05.2.3.- Indices Poblacionales

 Los Indices Demográficos

 

3d render of people on reflective pie chart. Concept of companies and business merge and acquisitions

05.2.3.1.- La Nupcialidad

En el comportamiento de las tasas demográficas, la curva de nupcialidad es la más estable, manteniéndose en niveles igualados durante los tres siglos en que existe. Las incidencias críticas que asoman en las otras curvas, se han compensado aquí con el flujo migratorio que mantuvo el equilibrio nupcial, sin olvidar que la familia era base socio-económica esencial en una villa mercantil y ferrera. Los balmasedanos fueron muy estrictos con la abstinencia cuaresmal, respetando también las vendimias, de forma que preferían casarse en primavera y verano (1).

Muy a menudo se desposaban con novios/as foráneos, hecho que se acrecentó en la centuria del XIX, frente al anterior siglo XVIII. En éste, el 45,3% de los novios se casaba con jóvenes forasteros y el 10,6% de las parejas eran de fuera de la villa. Sendas cifras se incrementaron en el siglo XIX hasta alcanzar el 37,3% que eran de la propia localidad. Su procedencia no era lejana puesto que Balmaseda actuaba como punto centrífugo de zonas limítrofes. No extraña por tanto que los principales llegados fuesen meneses y encartados, mientras que los extranjeros casi brillaban por su ausencia (2).

Los balmasedanos no amaban la soltería puesto que únicamente un 6,34% de los finados eran célibes y además, casi todas mujeres, incluso algunas madres solteras. La edad preferida para contraer nupcias estaba alrededor de los 23-26 años para ambos sexos, si bien ellas matrimoniaban más jóvenes, a veces antes de los 20 años (3). Las viudas eran discretamente abundantes, y en cambio los hombres casi siempre reincidían, eligiendo nueva esposa entre mujeres jóvenes (4).

Libros de Casados: 1623-1900

En 9 Libros de Casados  de la Parroquia de San Severino están inscritas las 3.450 Actas de Matrimonio que han sido recogidas y analizadas en esta tesis doctoral. Todos los libros están en buen estado de conservación. La primera partida corresponde al mes de noviembre de 1623. Son actas bastante complejas en datos, cuya fiabilidad va acrecentándose  con el tiempo.  A menudo se inscriben en ellas las Velaciones  como continuación de la partida de matrimonio. Y a veces solo aparece el acta de estas velaciones, si la boda se celebró fuera de la villa. Así mismo se especifican las Dispensas de Impedimento y los Matrimonios por Poder

05.2.3.2.- La Natalidad

          La constante nupcialidad forzosamente había de incidir en la abundante natalidad existente a lo largo de los cuatro siglos. Los balmasedanos fueron una comunidad fértil, acrecentada por las propias migraciones, lo que contrapone un altísimo número de bautizados frente al lento crecimiento demográfico, sin duda rebajado por una mortalidad, especialmente infantil.

Las tasas medias dan valores del
– 49,47% para el siglo XVII 
– 31,28% en el siglo XVIII 
– 24,52% para el siglo XIX.

Las tasas de natalidad rondan del 35% al 50%, lo que concuerda con la natalidad general española de las mismas épocas. Concebían sus hijos sobre todo en primavera, tras la Cuaresma, y en verano, que es cuando se daba el máximo de bodas, siendo la ilegitimidad poco relevante en cantidad, pero muy interesante en su cualidad (5).

Los niños ilegítimos fueron más abundantes en épocas de crisis y etapas bélicas, aunque nunca faltaron los hijos de sirvientas y desde luego los de burdel. Su mayor incidencia se va a dar en el siglo XIX, con índices de 3,4 dentro de un gran aumento de la natalidad general.

Al margen de las guerras los años con más ilegítimos fueron 1830, 1835 y 1880-1900. Los dos primeros, época de graves crisis económicas y la última época, coincidiendo con la proletarización de la villa.

Libros de Bautizados: 1536-1900

El análisis de la Natalidad  se ha trabajado sobre los Libros de Bautizados  de la parroquia de San Severino, que era la única pila bautismal de la villa.
Se han consultado un total de 21.786 partidas de Bautismo, siendo la primera partida de setiembre de 1536. Están inscritas en 33 libros parroquiales, todos ello en magnífico estado de conservación y con mínimas lagunas cronológicas.

