos XVI-XIX”, en II Congreso Mundial Vasco. Historia.  Tomo III   pp. 209 – 224. Ver también en VILLARREAL DE BERRIZ, P. B. Máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y gobierno de los árboles y montes de Vizcaya. Escrita en 1736.
12.- MORENTE LUQUE, F.: Balmaseda, estudio histórico-artístico, pp. 184
13.- A. G. S., Secretaría de Hacienda, leg. 920. año 1753.
14.- A. G. S.B. Nueva numeración de Fogueras, reg. 3, T. I, realizada en el año 1796. Se puede ver en GÓMEZ PRIETO, J.: Fuentes documentales de la villa de Balmaseda: públicas y privadas entre 1.522 y 1.899.Balmaseda, Ayuntamiento de Balmaseda, 1985, Colección Malseda, Tomo II.  pp. 57-70.
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05.4.1. La Sociedad

tipos-hablando

En Balmaseda,  como en todo el Señorío de Vizcaya, no existió la Nobleza como cuerpo estamental, al estar instaurada la Hidalguía Universal de los vizcaínos; una hidalguía que algo traslucía de la limpieza de sangre que tanto preocupaba en Castilla.

La Estructura Social

Las clases privilegiadas lo eran por dos hechos: poseían el dinero y detentaban el poder; y en este escalón social se situaban  indudablemente los dos Cabildos de la villa.

A.- El Cabildo Eclesiástico ejercía no tanto el poder material  cuanto el espiritual, lo que a menudo era más efectivo y menos difícil de ejercer en la práctica.

B.- El Cabildo Municipal estaba formado por las autoridades de la república y ostentaba el poder, material y ejecutivo, supremo; si bien, a menudo estaba bastante supeditado al arbitrio religioso de los beneficiados parroquiales.

Buena parte de los grandes propietarios de la villa llegaron a enriquecerse con el comercio, y muchos con la conjunción industria-comercio, como en el caso de los ferreros. Comerciantes y propietarios escalaron los cargos que en otros lugares ocuparon los nobles, y detentaron así el supremo poder de la villa

Sin embargo dentro del Tercer Estado se percibía la existencia de dos grupos claramente delimitados. En primer lugar, los Artesanos, que poseían calidades de nobleza y limpieza de sangre, con el avecindamiento en la villa y que  mantenían plena la vida económica y comercial de Balmaseda. Como ejercían oficios manuales, solamente podían acceder a cargos públicos de segundo grado como Regidores. Eran los sastres, los maestros de obra prima, los canteros, los cirujanos, los abaceros, rematantes y tratantes de mercaderías y ferrerías, hierro y cobre (1).

En segundo término estaban los Oficios considerados bajos, como carniceros, taberneros, pregoneros, herreros, carreteros, mesoneros, etc., que no tenían presentada la  hidalguía. Eran habitantes pero no vecinos de la villa, generalmente foráneos, aunque muchos se instalaron de por vida en Balmaseda.

Estaba por último el escalón más humilde de la sociedad que correspondía a los Jornaleros y Obreros en general que vivían tanto de  la tala de los montes y su posterior conversión en carbón; como del cultivo, recolección y elaboración del txakolí, por otro .
Toda esta  estructura social se reflejaba en los censos del siglo XVIII, siendo el  mejor, el de Floridablanca del año  1787 (2)

Censo de Floridablanca. Año 1787  Estructura Social (3)

Beneficiados en Propiedad……… 4
Capellanes sin bienes ……………  3
Medios Racioneros ………………  1
Capellanes………………………    4
Sacristanes ………………………   2
Acólitos ………………………….  2
Ordenados Menores……………..  1
Abogados ………………………… 3
Escribanos……………………….. 3

Estudiantes …………………… 11
Labradores ……………………. 51
Jornaleros……………………… 78
Comerciantes ………………….  21
Fabricantes…………………….. 17
Artesanos ………………………230
Criados / as …………………    7
Cirujanos …………………….   3
Médicos ………………………… 11
Empleados Reales 19

 

Balmaseda 1787.  Censo de Floridablanca. Sectores Sociales

SECTOR

NUMERO

PORCENTAJE

1.- Clero
2.- Prof. Liberales
3.- Industria
4.- Comercio
5.- Criados
6.- Labradores
7.- Jornaleros

17
47
247
21
165
51
78

2,72%
7,51%
39,46%
3,35%
26,36%
8,15%
12,46%

 

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Fuente: INE: Censo de Floridablanca. Año 1787. Elaboración propia

Sobre 1.939 habitantes, estas cifras muestran una población activa de 32,28%

 

Los Marginados

En el último escalón social se sitúa el primer elemento marginado: los Pobres.  Se hacía  distinción entre los «envergonzantes» – acogidos en el Hospital y sometidos a su reglamento –  que eran los pobres «oficiales» y  cuya vida debía regenerarse; y una segunda clase de pobres, constituida por las 50-60 familias que recibían anualmente bulas municipales y que podrían encuadrarse como jornaleros- obreros de mínimos recursos económicos. Estos últimos fueron los auténticos pobres de la sociedad balmasedana, por estar sujetos a las leyes del mercado de trabajo e incidir sobre ellos con mayor virulencia los avatares tanto demográficos como políticos.

En el año 1783, se fundó la Junta de Caridad y Casa de Misericordia a instancias del Corregidor Colón de Larreátegui, que trató de estructurar la vida y costumbres de los pobres. Con ello no solo se pretendía regenerar a los pordioseros y vagabundos, sino que los indigentes no molestasen al vecindario de Balmaseda. Destacamos cuatro de los puntos mas curiosos de reglamento que elaboró dicha junta y que se comentan por si solos.

Reglamento de Pobres de Balmaseda. Año de 1783.

«P. 13. °—Tendrán refectorio en una habitación del Hospital, separa dos por sexos. A las 11 la comida y a las 6 la cena y antes de comer el más viejo bendecirá la mesa y antes de cenar rezarán todos el rosario por sus bienhechores. Comerán las sobras de los conventos y casas particulares caritativas, beberán agua y a los muy viejos se les dará algo de vino. Luego volverán a rezar por sus bienhechores. Todos desayunarán a las 8, una escudilla de sopa de ajo, de tamaño según la edad, o silo prefieren y en su lugar un trozo de pan seco».
«P. 14. °—Cada distrito tendrá destinado un pobre que irá diariamente a hora no intempestiva a recoger las sobras y luego las llevará al puchero común».
«P. 23. °—Dos veces al año saldrán los pobres con 2 cestas grandes cerradas a pedir ropa para poder cambiarse y reponer. Las mujeres pobres de la Casa arreglarán las ropas que no sirvan».
«P. 25. °—Los domingos pueden salir a pasear y al regreso el semanero los vigilará y si alguno viene borracho no saldrá el otro domingo». (4).

Las Mancebas o Prostitutas  constituyen otro sector  marginal. Que la prostitución existía lo prueban los numerosos decretos que se dictan, tanto  para su prevención como para su regulación. No podemos olvidar que Balmaseda era una villa-mercado donde se daban cita mulateros, comerciantes, ganaderos y todo tipo de gentes que acudían a la villa para comprar y vender. Es lógico pues pensar que alrededor de esta actividad económica y este movimiento humano se crease algún tipo de mancebía. Varios documentos mencionan la existencia de una casa «que llaman de los placeres» en el arrabal de La Magdalena y el propio nombre de este barrio podría tener alguna relación con el ejercicio de la mancebía.

En 1552 aparece en los Libros Municipales la primera referencia a las prostitutas, dentro de un amplio bando, en el cual, implícitamente se admite que las mancebas eran abundantes o al menos de presencia notoria, haciendo vida normal y vistiendo como todas las mujeres, por lo cual no se las distinguía de las damas. Por esta razón, se las ordenaba vivir en adelante de forma separada y vestir de modo distinto, a fin de marcar diferencias con las mujeres de vida honrada. (5).

Para cumplir estos requisitos tenían un plazo de diez días a partir de la fecha de publicación del bando, y en caso de incumplimiento serían desterradas de la villa tras recibir un castigo de 100 azotes. Además se advertía a todo vecino que las encubriese o permitiera vivir en sus casas o mesones, que sería castigado con dos años de destierro (6). Durante el siglo XVII persistió el amancebamiento, de forma que su prohibición continuada, llegó a formar parte del Decreto de Buen Gobierno, desde el año 1673 en adelante (7).
Todo esto no difiere mucho de lo que señalaba  Labayru para mediados del siglo XVI cuando «existían ya en el Señorío muchas mancebas que además alardeaban de ser obsequiadas, hallarse bien vestidas y mejor sustentadas que muchas mujeres castas y honradas» (8).

 

NOTAS

(1).-   GÓMEZ PRIETO, .J.  La Población de Balmaseda en el Antiguo Régimen : siglos XVI-XIX.  II Congreso Mundial Vasco, Historia. T. IV,  pp. 52
( 2).-  GOMEZ PRIETO, J.  Balmaseda S. XVI – XIX. Una villa vizcaína en el Antiguo Régimen. pp. 112
(3 ).-  Ibidem, Op. cit  pp. 107 y 113.  Cuadro 7.1 y Gráfica 7.1
(4 ).-  A. M. B. Reglamento de la Junta de Caridad y Reglas para los Pobres de Balmaseda,. Hecho  para el aprovechamiento espiritual y temporal de cuantos pobres se acojan en la casa de misericordia.
Tiene solo 13 artículos del total porque le faltan algunas hojas al final.
(5).- Recordamos que, concretamente en Salamanca, las prostitutas solían llevar unas faldas adornadas con picos de colores claros, las distinguía de las demás mujeres. Precisamente de este detalle derivó el dicho “irse de picos pardos“.
(6).- A.M.B. Acuerdos; reg. 9; año 1552.
(7).- A.M.B.; Decretos; reg. 27; f. 188 v. 9 enero 1673.
(8).-  LABAYRU. E. de  Historia del Señorío de Bizkaia. Bilbao 1970; Tomo V. p. 112.

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05.4.2.- Relaciones Sociales

 

Las Relaciones Sociales en Balmaseda durante la Edad Moderna

Entre tantos hechos, más o menos conocidos, que en Balmaseda sucedieron a lo largo de los siglos, nos parece interesante intercalar algunas notas relativas al vivir cotidiano de la villa, aspecto que siempre queda diluido entre los avatares descollantes de cada centuria.  Y como la historia la hacen precisamente los habitantes de la villa, los víllanos. en el mejor y más exacto sentido del término, hemos hecho un ligero repaso de algunos temas cotidianos, que a lo largo de los siglos aquí estudiados, conformaban de forma muy peculiar la vida diaria, la mentalidad y los anhelos de los balmasedanos.

La Religión, eje de la vida diaria

El sentido religioso presidía toda la vida de la villa. La participación en misas, oficios, procesiones, etc., era obligatoria para el vecindario paralizándose la actividad laboral. La reglamentación era muy estricta al respecto: no se podía trabajar durante tales actos, ni tener tienda abierta, jugar o divertirse, ni  pescar, ni pasear por la villa, ni siquiera salirse de la misa. Las penas por contravenir tales preceptos podían oscilar  entre  200 maravedíes y 10 días de cárcel. (1).

La iglesia parroquial controlaba el cumplimiento pascual de confesar, comulgar y examen de doctrina. Este llamado «Derecho de Cuaresma» daba derecho a una inscripción en un Registro de Practicantes y estar excluido de él significaba muchos problemas en el futuro.  Para mantener vivo el espíritu religioso y sobre todo el sentido moral de los vecinos, se acudía frecuentemente a la predicación. Era práctica habitual que los predicadores platicasen al pueblo durante la Cuaresma y el Adviento, épocas que cubrían buena parte del año. Se predicaba también en los días de Fiesta Mayor y cada cinco años se organizaban unas Misiones Generales en las que, tras confesión general y comunión, los fieles ganaban el «jubileo santo» (2).

Los bailes estaban excluidos de todo el ámbito externo de lugar sagrado, incluyendo en ellos el cementerio, el hospital, y las ermitas, además de iglesias y convento, toda contravención estaba amenazada de pena de excomunión. Se prohibía el baile de parejas juntas bajo multa de dos ducados para los danzantes y de seis días de cárcel para el tamborilero.  La oscuridad era especialmente temida por quienes dictaban este tipo de normas y así cada noche tras el Toque de Animas era obligatorio para el vecindario recogerse en casa.

Festividades Religiosas

El espíritu religioso de la vida diaria se plasmaba especialmente en el abundante número de días festivos anuales, que al margen de domingos y días de precepto del calendario litúrgico, honraban y celebraban un amplio santoral. Eran numerosas las conmemoraciones, tanto religiosas, las más, como profanas, que anualmente se celebraban en Balmaseda. Según datos del año 1783 los días festivos, además de los dominicales, fueron 36 días y conmemoraban principalmente el santo del día. (3).

He aquí la relación de los santos, cuyos días festivos los balmasedanos disfrutaron en el año mencionado:

  • 20 de enero San Sebastián, protector contra epidemias.
  • 24 de febrero San Matías, Gremio de sastres.
  • 19 de marzo San José, esposo de la Virgen.
  • 1 de mayo San Felipe y Santiago, fiesta de los mayos.
  • 15 de mayo San Isidro, patrón de campesinos. Cofradía.
  • 30 de mayo San Fernando.
  • 13 de junio San Antonio, patrón de los solteros.
  • 24 de junio San Juan, pago de los diezmos.
  • 29 de junio San Pedro, patrón de la iglesia.
  • 25 y 26 de julio Santiago y Santa Ana, camino jacobeo.
  • 31 de julio San Ignacio. 10 de agosto San Lorenzo.
  • 24 de agosto San Agustín, padre de la iglesia.
  • 21 de septiembre San Mateo, época de vendimias.
  • 29 de septiembre San Miguel, pago de rentas. Cofradía.
  • 23 de octubre San Severino, patrono de la villa.
  • 28 de octubre San Simón y San Judas, entrada del invierno.
  • 30 de noviembre San Andrés, época de matanza. Cofradía.
  • 21 de diciembre Santo Tomás.
  • 28 de diciembre Santos Inocentes, protección de los niños.
  • 31 de diciembre San Silvestre, tránsito al Año Nuevo.

Además estaban las fiestas tradicionales como Navidad, Corpus, Ascensión, Reyes, etc. Las fiestas dedicadas a la Virgen eran seis, si bien las más devotas correspondían a dos, la Virgen de Agosto y Nuestra Señora del Rosario. En la mayor parte de las festividades se celebraba una misa solemne en San Severino, seguida de una tradicional procesión a la que asistía el Regimiento municipal en pleno y el grueso de la población. (4)

Rogativas y Conjuros

Las rogativas en solicitud de lluvia y los conjuros para evitarlas enfermedades de las plantas o los animales, eran frecuentes en la Balmaseda de los siglos XVI al XVIII, como en todas las sociedades agrarias de la época.

Para los conjuros se traía hasta la villa agua bendita, del Monasterio de San Isidro de Dueñas en Palencia y de San Gregorio Ostiense, en Navarra (5), que los curas de la  parroquia llevaban en procesión solemne hasta los límites del campo, donde era esparcida como «conjuro contra cocos, sabandijas, rugas y horugas»así como contra el pulgón. (6). Tanto rogativas como conjuros eran sufragados por el Ayuntamiento que cada año destinaba una partida al efecto en sus presupuestos.

Las Fiestas Profanas

Cada festividad tenía su parte de celebración profana que los balmasedanos disfrutaban a conciencia.  En los alardes se utilizaban arcabuces y abundante provisión de pólvora y tenían lugar por mandato del Corregidor para celebrar acontecimientos faustos como nacimientos, bodas o embarazos reales, así como victorias del ejército.

En ocasiones llegaban danzantes de fuera de la villa que bailaban con cascabeles y castañetas, y que acompañaban a los gigantes y cabezudos.  También era frecuente que se representasen comedias en las plazas y rincones de la villa. Los comediantes, gitanos y arlequines, representaban obras cómicas y también moralizadoras (7).

Los bailes, con las limitaciones antes señaladas, eran también una de las diversiones principales, y a partir de una fecha el ayuntamiento contrataba el tamborilero para el acompañamiento. Tenían lugar habitualmente frente al ayuntamiento o en el llamado Campo del Puente.

Los toros en Balmaseda tienen también una tradición secular en el entramado festivo. La compra de toros y el presupuesto para las barreras, era un capítulo que el municipio no olvidaba jamás y así aparece en las cuentas municipales cada año desde  1528 (8).

La plaza de San Severino se cercaba con vallas que impidieran cualquier desmán de las vaquillas. Todas las tardes de los días festivos se corría un cebón atado con la maroma a una argolla. También se celebraron a veces festejos taurinos en la Plaza de Arriba o de los Fueros, que era llamada a menudo Plaza de los Toros. Las corridas principales eran las de los días 15 y 16 de agosto, y  para ellas el  ayuntamiento compraba ocho  vacas navarras y se contrataba un torero con su cuadrilla (9).