No se incluyen obviamente los niños que nacían muertos  (mortalidad endógena), ni tampoco la mortinatalidad (niños muertos durante el parto).

Un muestreo aleatorio realizado en cada siglo ha dado una media de 3,3 días de diferencia entre la fecha de nacimiento y la de bautismo. Si el niño presentaba algún peligro de muerte, recibía el “agua de necesidad” que se consideraba a todos los efectos  como bautismo y como tal era inscrito.

05.2.3.3.-  La Mortalidad

La curva de mortalidad es la más precaria de las tres a consecuencia de los párvulos cuyos datos no existen entre los años 1686 y 1867(6). (Véase gráfico V). Dos siglos en los que los finados adultos marcan el ritmo general de defunciones, cuya tasa se sitúa entre el 15-30%, siendo la tasa con párvulos muy similar desde 1787. Y es que la mortalidad infantil fue considerable colocándose entre un 70% y un 31% en orden decreciente constante.

GRÁFICO V. Mortalidad: 1623 – 1686 (próxima publicación)

La sobre mortalidad fue periódica y aparecía cíclicamente, correspondiendo desde 1790 a crisis bélicas, que afectaron en diversa medida a la población civil y entre ella, de forma más notable a los niños. Estos morían de afecciones típicamente infantiles pero no se libraron tampoco de las epidemias endémicas que diezmaban a los adultos. Por ello en el siglo XIX nunca se bajará del 71% de mortalidad infantil, habiéndose mantenido en niveles del 110% al 230% en toda la centuria. La edad de óbito se situaba alrededor de los 1 – 3 años y estaban muy igualadas entre los lactantes. Puede decirse que un 40-42% de los niños no llegaban a su primer año de vida (7). (Véase Grafico VI).

GRÁFICO VI. Edades al morir Adultos – Párvulos: 1867 – 1900 (próxima publicación)

Los adultos por su parte finaban a edades muy repartidas pero dominando los 40-60-70 para los varones y los 40-70 para las mujeres, con el punto álgido en sus 50 años y no siendo significativa la muerte por parto. Morían más balmasedanos en invierno y verano, con etiologías estacionales que fueron cambiando según los siglos y se relacionaban con las epidemias y endemias ya conocidas. Fuera de estos ámbitos patógenos, las enfermedades relacionadas con el cambio climático, eran las de mayor incidencia (8).

Libros de Finados:1616-1900 

Los Libros de Finados abarcan un total 7.679 Actas de Defunción. Comienzan en marzo de 1616, en que se inscribe la primera partida. Presentan una excelente conservación. Algunas veces incluyen testamentos o los mencionan.

Forman solamente 11 libros de partidas puesto que la Mortalidad Infantil y la Mortalidad de Párvulos  no se incluyen entre las actas de adultos. La infantil  responde al fallecimiento de niños menores de 1 año; cuando se hace referencia. A edades entre 1 y 10 años se habla de los Párvulos.

En la parroquia de San Severino  ha sido difícil recoger los datos de ambos tipos de menores y ha sido necesario utilizar porcentajes de corrección  que los expertos en Demografía Histórica ya tienen previstos. En Balmaseda los Párvulos aparecen inscritos en el Libro de Fábrica  de la parroquia. Con la salvedad de que, en Balmaseda, solo se ha conservado 1 libro de Fábrica correspondiente a los años 1623 – 1686.

Visión de Conjunto

A la vista de todo lo mencionado, se puede determinar que la centuria del 1500 es expansiva, incluso demográficamente como lo fue en economía. La población que, aún con las lagunas documentales, se intuye vitalista y en crecimiento, se verá asediada por rachas endémicas de peste, que agostarán su crecimiento. La peste del año 1599 supuso una mortandad de 300 vecinos, sobre un total de 700 que tenía la villa.   Es un vecindario de Antiguo Régimen, que aunque bamboleado por las epidemias, tiene sin embargo fuerza y actividad como producto de su base económica estable.