Hijos Ilegítimos  y Niños Expósitos

La ilegitimidad en los nacimientos no fue un fenómeno aislado y estuvo presente en Balmaseda de forma continua hasta bien avanzado  el siglo XIX. Buena parte de los hijos naturales nacían de las relaciones entre criadas de servicio y el señor de la casa. Algunas veces, sobre todo si el padre tenía un cargo importante, accedía a reconocer al niño, anotándose el acto notarial en la partida de bautismo. Así lo hizo el escribano don José del Villar con su hijo en 1753 (10) y también el alcalde don José de Gorrita en 1795, con reconocimiento paterno, por escritura ante notario (11).

Pero en general son muy pocos los recién nacidos legitimados posteriormente por su progenitor, bien con el simple acto de reconocimiento o contrayendo matrimonio con la madre. Este hecho induce a pensar en la normal existencia de casas de lenocinio, dándose el caso de hijos naturales cuya madrina ha sido madre soltera en años anteriores ; este hecho concreto se repite con cierta frecuencia en el barrio de la Magdalena.

Otras veces las partidas de bautismo de hijos ilegítimos aluden a la madre como «moza libre», y en muchos casos se trata de mujeres «de la vida», ya que aparecen con más de un hijo en tales circunstancias. El tráfico comercial y la presencia de destacamentos militares en la villa, coincide con épocas de auge en los nacimientos ilegítimos (12).

La tasa de hijos bastardos a finales del siglo XIX fue la más alta de la historia de Balmaseda. Quizá contribuyó a ello la implantación del ferrocarril en 1890 y la consiguiente llegada de mano de obra masculina, de solteros o casados sin familia.

Por lo que respecta a los expósitos su situación era sin duda, peor que la de los bastardos. Abandonados en la puerta de San Severino o el Convento de Clarisas, eran recogidos y bautizados por la beneficencia, pasando posteriormente al Hospital Casa-Cuna de Bilbao, que era al tiempo, asilo y hospicio. Estos expósitos eran a menudo apadrinados, pero rara vez adoptados, por familias pudientes de la villa y en ocasiones, alguna vecina se ofrecía a amamantarlos por caridad (13).

Puede decirse sin embargo, que casi el 90% de los niños expósitos, nacían condenados a una muerte casi inmediata. Con el enorme sigilo con que se les abandonaba, en cualquier época del año, incluso en pleno invierno, el resultado era a menudo la muerte por frío, desnutrición o desamparo.  A estos expósitos se les imponía con frecuencia el nombre de María o de Severino, según el sexo, o bien el santo del día. Los apellidos de los no reconocidos eran San Severino, San Juan, Balmaseda o Vizcaya, a secas.

Matrimonios  y  Patrimonio

El matrimonio era, ante todo, un acto necesario para constituir una familia y el medio reconocido de procreación. Entre las clases acomodadas era además un instrumento que permitía conservar, transmitir y sobre todo acrecentar los patrimonios. Por ello era costumbre la redacción de un contrato en el que se especificaba todo lo aportado por cada contrayente. Eran las Capitulaciones Matrimoniales de dote.

Las bodas tenían lugar siempre en el lugar de residencia de la novia y para casarse era imprescindible la autorización paterna, sin la cual ningún sacerdote celebraba el vínculo, evitando de paso los matrimonios «inconvenientes» para ambas familias (14).

Las exigencias documentales eran mucho más exhaustivas cuando uno de los contrayentes, normalmente el hombre, era foráneo e incluso cuando se trataba de balmasedanos ausentes de la villa por más de seis meses, a fin de evitar los delitos de bigamia. Si el novio era militar o soldado, debía presentar además un certificado de soltería firmado por sus superiores. Era habitual formular la llamada «Palabra de Matrimonio», que comprometía a los futuros cónyuges a contraer nupcias, sobre todo cuando uno de los novios debía abandonar por un tiempo la villa. Este acto se realizaba ante notario, pudiendo ser revocado solamente por circunstancias excepcionales (15).

Eran poquísimos los balmasedanos, tanto hombres como mujeres, que permanecían en estado de viudedad, si ésta se producía a una edad no muy avanzada. En su mayoría, tanto viudas como viudos, se casaban en segundas e incluso terceras nupcias.

El binomio viudo-soltera era el más frecuente, con la peculiaridad de que la novia era por lo general mucho más joven que el novio. También las viudas elegían hombres más jóvenes para un segundo matrimonio, si bien en este caso las diferencias de edad eran menos notorias (16).  Cuando el viudo era de mediana edad y de «vida holgada», no tardaba mucho en hallar novia, haciéndose arreglos económicos con herederas o hijas de comerciantes, a fin de mantener el negocio o la propiedad.

La Condición Femenina

Las normas morales dictadas con relación al sexo femenino eran especialmente cuidadosas. Así en algunos decretos municipales, se prohibía a las mujeres agruparse entre ellas bajo pena de multa porque, «reunidas en grupos a la puerta de las casas siembran todo tipo de murmuración». Se advertía también la prohibición de «chismorrear durante los oficios». Otras normas iban especialmente dirigidas hacia las féminas que bajaban a lavar la ropa al río Cadagua. Se ordenaba, bajo multa, que «las lavanderas en el río, deben regazarse adecuadamente y no lavar de forma indecorosa», y además «no deben bañarse los hombres cerca de estas señoras». (17).

El ayuntamiento balmasedano dictó normas con el fin de inculcar la doctrina cristiana a las niñas, a fin de evitar «que se habitúen a la holgazanería como madre de todos los vicios en las de su sexo». La sospecha sobre la moralidad femenina o el peligro de que se las quería preservar, daban orgien a normas muy estrictas sobre las salidas nocturnas:“ninguna mujer casada, soltera, ni aún criada de servicio, ande de noche por las calles de esta villa, sin causa legítima y necesaria. En invierno desde las ocho arriba y en verano desde las nueve” (18)

El ayuntamiento prohibía que las doncellas viviesen solas «sino con padres o parientes con el fin de evitar los grandes escándalos y pecados que se vienen cometiendo». Las Ordenanzas municipales refuerzan esta norma, aunque permiten también que las mozas, vivan en compañía de alguna mujer «de buenas costumbres y vida cristiana» que las sirviera de guarda (19).

Mujer y Trabajo 

El comercio y la actividad gremial que constituyó la base económica de Balmaseda durante siglos, facilitaron la ocupación laboral de la mujer, en mayor medida que en otros lugares de la geografía vascas. En el mercado era muy abundante la mano de obra femenina, donde aparecen con frecuencia las tenderas o taberneras, así como las regateras, panaderas, recaderas, etc. Las «frailas o fraylas» atendían las ermitas; estaban además las hospitaleras. costureras y criadas (20).

En documentos del siglo XVI hemos encontrado referencias a «peonas». que eran contratadas en cuadrillas para la realización de obras públicas, limpiando caminos o acarreando materiales de construcción. Es de notar que el salario era en todos los casos la mitad del asignado a los hombres por idéntica tarea. .

El Orden Público

Lo que hoy llamamos seguridad ciudadana era cuestión muy importante en Balmaseda, por ser la villa centro comercial con gran movimiento de personas. Para garantizar el orden público en las calles de la villa, se atendía fundamentalmente a tres elementos esenciales: no portar armas, no salir de noche y perseguir a borrachos y jugadores.

El deseo de portar armas debió dar lugar a numerosos problemas, ya que aparecen normas frecuentes para limitar tal práctica. A mediados del siglo XVIII se prohibió su uso y quienes las portasen deberían dejarlas fuera de la villa bajo multa de 600 maravedíes y 10 días de cárcel.  Los forasteros eran estrictamente controlados a través de las llamadas «esquelas de pernoctadores», que los mesoneros debían entregar diariamente al ayuntamiento.

Un problema grave a juzgar por las repetidas normativas que aparecen, debía de ser el de los borrachos y jugadores que inundaban las tabernas. Se afirma que «a menudo se originan escándalos, blasfemias y pérdidas de haciendas, junto a muertos y heridos». Esto daba lugar a multas severas y cierres de establecimientos que los taberneros se resistían a cumplir.  Vagabundos, gitanos y buhoneros eran tres especies recibidas con gran hostilidad en Balmaseda. En el año de 1557 en un acuerdo municipal se menciona la entrega a una cuadrilla de gitanos de 6 reales «porque se fuesen luego y no hizieren daños y hurtos», y en años posteriores esta especie de pago disuasorio se elevó hasta 20 reales (21).

En el año de 1580 aparece registrado un vagabundo de nombre Perín, que al parecer causaba espanto entre  la vecindad. A fin de persuadirle en sus malas intenciones se dicta un bando «para que se asiente con amo dentro de seis días o se vaya del pueblo so pena de 100 azotes». No parece que el tal Perín hiciera mucho caso de la advertencia pues al año siguiente aparece un nuevo bando, esta vez amenazándole con pena de cepo.

Los días de mercado se ponía especial cuidado en la presencia de buhoneros y vendedores ambulantes, con fama de mala gente, y a los cuales se les permitía dormir dentro de la villa una sola noche, víspera de ferias y mercados.  Cada día se tocaba a ánimas, a las ocho en invierno y a las nueve en verano, y a partir de ese momento se prohibía andar por las calles sin causa justificada y quienes lo hicieran en todo caso deberían caminar sin armas y llevar luz o candela «a fin de evitar sustos, groserías y peligros a los vecinos».

Notas

(1).- A.M.B. Decretos; reg. 13; f..60 v; 12 enero 1576.

(2).- A veces el pago de los sermones  se efectuaba en especie, de forma que el año 1572, el fraile que predicó, recibió por el sermón de Septuagésima, una libra de carnero y una azumbre de vino. Ver A.M.B.; Cuentas; reg. 10; año 1572.

(3).-  Archivo Familiar Llaguno; Relación de días festivos en Balmaseda. Año 1783. Ver también BENNASSAR,  B. “ Los Españoles “. Barcelona. 1978. p. 115

(4).- PFANDL, I.; “ Cultura y costumbres del pueblo español en los siglos XVI y XVII. Barcelona, 1942. pp 125 y ss. Describe todas las galas y solemnidades que daban boato a estas celebraciones.

(5).- A.M.B. Decretos; reg. 8. s.f.  30 enero 1533. En realidad los cocos y orugas actuaban sobre las parras; a lo que mas tarde se llamó el oidium de la vid.

(6).-  Ibidem. La misma fecha. Ver BARRAGAN LANDA, J.J. “ Las plagas del campo español y la devoción a S. Gregorio Ostiense” en Cuadernos de Etnografía de Navarra  nº 29. Año 1978; p. 273.

(7).- GOMEZ PRIETO, J. Balmaseda … op. cit., p. 121.

(8).- Ibidem. p. 122.

(9).- A.M.B. Acuerdos ; reg. 81, f. 38; 18 mayo 1890. Este año se contrató al famoso espada Valladolid que fue con su cuadrilla de 4 banderilleros y toreó 2 días por 1.250 ptas.

(10).-  A.H.P.B.; Notaría de Domingo de Terreros; reg. 2180. Con el reconocimiento de paternidad.

(11).-  A.P.B. ; Libro 17 de Bautizados. f. 239 v.

(12).-  GOMEZ PRIETO, J; Balmaseda.. op. cit. p. 69 y ss.

(13).-  SAUVY, A.; Hª del Control de Nacimientos . Madrid. 1972. p 180. Ver EGIDO, T. : Los niños expósitos de Valladolid. Santiago 1975. Puede decirse que casi en un 90% de los casos, todo niño expósito nacía condenado a morir, normalmente en pocos días. Quizás era lo mejor que les podía acaecer para evitarse una vida de horror.

(14).- GOMEZ PRIETO, J.; Balmaseda  op. cit.; Cap. 14; pp. 242 y ss.

(15).- Era una promesa que a menudo se hacía por el tiempo en que el novio aprendía su oficio, establecía su negocio y montaba la casa. Ver A.H.P.B. : Notario de M. Mollinedo,  leg 1.707, f. 209. 19 diciembre 1771. También solía hacerse si el novio emigraba, para casarse luego por Poderes.

(16).- Esto explica la abundancia de viudos en las Actas de Finados, a pesar de la mayor longevidad femenina. WRIGLEY,E.A. Historia y Población. Madrid 1969. pp 100 y ss. La seguridad y el futuro que ofrece una viuda de mayor edad, compensa con mucho cualquier consideración.

(17).- Ordenanzas de la Villa de Balmaseda . Año 1792. Tit. 7; Cap 26. En la Colección Malseda Tomo I. pp 213-263.

(18).- A.M.B. Decretos ; reg. 36. f.151. Año 1740.

(19).- Ordenanzas de ..op. cit. Tit 7; Cap 10; año 1792.

(20).- Ninguna mujer aparece expresamente como Población Activa, que se entiende oficialmente como solo de varones. A.M.B. Tenderos y Comerciantes. Leg. 312; nº 2; f.3; años 1756-57

(21).- A.M.B.; Decretos; reg. 38; f. 146 v;  decreto 17 marzo 1754.

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05.3.- Censos y Fogueraciones

CENSOS

Introducción

Desde el siglo XVII se dieron  alternancias cíclicas de crisis y recuperaciones sucesivas, que se prolongaron durante gran parte del siguiente siglo XVIII. Este siglo se inaugura con la llegada al trono de los Borbones en 1700, que viene acompañada por años de guerra, la de Sucesión. Y esta conflagración  que fue muy costosa para el Señorío –  pues nunca regateó nada para mantener a Felipe V en el trono español –  también lo fue para Balmaseda que, con sus donativos y alistamientos, quedó exhausta en arcas y en hombres (1)

La recuperación poblacional tras la guerra fue lenta y tan sólo es apreciable a partir de 1720, al igual que en el resto del país. El decenio 1740-1750 muestra ya algunos altibajos notorios y dos posibles crisis, 1742 y 1750, ambas en base al súbito incremento de la mortalidad. Aún así, hasta 1750 ambas series siguen un ritmo de crecimiento decelerado, llegando un nuevo hiato demográfico entre 1750 y 1765.

Los períodos 1764, 1768 y 1772  presentan alta tasa de mortalidad adulta, a la que se puede añadir entre un 50 % y un 75 % de mortalidad infantil, con lo que se marcarían mucho mejor las tres crisis en cadena. Durante el último cuarto de siglo se llega a alcanzar el techo demográfico, con valores de casi 100 bautizados para 1782, en tanto que la mortalidad desciende vertiginosamente (2)

Tras el período de convulsiones revolucionarias sufrido por Europa, se inicia de forma ininterrumpida un importante despegue demográfico. En Balmaseda se anuncia este proceso, aún cuando se verá frenado por la Guerra de la Convención, que hace que nuevamente vuelvan a unirse ambas tasas demográficas, y se dé una crisis finisecular pareja con la que se produce, tanto en Bizkaia como en el resto del país.  Concluido este período bélico, entramos de lleno en el s. XIX. Siglo negativo, afectado por todo tipo de guerras y epidemias que frenan el «despegue» de la población al menos hasta 1890.

FUENTES CUANTITATIVAS DEL SIGLO XVIII

1.- LOS CENSOS

Es en el siglo XVIII cuando comienza verdaderamente la  era estadística española y  aparecen los Censos que son recuentos numerales, siendo los mas importantes los de la segunda mitad de esta centuria.  Por su parte, en el Señorío,  las estadísticas no fueron numerales como los censos, sino nominales, lo que nos permite conocer el listado de vecinos con sus casas y otras propiedades. De la suma de ambas, vemos las cifras de Balmaseda.

Año

Recuento

               Habitantes

1704

Fogueración

630

1745

Fogueración

1.137

1768

Censo de Aranda

1.458

1787

Censo de Floridablanca

1.937

1796

Fogueración

1.960

En estas cifras se percibe un aumento progresivo de la población, siendo los datos de 1704 de menor fiabilidad que los posteriores. (3)

El Censo de Aranda

Elaborado   en   el  año  de   1768,   tomando  como   base   las jurisdicciones  de cada Diócesis y no de las  provincias.  Recoge los datos enviados por cada Párroco, relativos  a edades,  sexos y estado  civil  de  sus feligreses.  El total de habitantes  para  Balmaseda fue de 1529 almas.( 4 )

El Censo de Floridablanca

Elaborado  en  el  año  de   1787 , según  las  circunscripciones provinciales. Fue el mas fiable de  todos  los Censos  realizados  en  el  siglo  XVIII.  Además  de  los  datos  relativos   a  edad, sexo  y  estado  civil, incluye  también   las  profesiones y los religiosos. Para Balmaseda señala 1937 habitantes (5)

Hitos Demográficos

Durante el siglo XVIII el ciclo demográfico de Balmaseda  es típico de una sociedad de Antiguo Régimen, con crisis periódicas que  inciden con más fuerza en la segunda mitad de esta  centuria que  nace y muere entre guerras. Sus momentos cruciales pueden resumirse en estas fechas:

—  La crisis bélica  que principia la centuria con  la Guerra de Sucesión hasta 1711
—  Las crisis de 1742-1743  y  1750, con hiato demográfico entre 1750-1765.
—  Las depresiones acaecidas en los años 1760 y 1770, y que coinciden con los
descensos generales del país
—  En el año 1782 se alcanzaba el techo demográfico.
—  Gran crisis finisecular por la Guerra de la Convención, como en todo el país.
—  Retraimiento al despegue demográfico moderno. (6)

Con este comportamiento, su posible conversión a un ciclo demográfico moderno aun habrá de demorarse bastante tiempo.

Conclusión

La estabilización de la población que se produce a lo largo del siglo XVIII hacía prever la transformación hacia un ciclo demográfico moderno. Sin embargo esa tendencia se ve abortada por un comienzo de siglo sumamente bélico, que mantuvo los bajos niveles demográficos de la centuria anterior. Sólo a partir de 1720, y al mismo tiempo que en el resto del país, se puede hablar de una recuperación de la población en Balmaseda.  Aún así, las crisis no desaparecen de forma completa, lo que sumado al elevado número de confrontaciones militares que se suceden a lo largo de esta centuria, imposibilita el despegue demográfico que ya se estaba produciendo en Europa. Balmaseda habrá de esperar un siglo, para que la confluencia de factores favorables permita la realidad del hecho poblacional.

NOTAS

(1).-  HEROS, M. de los;  Historia de Valmaseda. Bilbao 1926.T 1.  p. 273.
(2).-  GÓMEZ PRIETO, J.  La villa de Balmaseda en el Antiguo Régimen: siglos XVI – XIX. pp. 52.
(3).- MORENTE LUQUE, F. Balmaseda, estudio histórico-artístico. Bilbao 2004.  pp.  91  Cita a GÓMEZ PRIETO en este tema.
(4).-  R.  A.  de la HISTORIA.  Censo de Aranda  Sig.  9-30-2
(5).-   Ibídem. Censo de Floridablanca. Sig. 6255                                       (6).- GÓMEZ PRIETO, .J.  La Población de Balmaseda en el Antiguo Régimen: siglos XVI-XIX.  II Congreso Mundial Vasco, Historia. T. IV,  pp. 47-64

2.- LAS FOGUERACIONES

 

Son  Fuentes  Demográficas  de  ámbito  civil  y  corresponden  al recuento de familias, hogares o fuegos existentes en Bizkaia; de ahí deriva su nombre de Fogueras o fogueraciones.

Se  elaboraban  con el fín de conocer los habitantes de villas  y anteiglesias  pero, sin duda tuvieron también una clara finalidad fiscal.  Por ello su utilidad demográfica es buena,  aunque en su  plano económico  presenten posibles ocultaciones.

La primera Fogueración se hizo en 1618 y solo indica el total de  vecinos de cada población. Sus cifras vienen incluidas en el Censo  de  Tomás  y  González,   donde  Balmaseda  aparece  adscrita  al Arciprestazgo  de Tudela,  dentro de la Archidiócesis de  Burgos. Tenía 300 vecinos.

La  segunda  Fogueración  data de 1685 y aparece en el  Libro  de Acuerdos y Elecciones Municipales de ese año. Tenía Balmaseda 144  vecinos.

La  Fogueración  de 1704 señalaba 139 vecinos y es  tan poco fiable como la anterior.

Sin  duda las mas importantes fogueraciones fueron las del  siglo XVIII,  realizadas en 1745-46 y en 1798, alternando con los Censos Generales de Aranda en 1768 y de Floridablanca en 1797.

Durante  el  siglo  XIX desaparece el  sistema  de  recuento  por fogueras  y solo se usan los Censos que se realizan en  1857,1860 ,1877,  1887  y 1897.

A partir de 1900 los Censos se realizan al inicio de cada década.

 

Foguera antigua del año de 1704

Consiste  en  una  simple relación nominal de  vecinos,  de  poca utilidad general.   Indica para Balmaseda un total de 139 fogueras ó 630 habitantes.

Archivo General del Señorío de Bizkaia
Fogueras, Reg. 1. Año 1704.

Publicada en Colección Malseda Tomo II  pág.. 4 por Julia Gómez Prieto 1995

BALMASEDA (Villa)

YO, Francisco Fica Hurtado, Escribano del Rey Nuestro Señor, del Número y  Ayuntamiento y Reales Aduanas de esta Villa de Balmaseda, Señorío de Vizcaya. Certifico y doy fe a los Señores que el presente vieren que hoy día de la  fecha de este parecieron ante su Merced, el Señor D. Francisco de Llano Belasco,  Alcalde y juez Ordinario de esta villa y su jurisdicción, por el Rey Nuestro  Señor, los Señores D.Juan de Larragoytia Leura y D. Agustín Ibañez de la  Rentería y exhibieron un Decreto deJunta General celebrado en veinte y ocho  días del mes de junio, próximo pasado de este presente con la asistencia del  señor Corregidor y Señores Diputados Generales y Poderistas de las repúblicas  que comprenden este dicho Señorío, firmado y signado de Manuel de Bolívar  su Secretario, por el cual se nombraron caballeros, para hacerse Numeración  de Fogueras, con toda distinción y claridad en el cual están nominados los  dichos Señores Don Juan de Larragoytia y Leura y Don Agustin Ibañez de la  Rentería, para hacer la que toca a las Encartaciones y sus Villas y en vista del  dicho Decreto de Junta General y de otro de Diputación General celebrada en  doce del mes pasado de julio, que también exhibieron dichos señores, su Merced
el dicho Señor Alcalde mando a mí, el presente Escribano les diese un traslado  haciente de fé del último Concejo Público que se hizo en esta dicha villa, a  donde acudieron la mayor parte de los vecinos de ella, añadiendo en él algunos  que faltaron, y las Viudas que había y para que con él los Señores del Gobierno  Universal repartan en el primer Repartimiento que hicieren a esta dicha villa,  con toda justificación lo que debe pagar, y cumpliendo con lo mandado por
dichos decretos y Auto y mandamiento de dicho señor Alcalde, saqué y compulsé  el traslado de dicho Concejo público, en la forma siguiente, dejando la  cabeza de dicho decreto, por no ser concerniente a este caso,, que se hizo en  veinte y cinco de mayo de este presente año, y por él consta se juntaron los  vecinos siguientes:

  • Don Francisco de Arana.
  • Don Josef Antonio de Arechega.
  • Don Gaspar de Orcasitas.
  • Juan de Zuluaga.
  • Don Miguel de Horcasitas.
  • Don Severino de Allende Salazar.
  • Don Pablo de Hernando.
  • Francisco de la Yseca Chabarri.
  • Phelipe de Tramarría.
  • Francisco de Tramarría.
  • Antonio de Sarachaga.
  • Domingo de Llaguno.
  • Juan de Anchoca.
  • Francisco de Quintana Angulo.
  • Francisco de la Quintana Horcasitas.
  • Nicolás de Quintana.
  • Pantaleón de Arroyos.
  • Francisco de Calera.
  • Francisco de Villa.
  • Phelipe de Terreros.
  • Miguel de la Puente.
  • Francisco de Gauna.
  • Juan de Gordóniz.
  • Miguel de Thellaechea el menor.
  • Francisco de Rebílla.
  • Juan de Górgolas.
  • Seberino del Barrio.
  • Xristóbal de la Toba.
  • Francisco de Cortázar
  • Pedro de Luzarraga
  • Juan Jil de Paules.
  • Bartholomé de los Heros.
  • Bernardo de Amas.
  • Francisco de La Yseca Quintana.
  • Juan Antonio de Hoz.
  • Andrés de los Heros.
  • Josef de Thellaechea.
  • Josef de Minor.
  • Juan de Retes.
  • Francisco de Zorrilla.
  • Bernabé de Villa.
  • Nicolás de Therreros.
  • Aparicio de Zubiaga.
  • Matheo de Asúnsolo.
  • Francisco de Terreros.
  • Marcos de Garay.
  • Josef de la Gándara.
  • Josef de las Fuentes.
  • Antonio de Bermejillo.
  • Juan de Retes, el menor.
  • Domingo de Villa.
  • Bartholomé de Zorrilla.
  • Antonio de Antuñano.
  • Miguel de San Xristóbal.
  • Francisco de Bermejillo.
  • Sebastián de Villa.
  • Josef de Cariga.
  • Roque García.
  • Lope de Lezcano.
  • Fabián de Arecha.
  • Simón de los Heros.
  • Josef de San Cristóbal.
  • Blas de Llano.
  • Marcos de Antuñano.
  • Martín de la Puente.
  • Pedro Díez de Vedoya.
  • Francisco de los Heros.
  • Thomas de Zornoza.
  • Josef de Talledo.
  • Gregorio de Manzaneda.
  • Miguel de Antuñano.
  • Juan de Manzaneda.
  • Juan de Ibarra.
  • Diego de las Ribas
  • Josef de las Fuentes, el mayor.
  • Agustín de Bermejillo.
  • Phelipe Gutiérrez.
  • Pedro de la Puente.
  • Francisco de Ureta.
  • Thomas de Urruticoechea.
  • Barttolomé de Mollinedo.
  • Pedro de Ybarra.
  • Martín de Santa María
  • Josef Alcalde.
  • Manuel de las Muñecas.
  • Josef de San Turze.
  • Bauptista de Ureche
  • Matheo de Larrazabal.
  • Juan de Larragán.
  • Thomas de Retes.
  • Miguel de Thellechea.
  • Sebastián Machín.
  • Antonio de la Arena.
  • Sebastián de Trabesedo.
  • Martín de Therreros Alfaro.
  • Antonio de Ocharan.
  • Domingo de Quintana.
  • Bernardo de los Heros.
  • Lorenzo Jil.
  • Juan de Llano.
  • Juan del Campo.
  • Josef de los Heros.
  • Juan de las Ribas
  • Josef de Trápaga.
  • Thomas de Palacio
  • Domingo de la Bárzena.
  • Simón de Cariga.
  • Josef de Orrantia.
  • Manuel de Uberichaga.
  • Simón de Thellitu.
  • Gaspar de Therreros, el mayor.
  • Francisco Hortiz de la Torre.
  • Juan de Cañedo Manzaneda.
  • Juan de la Puente.

y los referidos vecinos, fueron los que concurrieron al dicho concejo, en el cual  presidían los Señores del Ayuntamiento de esta dicha Villa que lo componen  su Merced, el dicho Señor Alcalde, Don Manuel Sainz Hidalgo, Don Lorenzo  de Palacio, Procurador y Tesorero, Andrés de Calante, Ramón de Canedo, Re gidores, y Josef de Zenarro y Josef de Roche, así bien Regidores que se hallaron
ausentes, que en todos componen el numero de ciento y veinte y tres y habiendo  especulado, y hecho memoria de los vecinos que faltaron al dicho Conzejo, por  hallarse ú enfermos, ú otra causa, parecieron los siguientes: Lorenzo de Garay  Thomás de Noreña, Juan de Cañedo Therreros, Juan González. Y luego el dicho  Señor Alcalde declaré faltar de poner en la numeración que va fecha, Juan de  la Torre. Y así mismo doce mujeres viudas y vecinas de esta dicha Villa sin que  supiese, ni entendiese, haya en la jurisdicción de ella otro vecino, ni viuda, y  que se hubiese llegado a su noticia lo declararía y para que todo lo referido en  este testimonio conste a los efectos que sean necesarios, doy el presente de  Pedimento de los dichos Señores Don Agustín Ibañez de la Rentería y Don Juan
de Larragoyti Leura y en cumplimiento de lo mandado por el dicho Señor  Alcalde, que lo firmo y así bien los referidos, Don Juan de Larragoyti y Don  Agustín de la Rentería, y en fé de todo, yo el dicho Escribano, en esta dicha  Villa de Balmaseda, a trece días del mes de agosto de mil y setecientos y cuatro  años = Don Francisco de Llano Velasco = Don Agustín Ibañez de la Rentería =  Don Juan Larragoyti y Leura. En testimonio de verdad = Francisco de Fica y  Hurtado.

Conforme al testimonio y declaración de arriba, parece ser ciento y treinta y  cuatro los vecinos que tiene la villa de Balmaseda. Pero respecto de que  averigüamos tenía fuera de la villa, unos pocos, aunque decían no los reputaban  por vecinos, sentimos podérseles considerar por de cien y cuarenta vecinos = Don  Agustín Ibañez de la Rentería = Larragoyti y Leura.

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Ampliación de Foguera de 1704, hecha en 1798

Archivo General del Señorío de Bizkaia
Fogueras, Reg. 1. Año 1704
Ampliación de Fogueras de 1798

Publicada en Colección Malseda Tomo II pág. 6

Nueva numeración de las casas y edificios construidos en esta noble villa de  Balmaseda, desde el año de mil setecientos y cuatro acá, hecha con arreglo al  capítulo tercero de la nueva fogueración, por los Señores del Gobierno de esta  dicha Villa y se ejecuta en la forma siguiente:

1.- Primeramente la que hizo esta noble villa para su Casa Consistorial en su plaza de San Severino, junto a la Parroquia de este nombre.
1.- Item la casa que hizo Emeterio de Escarzaga a la salida de esta villa,  para la de Bilbao, que habita él mismo.
1.- Item la que en la plazuela del Marqués hizo Don Pedro de Angulo y  hoy  posee su hijo Don Josef Antonio.
1/ 4.- Item la Casería que en la Aldea de la Piedra construyó Don
Agustín de Palacio, y hoy poseen sus herederos ausentes.
3.- Item las tres casas que en la calle de la Correría hizo Don Antonio  Pablo de la Quintana, vecino de la villa de Bilbao, su actual poseedor.
1.- Item las casas que en la Calle Vieja hizo Don Sebastian de Zubiaga y  hoy posee y habita su hermano Don Pedro Benito.
1.- Item la casa que en la Calle de la Cuesta erigió Don Alonso de
Tramarría y hoy posee Don Manuel de Antuñano y Zubiaga.
1/4.- Item la casa que en frente a la Capilla del Santísimo Cristo del
Humilladero hizo Don Josef de Antuñano y Rebollar, que hoy posee la  viuda y herederos de Josef de Trápaga.
1/4.- Item la casa que en donde llaman Layseca hizo Domingo de Villa,  y hoy posee Don Iñigo Ortes de Velasco, vecino de la Ciudad de Orduña.
1 /4.- Item la Casería que en donde llaman la Cubera hizo Don Marcos  de Antuñano y hoy posee Don Manuel de Antuñano y Zubiaga.
1/4.- Item la Casería que en donde llaman Buenos Aires hizo Don
Atanasio de Antuñano, su actual poseedor.
1.- Item la Casa que en las Tenerías erigió Don Josef de Minor, y hoy
posee Don Lorenzo Antonio de Vedia.
1.- Item la casa que en la Calle de la Cuesta, hizo Don Josef de Varón y  hoy posee Don Vicente de Antuñano.
1.- Item la casa que en la calle Vieja hizo Don Josef de Pucheta y hoy
posee su viuda Ventura de Santa Marina.
1.- Item otra casa que en la Calle de la Correría hizo Don Josef de Minor  y hoy posee Don Josef de Gorrita.
1/4.- Item otra casa que en el sitio del Carmen acaba de hacer Don
Martín de Antuñano que posee el mismo.

Son 13  1/2 fogueras.

Yo Bonifacio de Antuñano, Escribano de Su Majestad, Público del Número de  esta Noble Villa de Balmaseda de su Ilustre Ayuntamiento y vecino de ella:
Certifico y doy fé y verdadero testimonio a los Señores que lo vieren de que  esta nueva Numeración, corresponde con lo que los Señores del Gobierno de  esta referida noble villa, han hecho con arreglo al método que comprende el  capítulo tercero de el informe inserto en las Actas de Juntas Generales de este  Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya, que obra al folio 68 de las mismas
actas a que me remito, cuya numeración se compone de trece y media fogueras,  que unidas a las ciento y cuarenta de la antigua, componen en todo, ciento y  cincuenta y tres y media fogueras, las que quedan anotadas a continuación de  la que se hizo el año de mil setecientos y cuatro ; y dicha nueva numeración la ejecutaron bajo la protesta de que siempre que adquieran alguna noticia de
algunas otras casas o edificios construidos, desde el citado año de mil setecientos  y cuatro acá, lo pasaran a noticia de dicho nuestro Señorío, por medio de  conducente testimonio. Y para que conste, doy el presente que signo y firmo  en esta nominada Villa de Balmaseda a diez y nueve días del mes de noviembre  de mil setecientos noventa y ocho.

En testimonio de verdad = Bonifacio de Antuñano

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Fogueración del año 1745 de Balmaseda

Esta   foguera  aporta  la  primera  distribución  seria  de  las propiedades vecinales, aunque solo señale los edificios urbanos y casonas, sin citar los predios rústicos.

La  población de Balmaseda era entonces de 1.179  habitantes,  de los  cuales  el 30% era propietario de  su  casa.  Siete  grandes propietarios  detentaban  el 18,7 % de las fogueras  y  el  Clero poseía un 9,5 %.

Archivo General del Señorío de Bizkaia
Nueva numeración de Fogueras
Reg, 2. Año 1745 – 46

Publicada en Colección Malseda. Tomo II. 4.2. pp. 10-19

 

BALMASEDA (Villa)

En la villa de Balmaseda a tres de Junio de mil setecientos cuarenta y seis, su  merced el señor don Diego de Alzado , Juez de Comisión para la Numeración  de Fogueras, con asistencia de don Urbano Manuel de Llano y la Peña y Domingo  de Terreros, contenidos en la diligencia precedente, y de Pedro de Urrengoechea , nombrado por su merced, dio principio a la de esta villa, por ante mí,  el Escribano, empezando por la puerta principal de ella que está a la parte Norte
y es en la forma siguiente:

1.- Primeramente la casa del Iltmo Señor D. Martín Delgado, obispo actual
de la ciudad de Valladolid, inquilino D. Tomás de Mendirichaga, médico.
2.- Otra del Cabildo Eclesiástico de esta dicha villa, inquilino Antonio de Espina.
3.- Otra de dicho D. Urbano Manuel de Llano y la Peña, vive en ella.
4.- Otra de D. Juan Fernando de Gorosabel, vive en ella.
5.- Otra de Gaspar de Therreros y la Mella, inquilino Bentura de Gordóniz.
6.- Otra de Don Joseph de Palazio , presbítero residente en esta villa,  inquilino Francisco de Goiena.
7.- Otra de la representación de Mª Cruz de Sobrado, inquilino Manuel  de Molinuebo.
8.- Otra del Conde Garzía ; vive en ella su Administrador Juan de Therreros.
9.- Otra de Josepha de Aierdi , viuda, vive en ella.
10.- Otra perteneciente al Colegio de la Compañia de Jesús, de la villa de  Santander; inquilino Francisco Antonio de Saldamando.
11.- Otra de Don Simón de Bedia, inquilina Josepha de Pereda viuda.
12.- Otra de dicho don Thomas de Mendirichaga; inquilino Martín de Gorrita.
13.- Otra de dicho Señor Obispo actual de Valladolid, vive en ella Don  Francisco de Ronda, su sobrino.
14.- Otra de la Capellanía del doctor Zenarro , inquilino Pedro de Perea.
15.- Otra del Marqués de Legarda; viven en ella don Antonio y don Manuel  de Palazio, clérigos, y Manuel de Canedo, su administrador.
16.- Otra de Andrés de Acasuso, inhabitable.
17.- Otra del dicho Cabildo Eclesiástico, inquilino Joaquin de Zorrilla, y
en esta casa tiene parte Manuel de Calante.
18.- Otra de Manuel de la Puente, vive en ella.
Calle del Medio
19.- Otra de Catalina de Manzaneda, viuda, vive en ella.
20.- Otra de dicho don Thomás de Mendirichaga ; inquilino Joaquin del Corte.
21.- Otra de don Joseph de Taramona, vive en ella.
22.- Otra de don Manuel de Ladesa , vive en ella.
23.- Otra de los herederos de doña Manuela de Traslaviña ; inquilinos Antonio Joseph de las Ribas y Isidro de Bedoia.
24.- Otra de los herederos de D. Venito de Therreros ; inquilino Eugenio Larragán.
25.- Otra de los herederos de doña Joana de Therreros ; inquilinos Juan de la Puente y Joseph de Bringas.
26.- Otra de los herederos de don Antonio Ignacio de los Heros; inquilinos Crispín de Legarreta y Domingo Fernández del Campo.
27.- Otra de los herederos de doña Joana de Therreros , viven en ella sus hijas.
28.- Otra de la Capellanía que goza don Francisco de Arroios , cura beneficiado de esta villa, inquilino Juan de la Rebilla.
29.- Otra de los herederos de Pantaleón de Arroios ; inquilinos en el primer suelo, Juan de Madariaga y Manuel de Trucíos y el segundo es de Juan de Ibarra, vive en él.
30.- Otra cuyo primer suelo es de la Capellanía de don Sebastian de Manzaneda, inquilino Antonio de Therreros; y el segundo de Diego de la Riba, que vive en él.
31.- Otra de Manuel Ortiz, vive en ella.
32.- Otra de don Miguel Ignacio de Arana, vecino de esta villa, inquilino  don Fausto de los Llamos, beneficiado en dicha villa.
33.- Otra de los herederos de doña Manuela de Traslaviña , inquilino Joseph de Portillo.
34.- Otra de la representación de don Iñigo Ortes de Velasco, inquilino Ramón de Canedo.
35.- Otra de don Urbano Manuel de Llano y la Peña, inquilinos Martín de Gordóniz y Manuel de Antuñano.
36.- Otra de don Andrés de Vedia, inquilina María Martínez , viuda.
37.- Otra del mismo don Andrés de Vedia, vive en ella su madre.
38.- Otra de la Capellanía de don Aparicio de la Yseca ; inquilinos Manuel de Espina y Francisca de Traslaviña , viuda.
39.- Otra de la misma Capellanía, inquilino Joseph de Echebarría.
40.- Otra de don Joseph de Therreros , inquilino Manuel de la Puente.
41.- Otra de los herederos de doña Theresa de Therreros , inquilino Antonio de Trabesedo.
42.- Otra de los hijos de Miguel de Iturriaga, difunto, viven en ella.
43.- Otra de los herederos de Roque de la Mella, vive en el primer cuarto,  Manuel de Pando, su yerno; y en el de arriba Francisco del Villar, inquilino.
44.- Otra de Gaspar de Therreros, vive en ella.
45.- Otra del Conde de Marzana , sin inquilino.
46.- Otra de los herederos de D. Manuel de Lambarri , vive en ella su hija doña Ana, soltera.
47.- Otra del concurso de don Joseph de Améchaga; inquilino don Simón Izquierdo, también médico.
48.- Otra de Antonio de las Ribas, vive en ella.
49.- Otra; una parte de don Feliciano de Urrutia, vecino del concejo de Zalla, inquilino Luis Antonio de Antuñano; otra parte del Cabildo Eclesiástico, inquilino Gregorio de Llano; otra parte de Seberino de Trucíos, vive en ella.
50.- Otra casa de don Simón de Vedia, inquilino Martín de Albin.
51.- Otra de don Simon de Vedia, inquilino Francisco de Uriarte.
52- Otra de don Simón de Vedia, inquilino Roque de Vizcaia.
53.- Otra del Convento y religiosas de Santa Clara de esta villa; vive en ella don Juan Antonio de Castañeda, preceptor
54.- Otra de don Joseph de Taramona; inquilinos Benito de las Cuebas y María del Castillo, mujer de Manuel de Valdesilla , ausente.
55.- Otra de don Ramón de Ariz y Tobar vive en ella.
56.- Otra de Ignacio Jil , vive en ella.
57.- Otra de Phelipe de Irusta , vive en ella.
58.- Otra de Domingo de Therreros, vive en ella.
59.- Otra del Cabildo Eclesiástico, vive en ella don Francisco de Arroios, beneficiado.
60.- Otra de don Juan Angel de Murga, vecino de Sopuerta, inquilinos Pascual de Sopelana y Francisco de Haedo.
61.- Otra de don Joseph de Taramona, inquilino Pedro de Ibarra.
62.- Otra de don Juan Femando de Gorosabel, inquilino Manuel de los Heros.
63.- Otra de don Ramón de Ariz y Tobar; inquilino Manuel del Corte e Ignacio de Villa.
64.- Otra de Joseph de Zerrillos , vive en ella.
65.- Otra de Juan de Espina y de Pascual de Riba, viven en ella.
66.- Otra de la Obra Pía de Calistro , inquilino Nicolás Pérez de Mareta.
67.- Otra de la capellanía de Gerónimo de Allende, inquilinos María Garzía, viuda; Francisco de Zabala, Domingo de Escorza y Mathías de Somorrostro.
68.- Otra de los heredemos de Antonio Ignacio de los Heros, inquilinos Angela del Castillo, viuda, y Pedro Meléndez.
69.- Otra de don Domingo de Zabálburu , vecino del valle de Gordejuela, inquilinos Joseph de Escarzaga y Marcos de la Rebilla.

 

Puente y Cubo
70.- Otra de Juan Francisco de Clabería , vive en ella.
71.- Otra de Diego de Gordon, vive en ella.
72.- Otra de los herederos de Juan de Clabería , inquilino Roque de Arteaga.
73.- Otra de Manuel de Retes, vive en ella.
74.- Otra de Venito de Riba, inquilinos Joseph de Villa y Miguel de Baldonado.
75.- Otra de Francisco de Lazuela , inquilino Juan Angel de Larragan.
76.- Otra de Joseph de Zorrilla, vive en ella.
77.- Otra de doña Theresa de la Puente, soltera, vive en ella.
78.- Otra de Miguel de Laserna , vive en ella y es pobre.
79.- Otra de los herederos de doña Joana de la Hedesa , inquilino Antonio de los Heros y Francisco de las Cubas.
80.- Otra de Domingo de la Palanque , vive en ella.
81.- Otra de los herederos de Antonio Ignacio de los Heros, inquilino Joseph de Elorza.
82.- Otra cuyo primer suelo es del Cabildo Eclesiástico, inquilino Joseph de Llano; el segundo es de Francisco de Santiago, vecino de esta villa, inquilino Andrés de Laserna.
83.- Otra de los herederos de don Sebastian de Portillos, inquilino Francisco de Isasi.
84.- Otra de doña Vitoria de Villar, viuda, vive en ella.
85.- Otra de don Antonio de los Tueros, vecino del valle de Trucíos, inquilino Simón Diaz.
86.- Otra de la representación de don Iñigo Ortes de Velasco, inquilino Thomás de Asúnsolo.
87.- Otra de Joseph de Manzaneda, vive en ella.
88.- Otra de Ramos de Mollinedo, mujer de Manuel Ortiz, inquilinos Francisco de Amézaga y Joseph de las Fuentes.
89.- Otra de Joseph Ortiz de la Quadra , inquilino Manuel de Llano.
90.- Otra de Theresa de la Torre, viuda, vive en ella.
91.- Otra de doña Theresa de la Puente: una parte inquilina Baltasara de la Sota, viuda, y la otra parte de Manuel de Villar, vive en ella.
92.- Otra de Thomás de Gordon, vive en ella.
93.- Ota de Pedro de Villar, vive en ella.
94.- Otra de la capellanía que goza don Marcos de Antoñano ; vive en ella Simón de Claberia.
95.- Otra de los herederos de Francisco de las Cuebas , inquilino Joseph de Nieto

 

La Plaza
96.- Otra de la Capellanía de don Manuel de Palacio, una parte; otra
parte de don Urbano Manuel de Llano y la Peña; y la otra de doña
María Bitoria ; inquilino Manuel de Llano.
97.- Otra del mayorazgo de don Carlos de Urrutia, inquilino Joseph de  Trápaga.
98.- Otra casa-torre de la representación de don Iñigo Ortes de Velasco,  inquilino Miguel de Vizcaya.
99.- Otra de la misma representación, inquilinos Santiago de Labárzena y  Joseph de la Fuente.
100.- Otra de don Martín de la Fuente, vive en ella.
101.- Otra de don Antonio de los Tueros, inquilino Juan Bauptista de  Gortázar.
102.- Otra de don Thomas de Mendirichaga, inquilino Juan de Santaiana.
103.- Otra de Gaspar de Antoñano, vive en ella.
104.- Otra del Cabildo Eclesiástico, inquilinos Manuel Joseph de
Mollinedo y Simón de las Fuentes.
105.- Otra de Domingo de Therreros; vive en ella Francisco de Riba,
Interesado.
106.- Otra de don Antonio de los Tueros, sin inquilino.
107.- Otra de don Antonio de los Tueros, inquilino Juan del Castillo.
108.- Otra de Don Dionisio de Allende, vive en ella.

 

Calle Vieja
109.- Otra de los herederos de don Francisco Ortes de Velasco, vive en  ella su sobrino Miguel Ignacio de Arana.
110.- Otra casa, llamada el Palazio de Balmaseda del conde de la Rebilla,  sin inquilino.
111.- Otra de Joseph de Minor , vive en ella
112.- Otra de los herederos de don Gaspar de Orcasitas, viven en ella sus  hijos.
113.- Otra de la representación de don Iñigo Ortes de Velasco, inquilina,  Josepha de San Cristóbal , viuda.
114.- Otra de don Dionisio de Allende, inquilino Bartolomé Ruiz de
Santallena.
115.- Otra de la Capellanía de doña Magdalena de Verástegui, inquilinos  Josep del Corte y Domingo González.
116.- Otra de don Antonio de los Tueros, inquilinos Joseph del Campo y  Francisco de los Heros.
117.- Otra de la viuda de Manuel de Velasco, vive en ella.
118.- Otra de Joseph de las Ribas, vive en ella.
119.- Otra perteneciente a la iglesia del Señor San Juan de esta villa, y  Capellanía de don Francisco de Arroios y de don Gaspar de la Puente,  inquilinos Joseph de Elorriaga, Francisco de Orrantia y Magdalena de  Gortázar , viuda.
120.- Otra de doña Christina de Quintana, viuda, vive en ella.
121.- Otra de don Joseph de Basoco, vive en ella.
122.- Otra de Joseph de Tramarría, vive en ella.
123.- Otra de Francisco de Antoñano; inquilino Francisco Machín.
124.- Otra de don Ramón de Ariz y Tobar; inquilina Maria de Vedoia,  viuda.
125.- Otra de Joseph de Basoco; inquilino José Antonio de Villa.
126.- Otra de la representación de don Iñigo Ortes de Velasco, inquilino  Manuel de Vi1la.
127.- Otra de doña Theresa de Antoñano, viuda, vive en ella.
128.- Otra de Joseph de Antoñano, vive en ella.
129.- Otra de Pedro Joachin y Catalina de Asúnsolo, viuda, viven en ella.
130.- Otra del Mayorazgo de Urrutia, inquilinos Ignacio de Rementería,  Manuel de Arze, Domingo de Hernández y Bernardo de Llaguno.
131.- Otra de Cosme Ramos de Ibargüen , vive en ella y en un cuarto por  inquilino, Joseph de las Fuentes.
132.- Otra de Agustín de Orrantia y Joseph de Angulo, viven en ella.
133.- Otra de Gregorio de Pajasa, inquilino Phelipe Ruiz de Vallejo.
134.- Otra de doña Theresa de Beranga, viuda, vecina del Concejo de  Zalla, inquilino Francisco de Bizcarra.
135.- Otra de la Capellanía de Jerónimo de Allende, inquilino Joseph de  Berreteaga.
136.- Otra de Don Dionisio de Allende, inquilinos Francisco de Ibarra y  Maria de Bermejillo, viuda.
137.- Otra de Joseph de Therreros y de los herederos de Phelipe de
Therreros; viven en el primer cuarto Joseph de Therreros y en el
segundo, Marcos de Olamendi , yerno de dicho Phelipe.
138.- Otra de don Urbano Manuel de Llano, inquilino Antonio de la
Fuente.
139.- Otra de don Urbano Manuel de Llano, inquilino Miguel de Zerrillo.
140.- Otra de Alonso de Roch, residente en Vitoria, inquilino Manuel de  Canedo.
141.- Otra de don Manuel de Allende, presbítero. inquilino Manuel de  Olamendi.
142.- Otra de don Francisco de la Quintana, inquilinos Andrés de
Romero y Juan de Cariga.
143.- Otra de don Joseph de Taramona, inquilino Joseph de Careaga.
144.- Otra de Antonio de Negrete, vive en ella.
145.- Otra de la Capellanía de don Sebastian de Manzaneda; el primer  suelo inquilino Antonio de Larrondo y el segundo de Domingo Ruiz,
vive en él.
146.- Otra de los herederos de don Manuel de Lámbarri , vive en ella su  yerno Diego Garcia.
147.- Otra perteneciente al hospital de Nª Sª de los Remedios y a
Urbano Manuel de Llano, inquilino Benito de Riba.
148.- Otra de Seberina de Sobrado, viuda, vive en el primer piso, y en el  segundo, Francisco de Cariga, su yerno.
149.- Otra de don Antonio de Palazio, presbítero, inquilino Joseph de  Cruzeta.
150.- Otra de don Antonio de Palazio, inquilino Joseph de Albinagorta.
151.- Otra de Antonio de Negrete, inquilino Isidro de Albarez.
152.- Otra de don Thomas de Mendirichaga, inquilina Catalina de
Llona, viuda.
153.- Otra de los herederos de Juan de Maruri; inquilinos Domingo de  Santiago y Francisco de la Fuente.
154.- Otra de Bartolomé de los Heros, vive en ella.
155.- Otra de don Thomas de Mendirichaga, inquilino Agustín de Goyti.
156.- Otra de los herederos de Simon de los Heros; vive en ella Miguel  de Somoza.
157.- Otra de don Simón de Vedia, inquilino Ignacio de Salmantón.
158.- Otra de doña Theresa de Beranga; inquilino Manuel de Bermejillo.
159.- Otra de don Luis de Zumalague, inquilino Manuel de Lazerna.
160.- Otra de los herederos de Maria Cruz de Sobrado, inquilino Juan de  Aedo.
161.- Otra de D. Luis de Zumalague, vive en ella y en la tienda de abajo  por inquilino Manuel de Romero.
162.- Otra de Melchior de Garagorri, vive en ella.

 

Calle de La Cuesta
163.- La Casa Consistorial de esta villa; vive en ella su Alcaide.
164.- Otra de los herederos de don Antonio Ignacio de los Heros; vive en  ella su viuda doña Josepha de Villar, y en una tienda por inquilino,  Francisco de Marañon; en otra, Maria del Castillo y Badiola, soltera; y en  otra Josepha de Madária, viuda.
165.- Otra de Pedro de la Colina, vive en ella.
166.- Otra de Francisco de Quintana Angulo y de Juan Antonio de
Garay: vive en su parcela dicho Quintana, y en la del referido Garay el  inquilino Juan Joseph de Linares.
167.- La casa ospital de esta villa, inquilino Domingo de Arnáiz.
168.- Otra perteneciente a dicho ospital, inquilino Miguel de Gorosabel.
169.- Otra del Cabildo Eclesiástico, y de Joseph de Maleo; este vive en su  porción y en la de dicho Cabildo, los inquilinos Miguel de Regoios y  Joseph Ortiz de la Quadra.
170.- Otra del mayorazgo de la Quadra; inquilino Juan Antonio de Garay.
171.- Otra de don Francisco Ignacio de la Quintana, vive en ella con sus  padres.
172.- Otra de los herederos de don Bernardo de Heslobbes (Deslobbes);  inquilino Andrés de Elorza.
173.- Otra de los herederos de Domingo de Peredo, sin inquilino.
174.- Otra de Joseph de Terreros, vive en ella.
175.- La Torre de Aedo, sin inquilino.
176.- Otra casa de don Joseph de Barón, presbítero beneficiado, vive en  ella.
177.- Otra de Joseph de Zubiaga, vive en ella.
178.- Otra de don Joseph de Taramona, inquilino Francisco de Vizcaya.
179.- Otra de Francisco de San Martín, vive en ella.
180.- Otra de Joseph de Campo, vive en ella.
181.- Otra de Micaela de Zenarro , viuda, vive en ella
182.- Otra de don Urbano Manuel de Llano y de la Capellanía de don   Sebastián de Manzaneda. Inquilino Seberino Ortiz.
183.- Otra de don Joachin Ortiz de Velazco, inquilino Martín de Abásolo.
184.- Otra de los herederos de don Alonso de Tranbarría, vicario que fue  del partido de esta villa y su jurisdizión ; inquilino Phelipe de Antoñano.
185.- Otra de don Manuel de Olabarrieta, vive en ella.

 

Y  por ser tarde dicho Señor de Comisión mandó suspender la Numeración de  Fogueras de esta dicha villa para continuar en ella el día de mañana, y lo firmo  y en fé yo el Escribano. Firmado: Joachin de Munoa.

Prosigue: En dicha villa de Balmaseda a cinco de junio de mil setecientos y  cuarenta y seis años, su Merced dicho señor juez de Comisión continuó con  asistencia de los expresados Don Urbano Manuel de Llano y la Peña, Domingo  de Therreros y Pedro de Urrengoechea , en la numeración de Fogueras de esta
referida villa y su jurisdicción, empezando por las Caserías avecindadas y varrio  de Pandozales, por ante mí el Escribano, en la forma siguiente:

Barrio de Pandozales
186.- La casería de Coterón , parte de Joseph Antonio de Manzaneda que  vive en ella; parte de la Capellanía de Mendoza y parte de Gaspar de  Vizcaia, inquilino Seberino de Vizcaya.
187.- Otra llamada Pandozales de Joseph de las Fuentes y Santurze. Vive  en ella.
188.- Otra parte de abajo de la dicha de Pandozales, mitad de los
herederos de Domingo de Bárcena y la otra mitad de los herederos de  Aparicio de Zubiaga; inquilino Manuel de la Bárzena.
189.- Otra llamada de la Fuente: tres partes de don Fernando de
Gorrosabe y la cuarta parte de don Ramón de Ariz y Tobar y de Joseph  de Taramona; inquilino Francisco de Zubiaga.
190.- Otra llamada la Cruz de Joseph de Bermejillo, vive en ella.

 

Barrio de La Piedra
191.- Otra llamada La Cubera de don Francisco de Arroios, beneficiado,  inquilino Manuel del Campo.
192.- Otra llamada la Brena de don Carlos de la Toba, vecino de la villa  de Castro; inquilino Gregorio Fernández del Campo.
193.- Otra llamada la Arbosa, de la representación de Don Iñigo Ortez de  Velazco; inquilino Fernando de Trápaga.
194.- Otra llamada Zaugal, de dicho Conde García, sin inquilino.
195.- Otra llamada la Pedraja de Pedro de Asúnsolo; inquilinos Manuel  Ruiz y Santiago de Llona.
196.- Otra llamada Zornoza de la representación de don Iñigo Ortes de  Velazco: inquilino Marcos de Antoñano.
197.- Otra llamada Arbiz de don Simón de Vedia, inquilino Francisco de  Ugarte.
198.- Otra de doña Christina de Quintana, viuda, inquilino Domingo de  la Torre.
199.- Otra llamada la Cantera de don Urbano Manuel de Llano;
inquilino Carlos de Uscorta.
200.- Otra llamada Soparedes de los herederos de Juan Blanco, vive en  ella Manuel de Manuel de Cariga, uno de los interesados.
201.- Otra del Marques de Legarda, inquilino Pedro de Cariga.
202.- Otra de don Simón de Vedia, inquilino Antonio de Aresti.
203.- Otra de Joseph Arneiz, vive en ella
204.- Otra de doña Ana de Orcasitas; inquilino Antonio de Salazar.
205.- Otra de Antonio de Salazar, el menor, vive en ella.
206.- Otra de Nicolás de las Fuentes; inquilino Antonio de Lezama.
207.- Otra de Antonio de Hereño, vive en ella.
208.- Otra de Baltasar de Mendeguren, vive en ella.
209.- Otra del conde de la Rebilla; inquilino Roque de Llona.
210.- Otra llamada Herusa, de dona Ana de Orcasitas; inquilino Joseph  de Villa.
211.- Otra llamada el Peñueco, de don Carlos de la Toba; inquilino
Francisco de Salazar.
212.- Otra llamada Salinillas de don Andrés de Therreros, vecino de
Gordejuela; inquilino Joachin de Thellaechea.
213.- Otra llamada la Baluga, de don Juan de los Llamos; inquilino Matheo  Rolloso.
214.- Otra de don Dionisio de Allende; inquilino Juan y Bartholomé de  Aresti.
215.- Otra en los Arroios, de Joseph de Ubilla, vive en ella.
216.- Otra en dichos Arroios, de Bernardo de Ubilla, vive en ella.
217.- Otra en el Portillo, de don Dionisio de Allende; inquilino Domingo  de Bermejillo.
218.- Otra en el mismo paraje de la representación de don Iñigo Ortes de
Velazco, inquilinos Antonio de Goicoechea y Manuel de Albi.
219.- Otra perteneciente al mayorazgo de don Antonio de los Heros;  inquilino ]uan de Cariga.
220.- Otra en el campo de Mariseis, de ]uan Gómez, vive en ella.
221.- Otra en el sitio de La Magdalena, perteneciente a la Iglesia de ella,  Inquilinos Pedro de Basozabal y Manuel de Lejarza
222.- Otra en el sitio de los Plazeres, de don Antonio de Palazio;
inquilino Manuel de las Muñecas.
223.- Otra nueva de don Joseph de Miñor, sin inquilino.
224.- Otra en el sitio del Humilladero, perteneciente a la Capellanía de  doña Magdalena de Berástegui; inquilino Lorenzo de Retes.
225.- Otra Casa- orno de Pedro de Acazuso; inquilino Miguel de las
Ribas.
226.- Otro Orno de Maria de Salcedo, viuda, inquilino Francisco de
Garagorri.
227.- Otra casa perteneciente a la capellanía de don Seberino de Vedia,  viven en ella don Francisco y don Manuel de Allende, presbíteros.

 

Molinos
228.- El Molino de Cornejo perteneciente a la representación de don Iñigo  y don Juachín Ortiz de Velazco, inquilino Francisco de Riba.
229.- El Molino de la Penilla de Joseph y Theresa de Antoñano; inquilino  Lucas Machín.
230.- El Molino de la Calzada, de la representación de don Iñigo Ortez  de Velazco, inquilino Domingo de Manzanedo.
231.-Molino en el término también de la Calzada, de don Carlos de la  Toba, inquilino Antonio de Montellano.
232.- El Molino de Ligar de don Urbano Manuel de Llano y de don
Dionisio de Allende; inquilina Maria de Therreros, viuda.
233.- El de la Carnicería, del marqués de Legarda; inquilino Francisco  del Campo.
234.- El de la Taona de don Luis de Zumalague; inquilino Andrés Luiz  Vallejo.
235.- El del Tamblanzan de los herederos de dona Joana de la Hedesa;  inquilino Domingo Hernández.
236 y 237.- Dos molinos en el sitio del Campo, pertenecientes a don
Iñigo marqués de Legarda y don Dionisio, sin inquilinos.

 

Y por haber asegurado los nombrados a su Merced dicho señor Juez de Comisión no haber en esta villa y su jurisdicción mas casas que las asentadas, dio  fin a la Numeración de Fogueras de ella, y lo firmó de que doy fé. Ante mí:
Joachin de Munoa.

Total : 237 casas, y 262 fogueras.

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Numeración de Fogueras hecha en el año de 1796

Es ésta una excelente fogueración que  hace una relación  precisa de  todas las casas por orden de calles,  plazas y  barrios,  con expresión   de  los  propietarios  y  arrendatarios.   Cifra  para Balmaseda 1.690 habitantes.

Se  deduce de esta foguera, una amplia relación de los  Mayorazgos de Balmaseda, en esa fecha, los cuales detentaban el 49,35 % de la riqueza territorial de la villa. La institución del  MAYORAZGO no fue mas que  una consecuencia directa de la estructura troncal de la  familia  tradicional vasca;  con ello se daba  el derecho  de  herencia total  al primogénito varón,  a fin de que los bienes de la familia no se dispersasen.

Archivo General del Señorío de Bizakaia
Nueva numeración de Fogueras
Reg, 3. Tomo I. Año 1796

Publicada en Colección Malseda.  Tomo II, 4.5 pp.58-70

 

BALMASEDA (Villa)
1.- Primeramente la casa del Señor Don Juan Ignacio Delgado y Solís, de  dos suelos, que ocupan doña Maria Bentura de Gorosabel y don Manuel  de Billar.
2.- Otra de Manuel de Uriondo, de dos suelos, que ocupan don Francisco  de Belaunde y don Martín de Urbina, dependientes del Rey
3.- Otra del Mayorazgo de Zumalabe, que ocupa Emeterio de Escarzaga.
4.- Otra de don Joaquin de Llano, que ocupa él mismo.
5.- Otra de doña Maria Bentura de Gorosabel, de dos suelos, que el uno  esta sin inquilino; y el otro ocupa José de Antuñano y el Campo.
6.- Otra de la Luminaria del Santísimo Sacramento, tiene dos
habitaciones, que la una ocupa José de la Palenque y la otra Joaquina  Ruiz de Ballesteros.
7.- Otra de la Luminaria de San José y San Antonio y ambas las ocupa  don Severino del Corte, dependiente del Rey
8.- Otra de los Herederos de Jerónimo de Elguezabal; tiene una
habitación que ocupa don Pío Antonio de la Peña.
9.- Otra Casa-Mesón del conde de Garciez, tiene una habitación que
ocupa Manuel de Uriondo.
10.- Otra de la Viuda y Heredera de José de Cucheta; tiene dos altos que  el uno ocupa dicha viuda y la otra está sin inquilino.
11.- Otra de la dicha Viuda, tiene dos altos, que el uno ocupa don Diego  de Labiada y el otro Severino de Trucíos.
12.- Otra de El horno de dicha Viuda que tiene en renta Justa de Nieto
13.- Otra casa de las temporalidades de los Padres Jesuitas, que ocupa  don Lucas Diez de Pancorbo.
14.- Otra del Mayorazgo de Vedia, tiene dos altos, que el uno está sin  Inquilino y el otro ocupa Ramón López.
15.- Otra de don Juan José Machón, presbítero capellán, que ocupa él mismo.
16.- Otra de don Lorenzo de la Torre, que ocupa él mismo.
17.- Otra del Mayorazgo del Marques de Legarda, tiene dos altos y
ambos los ocupa don Alejandro Garcia, su administrador.
18.- Otra de Francisco de Zulueta, que ocupa él mismo.
19.- Otra de José de Cruceta, de dos altos, que ocupa él mismo.
20.- Otra de la viuda de Montero, que ocupa ella misma.
21.- Otra de don José Antonio de Angulo, que ocupa él mismo.
22.- Otra de don José Manuel de la Puente, que ocupa Maria del Corte, viuda.
23.- Otra de don Manuel de Bollaín, con parte del Cabildo Eclesiástico,
que ocupa dicho Bollaín.

 

Calles Vieja y de Medio
24.- Otra del Mayorazgo de don Nicolás de Monasterio, tiene tres
habitaciones que ocupan don Eugenio de Montañana, don Juan Baptista  de Lapeira y don Gregorio Mazón, dependientes del Rey
25.- Otra de José de Aguirre y Clabería, tiene dos habitaciones que la  una ocupa él mismo y la otra ocupa Manuela de Regoyos, viuda.
26.- Otra del Mayorazgo de Horcasitas, que sirvió de Aduana, tiene tres  habitaciones y las ocupa don Manuel de Barreda.
27.- Otra de La Casa de la Carneceria, propia de esta villa, que ocupa su  tablajero.
28.- Otra de El Molino del Mayorazgo del Marqués de Legarda, que
ocupa Ramón de Iglesias.
29.- Otra de La casa de los Herederos de don Agustín de Palacio. Tiene  dos altos y están sin inquilino.
30.- Otra de Manuel de la Arena, que ocupa él mismo.
31.- Otra del Mayorazgo de Murga, tiene dos habitaciones, que la una  ocupa don Juan Domingo de Ursueguia y la otra Manuel de Legarreta.
32.- Otra de del Mayorazgo de Taramona, tiene dos habitaciones, y
ambas las ocupa el Administrador don Manuel José Garcia.
33.- Otra de don José Gómez, tiene dos altos, el uno ocupa Juan Antonio  de Trucíos y el mismo Gómez el otro; este es dependiente del Rey
34.- Otra de don Alejandro García, que está de vacío.
35.- Otra de don Angel de Trucíos y Antonio de Telechea: tiene dos
habitaciones que ocupan ellos mismos.
36.- Otra de don Juan Manuel de Ondazarres, tiene tres habitaciones que  ocupan la una Ramón de Ibarra, otra José de Wllar y la otra Francisco Ruiz.
37.- Otra de los Herederos de Ramón de Ariz, que ocupa José de Legarreta.
38.- Otra de del Mayorazgo de Vedia, que ocupa Manuela Martinez.
39.- Otra de don Juan Manuel de Ondazarres, de dos altos, que ocupan  Antonio Pío de la Arena y Manuel de Iglesias.
40.- Otra de José Fernández del Campo, de dos habitaciones, que la una  ocupa él mismo y la otra Domingo de Haedo.
41.- Otra de juan Manuel de Angulo, que ocupa él mismo.
42.- Otra de Mateo González, que ocupa él mismo.
43.- Otra de don José de Castañiza, de dos altos, que ocupan, el uno
Dona Maria Antonia de Urrutia Ruiz, viuda, y el otro doña Josefa de
Terreros, viuda.
44.- Otra de Antonio Fernández del Campo, con dos altos, que el uno él  mismo y el otro Enrique de Achocarro.
45.- Otra de Phelipe de Ibarra, tiene dos altos, que el uno habita Antonio de Arechabaleta y el otro él mismo Ibarra.
46.- Otra de Bonifacio de Ariz, que ocupa Joaquin de Achocarro.
47.- Otra a espaldas de la dicha, propia del Mayorazgo de don Iñigo
Ortes de Velasco, que ocupa Andrés de Arza.
48.- Otra del Mayorazgo de dicho don Iñigo, de dos altos, que el uno
ocupa, don Juan González, dependiente del Rey y el otro Martín de
Abasolo.
49.- Otra del Mayorazgo de Vedia, que ocupa Manuel de Regoyos.
50.- Otra de dicho Mayorazgo de Vedia, tiene dos altos, que el uno
ocupa doña Maria Bentura de Olavarrieta, viuda y el otro está de vacío.
51.- Otra de don Joaquin de Llano, de dos altos que ocupan el uno Juan  Aguirre y el otro Manuel Ortíz.
52.- Otra de El horno de don Joaquín de Llano, que ocupa el dicho
Manuel Ortíz.
53.- Otra del Mayorazgo de Taramona, de dos altos, que el uno ocupa  Manuel de Lasarte, y el otro Domingo de la Torre.
54.- Otra del Mayorazgo de Taramona, de dos altos, que el uno ocupa  José de Zorrilla y el otro la viuda de Antonio de la Peña.
55.- Otra de don Ignacio de Maruri, que ocupa él mismo.
56.- Otra de la Capellanía de don Pedro de los Heros y Antuñano, que  ocupa Diego de Cariga.
57.- Otra de dona Ramona de Sarabia y de las monjas de Medina de Pomar,  de dos altos, que el uno ocupa Matías de Ibarra y el otro Francisco de Uría.
58.- Otra de Pio Antonio de la Peña, de dos altos, que en el uno vive
Antonio de Buruchaga y en el otro Manuel de Estolaza.
59.- Otra de los Herederos de Roque de la Mella, tiene dos altos, que  ocupa el uno Pedro González y el otro Sebastián de Zabala.
60.- Otra del Cabildo Eclesiástico, y otros parcioneros, con dos altos, que  el uno ocupa Gaspar de Ibarra y el otro Juan Antonio Abad.
61.- Otra de los Herederos de Cipriano de Garagorri y Herederos de  doña Antonia de Lanbarri, que ocupa Antonio de Regoyos.
62.- Otra de don Juan Baptista de Cortázar, que ocupa él mismo.
63.- Otra de don Atanasio de Antuñano, de dos habitaciones, que
ocupan la una Manuel de Abalía y la otra Manuel de Vizcaya.
64.- Otra de Domingo de la Torre, que ocupa Manuel de Escalante.
65.- Otra del Mayorazgo de Vedia, que ocupa Juan Manuel de Loredo.
66.- Otra del Mayorazgo de Vedia, que tiene dos habitaciones y ambas  están sin inquilino.
67.- Otra del dicho Mayorazgo de Vedia, de dos habitaciones, que la una  ocupa Ignacio de Enparan y la otra Manuel de Regoyos.
68.- Otra de la Preceptoría de esta villa, que ocupa el Preceptor de Gramática.
69.- Otra de la Capellanía de Taramona, tiene dos altos, que el uno
ocupa Manuel de Olamendi Garmendiz y el otro esta de vacío.
70.- Otra de los Herederos de don Ramón de Ariz, de dos altos, que el  uno ocupa don Rafael de Asúnsolo y el otro esta de vacío.
71.- Otra de Clemente de Villa, que ocupa él mismo.
72.- Otra de Bartolomé Ruiz, que ocupa él mismo.
73.- Otra de Francisco de Telechea y Regoyos, que ocupa él mismo.
74.- Otra del Mayorazgo de Taramona, que ocupa Francisco Martínez.
75.- Otra de la viuda de Yandiola, de dos altos, que ocupan el uno
Cosme de Sobrado y el otro Miguel de Iturbe.
76.- Otra de los Herederos de don Ramón de Ariz y de la Capellanía de  Taramona, de dos altos, que ocupan José de Llantada y Manuel Abad.
77.- Otra de Antonia del Corte, con dos altos, que el uno ocupa
Prudencio de Achocarro y el otro la misma Antonia.
78.- Otra de los Herederos de don Ignacio Gill, que habita Juan José de  Regoyos.
79.- Otra de los Herederos de Phelipe de Irusta, que ocupa Juan Mazón.
80.- Otra de don Domingo de Terreros, que ocupa él mismo.
81.- Otra de don Ramón de Palacio y Angulo, presbítero en Carranza, que  tiene dos altos, el uno ocupa Antonio de la Tejera y el otro Baltasar de la Sota.
82.- Otra de los nietos y Herederos de Bentura de San Cristóbal, que ocupa  Santiago de Garagorri.
83.- Otra de Clemente del Corte, que ocupa la viuda de Francisco Sobrado.
84.- Otra de la Capellanía de don José de Billar y Gorosabel, con dos
habitaciones que ocupan, una Manuel de la Barcena y la otra ]osé
Antonio de Garagorri.
85.- Otra de Un cuarto en la dicha casa, propio de Francisco Fernández,  que habita Agustín de Arisqueta el menor.
86.- Otra casa del Mayorazgo de don Martín de los Heros, que ocupa  Gaspar de Fuentes.
87.- Otra de doña Simona de Zubiaga, viuda, tiene dos habitaciones que  ocupa ella misma.

 

Cubo y Plaza
88.- Otra de ]osé de Sarachaga, que ocupa él mismo.
89.- Otra de Clemente del Corte, que ocupa Juan de Bidarte.
90.- Otra de Manuel de Villa, que ocupa él mismo.
91.- Otra de Ramón de Buenaga y Antonia Machín, que ocupan ellos
mismos.
92.- Otra de Francisco de la Cabareda, tiene dos suelos, que ocupa él  mismo.
93.- Otra de José de Sarachaga, que ocupa Fausta de Vibanco, viuda.
94.- Otra de Clemente del Corte, que ocupa él mismo.
95.- Otra de la Capellanía de don Vicente de los Heros, que ocupa Maria  de Retes, viuda.
96.- Otra del Mayorazgo de don Iñigo Ortes de Velasco, que ocupa
Ramón de Palacio.
97.- Otra de la Capellanía de doña Maria Belázquez de la Cueba, tiene  dos suelos, que el uno ocupa Pedro Julián de Telechea y el otro Juan de  Telechea.
98.- Otra del Cabildo Eclesiástico y de don Matías de Chabarri, tiene dos  suelos, que el uno ocupa Antonia de Bermejillo, viuda y el otro, Antonio  de Losa.
99.- Otra de los Herederos de don Manuel de Billar y de la Hermita de  San Sebastián, que ocupa Luis de Antuñano.
100.- Otra de don Fabián de Cortázar, que ocupa él mismo.
101.- Otra del Mayorazgo de Vedia y del hospital de esta villa, tiene dos  habitaciones que ocupan Domingo de Antuñano y José de Arisqueta el  mayor.
102.- Otra de María de Santiago y del hospital de esta villa, tiene dos  suelos, que el uno habita Pedro de Bedoya y el otro Francisco de  Cabareda, el menor.
103.- Otra del Mayorazgo de don Martín de los Heros y del Cabildo
Eclesiástico, tiene dos habitaciones, en la primera vive Manuel Martínez  y en la segunda Antonio de Aguirre.
104.- Otra de la Capellanía de Don José de Villa, su inquilino Marcos de  Jáuregui.
105.- Otra de Juan de Angulo, tiene dos suelos, que el uno habita Juan  de Bustillo y el otro Matías de las Fuentes.
106.- Otra del Vicario Eclesiástico y de Domingo de las Rivas y de
Domeca  Arnaiz, tiene dos habitaciones, la una ocupa Miguel
Machín y la otra Fermín de Gárate.
107.- Otra de Juan José Ortiz, que habita Luis de Carranza.
108.- Otra del Mayorazgo de don Iñigo Ortes de Velasco, que ocupa
Antonio Sáiz.
109.- Otra de don Matías de Chabarri, de dos suelos, que ocupan el uno  Julián de Artega y el otro Antonio de Sobrado.
110.- Otra de don Joaquín de Llano, don Manuel de Villa y de Joaquina  Ruiz de Vallesteros, tiene dos habitaciones, en la una vive Pedro de  Tellitu, y en la otra Agustín del Yerro.
111.- Otra del Mayorazgo de Haedo, que ocupa Manuel de Escudero.
112.- Otra de doña Simona de Zubiaga, tiene dos habitaciones, que la  una ocupa Santiago de Aresti y la otra Juan Antonio de Regoyos.
113.- Otra de Francisco de San Román, que ocupa él rnismo.
114.- Otra que tiene su entrada por la anterior, y es de doña Bentura de  Gorosábel, y la habita Manuela de los Heros, viuda.
115.- Otra de doña Simona de Zubiaga, tiene tres suelos, que en el uno  habita Bernardo de la Torre, en otro Nicasio de Tramarria y en el otro  Antonio de Mollinedo.
116.- Otra del Mayorazgo de don Ifiigo Ortes de Velasco, tiene dos
habitaciones que ocupan la una Mateo de Arisqueta y la otra Manuel  Pérez.
117.- Otra de don Matías de Chabarri, que tiene dos habitaciones, la una  ocupa Ramón de Claberia, dependiente del Rey y la otra Seberino de  Rufrancos.
118.- Otra de los Herederos de Manuel de San Martín y Olavarrieta,  tiene dos habitaciones, que la una ocupa Manuel López y la otra don  Pedro de Maquibar.
119.- Otra de don Juan Baptista de Cortazar, tiene tres habitaciones, la  una ocupa José de Aguirre el mayor, la otra José Fernández y la otra  Baltasar de Saráchaga.
120.- Otra de don Matías de Chabarri, que ocupa Bíctor de los Heros.
121.- Otra de don Matías de Chabarri, que tiene dos habitaciones y las  ocupa el mismo.

 

Calle de La Cuesta
122.- Otra de don Matías de Chabarri, vive en ella el beneficiado don  Manuel María de la Azuela
123.- Otra de don Manuel de Antuñano, que ocupa él mismo.
124.- Otra que administra don Joaquín de la Azuela, que ocupa Antonio de Solindo.
125.- Otra de las Monjas de Santa Clara, que ocupa Manuel Gómez.
126.- Otra de Francisco de Tramarría, que ocupa él mismo.
127.- Otra de los Herederos de Micaela de Zenarro, que ocupa Manuel  del Barco.
128.- Otra del Mayorazgo de don Martín de Heros, tiene dos
habitaciones que ocupan José de Rufrancos y José García.
129.- Otra de los Herederos de ]osé del Campo y Monasterio, que ocupa  Antonio de los Heros.
130.- Otra de don Rafael de Asúnsolo, que ocupa María de Bisjuezes,  viuda.
131.- Otra del Mayorazgo de Taramona, que ocupa Miguel de Lazcano.
132.- Otra de doña Simona de Zubiaga, que tiene dos suelos, el uno
ocupa Clara de Llano, viuda, y el otro Lorenzo de Ibarra.
133.- Otra de don Vicente de Antuñano, que ocupa él mismo.
134.- Otra de Manuel de Olamendi y Palacio, que ocupa él mismo.
135.- Otra de Josefa de Azcorta, que ocupa Seberino de la Sota el menor.
136.- Otra de Teresa de Mollinedo, que ocupa ella misrna.
137.- Otra de don Antonio Pablo de la Quintana, de dos suelos, que el  uno habita la marquesa de Riscadalegre, viuda, y la otra el presbítero  don Manuel Gómez.
138.- Otra de don Joaquín de Zornoza, que ocupa él mismo.
139.- Otra de don Juan Nepomuceno de Quintana, que ocupa Miguel de  Cariga.
140.- Otra del mismo don Juan Nepomuceno, que tiene dos habitaciones,  que ocupan don Antonio de Villanueva y don Antonio de la Presa.
141.- El mesón de los Herederos de Jerónimo de Elguezabal, que ocupa  Pedro de Escalante.
142.- El mesón del Santo Hospital, que ocupa dicho Escalante.
143.- Otra Casa del Cabildo Eclesiástico, que tiene dos habitaciones, la  una ocupa Francisco Fernández y la otra Santiago Fernández.
144.- Otra de don Antonio de Villanueba, que esta de vacío.
145.- Otra de la Capellanía que administra el Cabildo Eclesiástico, don  Manuel de Villa, que ocupa Juana de Albin, viuda.
146.- Otra de don Francisco Antonio de Albo y de los Taramonas, de dos  suelos, que el uno ocupa Bonifacio Fernández y el otro Manuel de San  Martín.
147.- Otra de Joaquina de Maleo, de Manuel Fernández y Mollinedo y  de la viuda de Miguel de las Ribas, tiene tres suelos, el uno ocupa la misma  Joaquina, viuda, el otro Jerónimo de Terreros y el otro Benito de la Serna.
148.- Otra del Mayorazgo de don Martín de los Heros, de dos habitaciones  que ocupan la una don Joaquín de la Quadra y la otra don Juan Baptista de  Azcúe, dependientes del Rey
149.- Otra de los Herederos de don Pedro de la Colina, tiene dos
habitaciones, la una ocupa don Francisco de Aransaez y la otra Justo de  Hereño.
150.- La Casa de la villa, que ocupa don Antonio de Urrutia.

 

Calle de La Correría
151.- La Casa del Mayorazgo de Zumalabe, con dos altos que habitan  doña Joaquina de Zumalabe y sus hermanas.
152.- Otra de los hijos y Herederos de Cipriano de Garagorri, que
ocupan ellos mismos.
153.- Otra del Mayorazgo de Zumalabe, que ocupa Bernabé de Lanzagorta.
154.- Otra de Concepción de Anchoca, viuda, de dos altos, que el uno  ocupa Juan Manuel de Salazar y el otro dicha viuda.
155.- Otra de Miguel de la Pena, de dos altos, que están sin inquilino.
156.- Otra del Mayorazgo de Murga, de dos altos, que el uno ocupa
Francisco de Vizcaya y el otro José de Cosca.
157.- Otra del Mayorazgo de Vedia, de dos altos, que ocupa don Matías  de Orrantia.
158.- Otra de don Antonio de Villanueba y de Josefa de San Román, de  dos altos, que ocupan Francisco de Ynguanzo y José de Achocarro.
159.- Otra de María de los Heros y de José de Cruceta, de dos altos, que  el uno ocupa Francisco de Gorrita y el otro Juan de Uberichaga.
160.- Otra de Juan José Ortiz, de dos altos, que el uno ocupa él mismo y  el otro está sin inquilino.
161.- Otra de Roque González, que ocupa él mismo.
162.- Otra del Mayorazgo de Vedia y de Josefa de San Román, viuda,  que es de dos suelos y ocupa ella misma.
163.- Otra de don Manuel Wcente de la Arena, que tiene dos altos, que  el uno ocupa el mismo y el otro no está acabado.
164.- Otra de José de Villar y Terreros, de un alto, que ocupa él mismo.
165.- Otra de don Joaquin de Llano, que ocupa Antonio de la Palenque
166.- Otra de Juana de Albin y de Luis Giménez, de dos altos, que el
uno ocupa éste y el otro Agustín Miñón.
167.- Otra de Luis Giménez y de Manuel de Renovales, de dos altos, que  habitan ellos mismos.
168.- Otra de don José de Molenillo, de dos altos, que el uno ocupa él  mismo y el otro don Francisco Antonio Albo.
169.- Otra del presbítero capellán don Manuel Gómez, que ocupa
Francisco de Gallarreta.
170.- Otra del Mayorazgo de don Juan Nepomuceno de Quintana, de  dos altos, que el uno ocupa Francisco de Telechea y Orrantia y el otro  lsidro de Arrondo.
171.- Otra del Mayorazgo de Taramona, de dos altos, que el uno ocupa  José de la Palenque el menor y el otro Manuel de Cariaga y Sobrado.
172.- Otra de la Capellanía que posee don José de Gorrita, de dos altos,  que el uno ocupa Bonifacio de Albinagorta y el otro José de Mazon.
173.- Otra de don José de Gorrita, de dos altos, que ocupa él mismo.
174.- Otra de don Joaquin de Llano, con dos altos, que el uno ocupa
Nicolás de Tramarría y el otro Manuel de Isusi.
175.- Otra de los Herederos de Jerónimo de Elguezabal, de Concepción  de Anchoca y del Santo Hospital, de dos suelos, que el uno ocupa  Cosme Machín y el otro Eustaquio de Antuñano.
176.- Otra de Antonio de Terreros y de don Ramón de Angulo, cura de  Biergol, tiene dos suelos, que el uno ocupa dicho Antonio y el otro José  Vicente de Albinagorta.
177.- Otra de la Heredera de don Pedro de Allende, de dos altos, que el  uno ocupa Pedro de Uriarte y el otro Benita de Sarmina, viuda.
178.- Otra de la Capellanía del doctor José de Billar que tiene dos
altos, uno ocupa Maria de los Heros, viuda y el otro Juan de Malda.
179.- Otra de los Herederos de Jerónimo de Elguezabal, y de los
Herederos de don Gabriel de la Mella y de don Pedro Cueli; tiene dos  suelos, que el uno ocupan los Herederos de dicho Elguezabal y el otro la  viuda de dicho Cueli.
180.- Otra del Santo Hospital y otros porcioneros, tiene dos altos, que  ocupan Pedro de la Paliza y Joaquin de San Martín.
181.- Otra de Agustín de Angulo y Benita de la Puente, viuda, de dos
altos que ocupan ellos mismos.
182.- Otra de don José Antonio de Esnarrízaga, de dos altos, que ocupan  el uno Manuel de Echabarría y el otro María de Ocharan, viuda.
183.- Otra del Mayorazgo de don Antonio de la Torre y Calera, tiene dos  altos, que el uno ocupa él mismo y el otro el Vicario de esta villa.
184.- Otra de don Antonio de la Quintana, con dos altos, que el uno
ocupa Bonifacio de Antuñano y el otro Joaquin de Ibarra.
185.- Otra de dicho Quintana, que tiene dos altos, el uno ocupa Manuel  López Santayana y el otro Juan Domingo de Descarga.
186.- Otra del mismo Quintana, de iguales altos, que ocupan el uno
Pedro de Villa y el otro está sin inquilino.
187.- Otra de dicho Quintana, con dos suelos, que el uno ocupa Antonio  de Ibarra y el otro Antonia de Iturriaga, viuda.
188.- Otra de dicho Quintana, de un suelo, que ocupa Juan Santos de  Antuñano.
189.- Otra de don ]osé Antonio de Beti, con dos altos, que ocupa él mismo.
190.- Otra de don Lorenzo de Asúnsolo y de Maria de Asúnsolo, que
tiene dos altos, que el uno ocupa dicha María y el otro Manuel de
Llantada.
191.- Otra de don Atanasio de Antuñano, que ocupa él mismo.
192.- Otra de don Vicente de Antuñano, de dos altos, que están sin inquilino.
193.- Otra de don ]osé de los Heros, que ocupa él mismo.
194.- Otra de don Pastor Antonio de los Heros, que ocupa él mismo.
195.- Otra de ]uan Antonio de Aro, que ocupa su viuda.
196.- Otra del Mayorazgo de don Iñigo Ortes de Velasco, que ocupa
Joaquín Sáinz.
197.- Otra de los Herederos de don Ramón de Ariz, que ocupa Joaquín  de Rufrancos.
198.- Otra de don Fulano de Astobiza, vecino de Bilbao, que ocupa
Manuel de Retes.
199.- Otra de los Herederos de don Ramón de Ariz, que ocupa Antonia  del Campo, viuda.
200.- Otra de las Religiosas de Santa Clara, que ocupa Manuel Ramón de  Bermegillo.
201.- Otra de don Phelipe de la Puente, de tres altos, que ocupan el uno  Joaquin de Llona, el otro Francisco de Buenaga y el otro Mateo de  Antuñano.
202.- Otra de los Herederos de don Ramón de Ariz, de dos altos, que  ocupan José de Olamendi y Manuela de Zubiaga, viuda.
203.- Otra de ]uan Esteban de Villa y de Emeterio de Escarzaga, que
tiene dos suelos, que ocupan dicho Villa y Juan de Gallaga.
203 bis.- Otra casa que llaman de los Velascos y está amenazando ruina  y por lo mismo no se anota.
204.- Otra de Juan de Angulo, que ocupa Francisco de Iraola.
205.- Otra de Francisco del Escobal y de don Joaquín de Menoyo, que  ocupa dicho Escobal
206.- Otra de don Matías de Chabarri, que tiene dos altos, y que ocupan  el uno Manuel de Ibargüen y el otro Vicente del Corte.
207.- Otra de don Joaquín de Menoyo, que tiene dos altos, que ocupa  Manuel Ispizua.
208.- La casa de doña Maria Cornelia de Terreros, viuda.
209.- Otra de don Joaquín de Menoyo, que ocupa Domingo de Villa.
210.- Otra de Isabel de la Presilla, viuda, de dos habitaciones, que
ocupan Flores de los Heros y Manuel Vélez.
211.- El molino del Ygar, de don Joaquín de Llano y don Alejandro
García, que ocupa Flores de los Heros.
212.- El Molino de la Carrera, de don Antonio de la Torre y Calera,
perteneciente a su Mayorazgo que ocupa Gabriela de Rufrancos, viuda.
213.- El Molino de Bañares, propio del Mayorazgo de don Iñigo Ortes de  Velasco, que ocupa Francisco de Olamendi.
214.- La casa de la Yseca, propia del Mayorazgo de dicho don Iñigo, que  ocupa José de Orrantia.
215.- El Molino de la Penilla, propio de don Vicente de Antuñano y de  don José de los Heros y Antuñano, que ocupa Antonio de Aresti.
216.- El Molino de Cornejo, propio del Mayorazgo de don Iñigo Ortes de  Velasco y de don Joaquín de la Azuela, que ocupa Antonio de Basauri.
217.- La casería de la Pedraja, de don José de Beti, que tiene dos
habitaciones, que ocupan la una Francisco de Huerta y la otra Manuel  de Arisqueta.
218.- La casería de Zornoza, propia del Mayorazgo de dicho don Iñigo  Ortes de Velasco, de dos habitaciones que ocupa una Antonio de  Antuñano y la otra Francisca de Retes, viuda.
219.- La casería de Arbiz, propia del Mayorazgo de don Juan
Nepomuceno de Quintana, que ocupa María de Muñoz, viuda.
220.- Otra casería en Arbiz, de la Capellanía de Vedia, que ocupa Joaquín  de Urquijo.
221.- La casería de la Cantera, propia de don Joaquín de Llano, que
ocupa Juan de Losa.
222.- La casería del Nocedal que quedo por muerte de don Pedro de
Allende, que ocupa Domingo de Bermeosolo.
223.- Una casa en las Tenerías, propia del Mayorazgo de los Vedias, de  dos habitaciones que ocupa ]uan José de Doran.
224.- Otra casa en dichas Tenerías que es de José de Legarreta, que
ocupa Pedro de Alquegui.
225.- Otra de Mateo González, en dichas Tenerías, que ocupa Mateo de  Barabat.

 

Campo de Santa Clara y camino que va a Edillo
226.- Un Molino en el Campo de Santa Clara, propio del Mayorazgo del  Marqués de Legarda, que ocupa Tomás de las Fuentes.
227.- Otro Molino en dicho Campo de Santa Clara, propio del
Mayorazgo de don Iñigo Ortes de Velasco y de la Heredera de don
Pedro de Allende, que ocupa Ignacio de Garay
228.- En dicho Campo de Santa Clara, una casa de las monjas que ocupa  su Capellán don Andrés de Molinuevo. .
229.- La casería de la Baluga, de doña Mariana de Villar Puego, que
ocupa Agustín Romillo.
230.- La casería de Salinillas de los Terreros de Gordejuela, que ocupa  Gregorio de Villa.
231.- La casería del Peñueco, propia del Mayorazgo de don Antonio de  la Torre y Calera, que ocupa José de Aresti.
232.- La casería de Arla, propia del Conde de Murillo, que ocupa
Manuel de la Puente.
233.- La casería de Zaramillo, propia de don ]osé Antonio de Angulo,
que ocupa Manuel de Salazar.
234.- La casería de la Eruza, propia de doña Simona Zubiaga, que ocupa  Agustín de Arisqueta el mayor.
235.- La casería del Sabugal, propia del conde Garciez, que ocupa Lucas  de Ulíbarri.
236.- La casería de la Erbosa, propia del Mayorazgo de don Iñigo Ortes  de Velasco, que ocupa Pedro de Cariga.

 

Aldea de Pandozales
237.- La casa de don José Antonio de Areche, que ocupa Joaquín Escudero.
238.- Otra de Antonio de Bermegillo, que ocupa él mismo.
239.- Otra de don Juan Baptista de Cortazar, que ocupa Vicente de
Antuñano y Zubiaga.
240.- La casería de dona Bentura de Gorosabel, y otros parcioneros, que  ocupa Domingo de la Bárcena.
241.- Casería de los Bermegillos, que ocupa Francisco de Gallarza.
242.- La casería de Coterón, propia de Joaquín de Manzaneda, que ocupa  Manuel de Abellaneda.
243.- La casería de Buenos Aires, en la dicha aldea de Pandozales, que es  de don Atanasio de Antuñano, que ocupa Domingo Fernández y Ulíbarri.

 

Otras Caserías
244.- La casería de la aldea de Soparedes, propia de los Herederos de  Gaspar de Antuñano, que ocupa Gregorio Fernández del Campo.
245.- La casería de la Aldea del Cerecillo, propia de los Herederos de  Antonia de Lanbarri, don Lorenzo Antonio de Vedia y de otros
parcioneros, que ocupa Ramos de Machín.
246.- La casería que llaman la Brena, del Mayorazgo de don Antonio de  la Torre y Calera, que ocupa Felipe de Ibarra.
247.- La casería que llaman de la Cubera, propia del Patronato Laical de  don Manuel de Antuñano, que tiene dos habitaciones, que la una ocupa  Manuel Fernández y Cariga y la otra Manuel Fernández y Tobo.
248.- La casería que llaman Quitapesares, propia del Mayorazgo de don  Martín de los Heros, que ocupa Manuel Fernández y Ulíbarri.
249.- La casería del Portillo, encimera, propia del Mayorazgo de don ` Iñigo Ortes de Velasco, que ocupa Juan de las Fuentes.
250.- La casería del Portillo propia de la Heredera de don Pedro de
Allende, que ocupa Manuel Fernández y Galíndez.
251.- La casería del Arroyo, que posee Manuela de Ubilla, que ocupa
Juan Antonio de Yñarritu.
252.- Una casa con su Horno tras de la Casa de la villa, propia de Josefa
de Azcorta, viuda, que ocupa ella misma.
253.- Una casa del Mayorazgo de los Vedia, tras de la iglesia de San
Severino, de dos altos, que el uno ocupa José de Ibargüen y el otro José  Fernández.
254.- La casa y horno de Antonio de Villanueva, tiene dos altos, que el  uno ocupa Felipe de Manzaneda y el otro Francisca Suárez, viuda.
255.- La casería de Santo Domingo, propia del Patronato de don Juan  Ignacio Delgado, que ocupa Manuel Fernández y Mollinedo.
256.- Un Horno junto a la iglesia de San Severino, propio del conde
Garciez, que ocupa Santiago de Ereño.
257.- La casa de Emeterio de Escarzaga, tiene tres habitaciones, que
ocupan Antonio de Amesarri, Manuel de Cosca, e Ylario López.
258.- La casa de los Placeres, propia de los Herederos de don Gabriel de  la Mella, que ocupa Manuel de Antuñano y Abásolo.
259.- Tres casas propias de la Hermita de la Magdalena, en el Barrio de  este nombre, que ocupan Manuel de Cariaga, Antonio de Rufrancos y  Pedro Gómez.
260.- El Molino de Tanblanzan, propio de don Matías de Chabarri y de  don Manuel de Barreda, que ocupa Miguel de Iglesias.

 

Aldea de La Piedra
261.- Una casa propia de los Herederos de Antonia de Mendiguren, que  está sin inquilinos.
262.- Otra de los Herederos de don Agustín de Palacio, que ocupa
Marcelo de Ibarra.
263.- Otra de ]osé de Ereño y otros parcioneros, que ocupan ellos
mismos.
264.- Otra de don Matías de Chabarri, que ocupa José Escudero.
265.- Otra de la Capellanía que administra don José de Villaurrutia, que  ocupa Juan de Garabilla.
266.- Otra de Juan del Campo, que ocupa el mismo.
267.- La casería del Mayorazgo de Vedia, que ocupa Alejandro de Sauto.
268.- La casería del Marqués de Legarda, que ocupa Agustín del Campo.

 

En la anterior enumeración se omitió por olvido natural la inclusión de los
edificios, martinetes y ferrerías siguientes:

269.- Un Martinete de labrar cobre titulado de la Carneceria, corriente y  labrante, propio del Marqués de Legarda.
270.- Otro en el sitio del Ygar; también labrante, propio de don Joaquín  de Llano y de Alejandro Garcia.
271.- Otro llamado de la Yseca también labrante, propio de don Iñigo  Ortes de Velasco, vecino de Orduña.
272.- Otro en la Penilla, propio de don Vicente de Antuñano y de José de  los Heros.
273.- Una Ferrería en La Mimbrera, propia de doña Josefa de los Tueros  y de Miguel de Bárcena. .

 

Con los dichos cinco edificios se componen 273 casas en la dicha villa de  Balmaseda, 18 de Octubre de 1.796.   Firmado José de Gorrita.

Total: 273 casas y edificios, y 375 y 1 /2 fogueras.

Nota: Hay que tener presente que aquí se cuentan por fogueras, las habitaciones  que ocupan las viudas cuando ocupan más de una, de modo que si una viuda  ocupa dos habitaciones se cuenta por foguera y media. Parece que debe de ser  asi según lo que sobre el particular tiene expuesto el sindico.

Copyright 1999. Julia Gómez Prieto. Todos los derechos reservados

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05.2.2.- Estructura Demografica

Las Migraciones

Balmaseda   1700 – 1800: Lugares de Procedencia de los Novios  (%)

 

PROCEDENCIAS      1700-       1750   1750-1800    TOTAL SIGLO XVIII
 

Valle de MENA
– Concejo de  ZALLA
– ESPAÑA
– BIZKAIA
– BILBAO 
– BURGOS
– GORDEJUELA
– TRUCIOS 
– CARRANZA
– SOPUERTA
– ARCENTALES 
– GUEÑES
– Valle de AYALA 
– EXTRANJEROS

H

11,76
6,06
11,76
5,52
5,52
1,24
2,67
1,78
1,24
0,89
1,60
1,60
1,42
0.71

M

12,29
6,95
6,41
3,03
3,03
1,42
2,85
2,31
1,78
0,89
1,60
2,31
1,06
0.17

H

17.23
5,48
8,87
4,69
4,69
0,78
2,08
3,65
1,82
2,34
0,52
1,04
3,39
1,04

M

12,53
7,31
3,65
1,30
1,30
0,52
3,91
2,87
1,30
0,78
2,34
2,61
1,56
0,26

 

26,37
12,92
15,88
7,52
7,52
2,11
5,72
5,08
3,07
2,33
3,07
3,81
3,49
1,05

Fuente: A.P.B. Libros de Casados, siglo XVIII. Elaboración propia

Ver JULIA GOMEZ PRIETO Op. cit. pág. 76 Cuadro 4.2.

 

mapaenkarterri

Según este cuadro se percibe que la villa de Balmaseda era un punto aglutinante  de emigración de Las Encartaciones, siendo el valle de Mena  y el concejo de Zalla, los que aportaron el  mayor número de inmigrantes  a la villa. Además la mayoría de los llegados que celebran su boda  en Balmaseda, son gente muy joven, por lo que este fenómeno migratorio incidió mucho en el desarrollo demográfico general.

 

05.2.1.- Evolución y Crecimiento

 

          La población de Balmaseda presenta una pautas de conducta realmente interesantes, tanto por su desarrollo general como por su despegue demográfico, un tanto lejano de las cifras generales europeas e incluso de las propias españolas. La villa, precisamente por su relativa proximidad a la frontera francesa, estuvo expuesta a cuantos avatares bélicos tuvieron como contendiente al vecino país: Guerra de Sucesión y de la Convención, en el siglo XVIII, y la de Independencia en el ochocientos. Si a éstas unimos las contiendas civiles posteriores, se contempla un rosario de etapas bélicas que suponen uno de los factores más incidenciales en la población de la villa encartada. 

         Un segundo factor fueron las crisis de origen patógeno, que se produjeron en diversas ocasiones y con diferentes intensidades en los siglos estudiados. Si en las primeras centurias, años quinientos y seiscientos fue la peste el azote endémico habitual, en las dos últimas aquélla se vio sustituida por el cólera y la viruela.

 Las depresiones demográficas menos comunes en Balmaseda fueron precisamente las de subsistencia, si bien pudieron existir como causa subyacente en algunas de las crisis, acompañando a los factores anteriormente citados. La inexistencia de series de diezmos – y por ello el desconocimiento del volumen de cosechas – impide constatar debidamente la afirmación anterior, pero dentro de lo que se ha analizado, las crisis del mercado balmasedano no parecen latentes como en otros lugares de la Península.  

1. Evolución demográfica 

         Balmaseda, como villa mercado, presentaba una demografía abierta y dinámica, siempre dentro de los límites lógicos de una época de Antiguo Régimen. El ser villa de paso implicaban un gran movimiento de personas, un flujo continuo de gente, a menudo joven, como puede constatarse en los matrimonios, que sin embargo no quedaba reflejado en un gran crecimiento. Las migraciones fueron norma general a lo largo de los siglos, recibiéndose de continuo nuevos aportes poblacionales, pero también perdiéndolos por otro lado. 

         El deseo de no alargar excesivamente esta comunicación, obliga a recortar un análisis secular que, por esta causa, no puede descender a datos prolijos. 

         En Septiembre de 1536 se inscribe la primera partida de Bautismo en los libros parroquiales de Balmaseda. Las de Finados aparecen en Marzo de 1616 y por último las partidas de Casados comienzan en Noviembre de 1623. Así el primer siglo de datos poblacionales se circunscribe en exclusiva a la curva de nacidos. Esta, con un ritmo bastante regular, a pesar de las lagunas cronológicas, indica ya una demografía rica y abundante, que sin duda era reflejo de un nivel económico bastante aceptable. 

En este siglo XVI hubo sin embargo algunas crisis cíclicas que correspondieron a períodos de peste en la villa. Fueron los años de 1536, 1576 y 1599, en los que se cortaron etapas expansivas intermedias como las de 1547-57 y 1585-90. La epidemia del 99 fue sin duda la más terrible de las pestes que la villa conoció. 

         En el siglos XVII se percibe casi dividido por la depresión de 1.654, tras la contracción de 1638. Se produce una nueva crisis en 1644, con hiato consecutivo. Los nacidos siguen un ritmo suavemente ascendente, acelerado en la segunda mitad, hasta la crisis de 1669, ya en época de Carlos II. Entre 1680 y 1684 los desastres climáticos inciden en las cosechas. 

         El siglo XVIII marca una crisis inicial con la Guerra de Sucesión hasta 1711. Le siguen otras crisis en 1742-43 y 1750 con alta mortalidad. El hiato de 1750-65, preludia nuevas depresiones en los años 60 y 70 que coinciden con as crisis generales del país. En 1782, sin embargo, se alcanza el techo demográfico, pero la guerra finisecular de la Convención supuso un frenazo al despegue que se estaba iniciando. 

         En siglo XIX también comienza con una crisis inmersa en la general  del Señorío y del resto del país. El 6 de Noviembre de 1808, la villa arde por los cuatro costados. Es la guerra de la Independencia que sirve de entrada a una centuria profundamente mercada por las dificultades derivadas de guerras y epidemias. Se sucedieron tres conflictos carlistas de mayor o menor importancia en 1835, 1852-55 y 1872-75, así como diversos morbos de cólera, en 1849 y 1855, y viruela en 1874 y 1878.  

         Entre 1768 y 1860, Balmaseda tuvo un crecimiento vegetativo de solamente 883 personas. La situación mejora hacia 1880 y la población se proyecta al fin hacia un régimen demográfico moderno, con crecimiento acelerado con un incremento anual de 60 personas entre 1897 y 1900. Por todo ello puede afirmarse que la población de Balmaseda no alcanzó el final del Antiguo Régimen hasta el año 1890 aproximadamente.

 

EVOLUCION   EN HABITANTES : 1618 – 1900

 

 

Habitantes

Fuente
 

Año 1618

1.350 Fogueración
Año 1685 580

 

Año 1704

630

Año 1745

1.179

Año  1768

1.529 Censo de Aranda
Año  1787 1.937

Censo de Floridablanca

Año  1797

1.683

Censo

Año  1798 1.690

Fogueración

 

Año 1857

2.309 Censo
Año 1860 2.412

Año 1877

2.420

Año 1887

Año 1897

 
Año 1900 3.226

Censo

05.2.3.- Indices Poblacionales

 Los Indices Demográficos

 

3d render of people on reflective pie chart. Concept of companies and business merge and acquisitions

05.2.3.1.- La Nupcialidad

En el comportamiento de las tasas demográficas, la curva de nupcialidad es la más estable, manteniéndose en niveles igualados durante los tres siglos en que existe. Las incidencias críticas que asoman en las otras curvas, se han compensado aquí con el flujo migratorio que mantuvo el equilibrio nupcial, sin olvidar que la familia era base socio-económica esencial en una villa mercantil y ferrera. Los balmasedanos fueron muy estrictos con la abstinencia cuaresmal, respetando también las vendimias, de forma que preferían casarse en primavera y verano (1).

Muy a menudo se desposaban con novios/as foráneos, hecho que se acrecentó en la centuria del XIX, frente al anterior siglo XVIII. En éste, el 45,3% de los novios se casaba con jóvenes forasteros y el 10,6% de las parejas eran de fuera de la villa. Sendas cifras se incrementaron en el siglo XIX hasta alcanzar el 37,3% que eran de la propia localidad. Su procedencia no era lejana puesto que Balmaseda actuaba como punto centrífugo de zonas limítrofes. No extraña por tanto que los principales llegados fuesen meneses y encartados, mientras que los extranjeros casi brillaban por su ausencia (2).

Los balmasedanos no amaban la soltería puesto que únicamente un 6,34% de los finados eran célibes y además, casi todas mujeres, incluso algunas madres solteras. La edad preferida para contraer nupcias estaba alrededor de los 23-26 años para ambos sexos, si bien ellas matrimoniaban más jóvenes, a veces antes de los 20 años (3). Las viudas eran discretamente abundantes, y en cambio los hombres casi siempre reincidían, eligiendo nueva esposa entre mujeres jóvenes (4).

Libros de Casados: 1623-1900

En 9 Libros de Casados  de la Parroquia de San Severino están inscritas las 3.450 Actas de Matrimonio que han sido recogidas y analizadas en esta tesis doctoral. Todos los libros están en buen estado de conservación. La primera partida corresponde al mes de noviembre de 1623. Son actas bastante complejas en datos, cuya fiabilidad va acrecentándose  con el tiempo.  A menudo se inscriben en ellas las Velaciones  como continuación de la partida de matrimonio. Y a veces solo aparece el acta de estas velaciones, si la boda se celebró fuera de la villa. Así mismo se especifican las Dispensas de Impedimento y los Matrimonios por Poder

05.2.3.2.- La Natalidad

          La constante nupcialidad forzosamente había de incidir en la abundante natalidad existente a lo largo de los cuatro siglos. Los balmasedanos fueron una comunidad fértil, acrecentada por las propias migraciones, lo que contrapone un altísimo número de bautizados frente al lento crecimiento demográfico, sin duda rebajado por una mortalidad, especialmente infantil.

Las tasas medias dan valores del
– 49,47% para el siglo XVII 
– 31,28% en el siglo XVIII 
– 24,52% para el siglo XIX.

Las tasas de natalidad rondan del 35% al 50%, lo que concuerda con la natalidad general española de las mismas épocas. Concebían sus hijos sobre todo en primavera, tras la Cuaresma, y en verano, que es cuando se daba el máximo de bodas, siendo la ilegitimidad poco relevante en cantidad, pero muy interesante en su cualidad (5).

Los niños ilegítimos fueron más abundantes en épocas de crisis y etapas bélicas, aunque nunca faltaron los hijos de sirvientas y desde luego los de burdel. Su mayor incidencia se va a dar en el siglo XIX, con índices de 3,4 dentro de un gran aumento de la natalidad general.

Al margen de las guerras los años con más ilegítimos fueron 1830, 1835 y 1880-1900. Los dos primeros, época de graves crisis económicas y la última época, coincidiendo con la proletarización de la villa.

Libros de Bautizados: 1536-1900

El análisis de la Natalidad  se ha trabajado sobre los Libros de Bautizados  de la parroquia de San Severino, que era la única pila bautismal de la villa.
Se han consultado un total de 21.786 partidas de Bautismo, siendo la primera partida de setiembre de 1536. Están inscritas en 33 libros parroquiales, todos ello en magnífico estado de conservación y con mínimas lagunas cronológicas.

No se incluyen obviamente los niños que nacían muertos  (mortalidad endógena), ni tampoco la mortinatalidad (niños muertos durante el parto).

Un muestreo aleatorio realizado en cada siglo ha dado una media de 3,3 días de diferencia entre la fecha de nacimiento y la de bautismo. Si el niño presentaba algún peligro de muerte, recibía el “agua de necesidad” que se consideraba a todos los efectos  como bautismo y como tal era inscrito.

05.2.3.3.-  La Mortalidad

La curva de mortalidad es la más precaria de las tres a consecuencia de los párvulos cuyos datos no existen entre los años 1686 y 1867(6). (Véase gráfico V). Dos siglos en los que los finados adultos marcan el ritmo general de defunciones, cuya tasa se sitúa entre el 15-30%, siendo la tasa con párvulos muy similar desde 1787. Y es que la mortalidad infantil fue considerable colocándose entre un 70% y un 31% en orden decreciente constante.

GRÁFICO V. Mortalidad: 1623 – 1686 (próxima publicación)

La sobre mortalidad fue periódica y aparecía cíclicamente, correspondiendo desde 1790 a crisis bélicas, que afectaron en diversa medida a la población civil y entre ella, de forma más notable a los niños. Estos morían de afecciones típicamente infantiles pero no se libraron tampoco de las epidemias endémicas que diezmaban a los adultos. Por ello en el siglo XIX nunca se bajará del 71% de mortalidad infantil, habiéndose mantenido en niveles del 110% al 230% en toda la centuria. La edad de óbito se situaba alrededor de los 1 – 3 años y estaban muy igualadas entre los lactantes. Puede decirse que un 40-42% de los niños no llegaban a su primer año de vida (7). (Véase Grafico VI).

GRÁFICO VI. Edades al morir Adultos – Párvulos: 1867 – 1900 (próxima publicación)

Los adultos por su parte finaban a edades muy repartidas pero dominando los 40-60-70 para los varones y los 40-70 para las mujeres, con el punto álgido en sus 50 años y no siendo significativa la muerte por parto. Morían más balmasedanos en invierno y verano, con etiologías estacionales que fueron cambiando según los siglos y se relacionaban con las epidemias y endemias ya conocidas. Fuera de estos ámbitos patógenos, las enfermedades relacionadas con el cambio climático, eran las de mayor incidencia (8).

Libros de Finados:1616-1900 

Los Libros de Finados abarcan un total 7.679 Actas de Defunción. Comienzan en marzo de 1616, en que se inscribe la primera partida. Presentan una excelente conservación. Algunas veces incluyen testamentos o los mencionan.

Forman solamente 11 libros de partidas puesto que la Mortalidad Infantil y la Mortalidad de Párvulos  no se incluyen entre las actas de adultos. La infantil  responde al fallecimiento de niños menores de 1 año; cuando se hace referencia. A edades entre 1 y 10 años se habla de los Párvulos.

En la parroquia de San Severino  ha sido difícil recoger los datos de ambos tipos de menores y ha sido necesario utilizar porcentajes de corrección  que los expertos en Demografía Histórica ya tienen previstos. En Balmaseda los Párvulos aparecen inscritos en el Libro de Fábrica  de la parroquia. Con la salvedad de que, en Balmaseda, solo se ha conservado 1 libro de Fábrica correspondiente a los años 1623 – 1686.

Visión de Conjunto

A la vista de todo lo mencionado, se puede determinar que la centuria del 1500 es expansiva, incluso demográficamente como lo fue en economía. La población que, aún con las lagunas documentales, se intuye vitalista y en crecimiento, se verá asediada por rachas endémicas de peste, que agostarán su crecimiento. La peste del año 1599 supuso una mortandad de 300 vecinos, sobre un total de 700 que tenía la villa.   Es un vecindario de Antiguo Régimen, que aunque bamboleado por las epidemias, tiene sin embargo fuerza y actividad como producto de su base económica estable.

En el siglo XVII la crisis general de la villa se plasmó también en su población, que tardó muchos años en recuperarse de la peste finisecular, en la que perdió una buena pararte de su vecindario. Solamente a partir de 1623 existen las tres curvas demográficas que hasta llegar al medio siglo reflejan las dificultades por las que también pasaban la población de todo el país. El año 1699 fue especialmente difícil, con un 60% de mortalidad infantil.

El crecimiento fue más amplio en la segunda mitad, si bien se mantuvo constante y alcista aunque de poco volumen anual. La villa sufrió una paralización de su industria ferrera, lo que hizo resentirse  su economía. Mientras tanto el poder estamental se consolidaba.

El asentamiento demográfico a lo largo del siglo XVIII hacía prever un despegue poblacional de ámbito moderno. Pero el comienzo bélico del siglo siguiente va a mantener los bajos niveles demográficos de la centuria anterior durante unos años. Comienza la recuperación a partir de 1720 al mismo nivel que toda España. Pero las crisis no se alejan y aparecen cíclicamente. Sin embargo, se alcanza techo a fin de siglo preludiando el despegue demográfico que ya tenía lugar e Europa. No pudo ser así; las guerras de los años siguientes cortaron toda esperanza y hubo que esperar casi un siglo para ver cómo ese despegue se hacía realidad.A la estabilidad poblacional se contrapuso el engranaje económico, el cual, recuperado en la primera mitad del siglo, desde 1750 va caer en una profunda crisis decisiva para Balmaseda, a causa de la pérdida del Camino Real hacia 1768.

Un segundo punto de crisis se sitúa en el sistema ferrero, afectado por la Revolución Industrial y que vio caer vertiginosamente las exportaciones de hierro. La coyuntura finisecular del siglo XVIII fue para Balmaseda la peor de su larga historia; su buen mercado languidecía fuera de los circuitos comerciales; sus ferrerías apenas vendían y por último, desde 1793 va a verse envuelta en casi un siglo de guerras endémicas.

El siglo XIX presenta en Balmaseda una demografía semejante en sus curvas a las crisis del siglo XVII. En población este siglo fue una centuria crítica, sobretodo entre 1793 y 1890, período en que se suceden hasta cinco conflictos bélicos, varias epidemias y un declinar económico imparable. La inestabilidad se aferra a la curva de defunciones, mientras el crecimiento intenta sobrevivir y aumentar con una natalidad sostenida. No es difícil sospechar que, sin guerras, Balmaseda hubiera tenido una demografía moderna quizás desde 1782, y con tan sólo pequeños baches en un crecimiento alcista sostenido.

La población de Balmaseda, estabilizada en el XVIII y esquilmada en el XIX fue de Antiguo Régimen hasta los umbrales del siglo XX, con una constante migratoria que nunca decayó; el tan deseado despegue solamente se producirá a partir de 1885-86 y más ostensiblemente a partir de 1890.

 NOTAS

(1).- Véase las obras de CARO BAROJA, J.: Los Vascos. Madrid 1972; La Estación del Amor. Madrid 1974; El Estilo Festivo. Madrid 1980.
(2).- GÓMEZ PRIETO, J.: La villa de …, op. cit. Capítulo III, Matrimonio y Migraciones.
(3).- BALERDI, C.: Aspectos demográficos de Balmaseda y Portugalete entre 1860 y 1885.U. Deusto 1974. Tesina inédita.
(4).- Las terceras nupcias sólo se dieron en el siglo XIX con 23 casos sobre un total de 357 viudos por segunda vez. En ell siglo anterior hubo un solo caso en la segunda mitad. En 1804 casó por cuarta vez el único viudo que lo hizo en toda la historia de la villa.
(5).- En Balmaseda, los ilegítimos se inscribían de esta forma: “José:: y el apellido materno”, dándose a entender así que la madre era moza soltera. Se ponía moza libre si era de burdel. Los niños expuestos en algún lugar de la villa llevaban habitualmente los nombres de María o Severino, y como apellidos el de San Juan, San Severino, Balmaseda o Vizcaya.
(6).- Para el siglo XVII los párvulos del Libro de Fábrica dan un promedio del 51,88% en menores de 10 años. Este porcentaje se ha aplicado en los cálculos aproximados de la mortalidad infantil para aquellos períodos en que no hay datos.
(7).- En el Gráfico VI: Mortalidad entre 1623 y 1686, se inscriben tanto los adultos como los párvulos, estando éstos anotados en las partidas del Libro de Fábrica. En el siglo XVIII suelen apuntarse algunos finados párvulos esporádicamente al margen de su partida de bautismo. Existe un Libro de Párvulos que comienza en 1867, pero desde 1877 la mortalidad infantil va incluida dentro de los Libros de Finados Generales.
(8).- Las causas de muerte se incluyen en las partidas de finados solamente a partir de 1863, y aunque no son demasiados años de datos, son interesantes por la variedad de etiologías que presentan.

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