En el siglo XVII la crisis general de la villa se plasmó también en su población, que tardó muchos años en recuperarse de la peste finisecular, en la que perdió una buena pararte de su vecindario. Solamente a partir de 1623 existen las tres curvas demográficas que hasta llegar al medio siglo reflejan las dificultades por las que también pasaban la población de todo el país. El año 1699 fue especialmente difícil, con un 60% de mortalidad infantil.

El crecimiento fue más amplio en la segunda mitad, si bien se mantuvo constante y alcista aunque de poco volumen anual. La villa sufrió una paralización de su industria ferrera, lo que hizo resentirse  su economía. Mientras tanto el poder estamental se consolidaba.

El asentamiento demográfico a lo largo del siglo XVIII hacía prever un despegue poblacional de ámbito moderno. Pero el comienzo bélico del siglo siguiente va a mantener los bajos niveles demográficos de la centuria anterior durante unos años. Comienza la recuperación a partir de 1720 al mismo nivel que toda España. Pero las crisis no se alejan y aparecen cíclicamente. Sin embargo, se alcanza techo a fin de siglo preludiando el despegue demográfico que ya tenía lugar e Europa. No pudo ser así; las guerras de los años siguientes cortaron toda esperanza y hubo que esperar casi un siglo para ver cómo ese despegue se hacía realidad.A la estabilidad poblacional se contrapuso el engranaje económico, el cual, recuperado en la primera mitad del siglo, desde 1750 va caer en una profunda crisis decisiva para Balmaseda, a causa de la pérdida del Camino Real hacia 1768.

Un segundo punto de crisis se sitúa en el sistema ferrero, afectado por la Revolución Industrial y que vio caer vertiginosamente las exportaciones de hierro. La coyuntura finisecular del siglo XVIII fue para Balmaseda la peor de su larga historia; su buen mercado languidecía fuera de los circuitos comerciales; sus ferrerías apenas vendían y por último, desde 1793 va a verse envuelta en casi un siglo de guerras endémicas.

El siglo XIX presenta en Balmaseda una demografía semejante en sus curvas a las crisis del siglo XVII. En población este siglo fue una centuria crítica, sobretodo entre 1793 y 1890, período en que se suceden hasta cinco conflictos bélicos, varias epidemias y un declinar económico imparable. La inestabilidad se aferra a la curva de defunciones, mientras el crecimiento intenta sobrevivir y aumentar con una natalidad sostenida. No es difícil sospechar que, sin guerras, Balmaseda hubiera tenido una demografía moderna quizás desde 1782, y con tan sólo pequeños baches en un crecimiento alcista sostenido.

La población de Balmaseda, estabilizada en el XVIII y esquilmada en el XIX fue de Antiguo Régimen hasta los umbrales del siglo XX, con una constante migratoria que nunca decayó; el tan deseado despegue solamente se producirá a partir de 1885-86 y más ostensiblemente a partir de 1890.

 NOTAS

(1).- Véase las obras de CARO BAROJA, J.: Los Vascos. Madrid 1972; La Estación del Amor. Madrid 1974; El Estilo Festivo. Madrid 1980.
(2).- GÓMEZ PRIETO, J.: La villa de …, op. cit. Capítulo III, Matrimonio y Migraciones.
(3).- BALERDI, C.: Aspectos demográficos de Balmaseda y Portugalete entre 1860 y 1885.U. Deusto 1974. Tesina inédita.
(4).- Las terceras nupcias sólo se dieron en el siglo XIX con 23 casos sobre un total de 357 viudos por segunda vez. En ell siglo anterior hubo un solo caso en la segunda mitad. En 1804 casó por cuarta vez el único viudo que lo hizo en toda la historia de la villa.
(5).- En Balmaseda, los ilegítimos se inscribían de esta forma: “José:: y el apellido materno”, dándose a entender así que la madre era moza soltera. Se ponía moza libre si era de burdel. Los niños expuestos en algún lugar de la villa llevaban habitualmente los nombres de María o Severino, y como apellidos el de San Juan, San Severino, Balmaseda o Vizcaya.
(6).- Para el siglo XVII los párvulos del Libro de Fábrica dan un promedio del 51,88% en menores de 10 años. Este porcentaje se ha aplicado en los cálculos aproximados de la mortalidad infantil para aquellos períodos en que no hay datos.
(7).- En el Gráfico VI: Mortalidad entre 1623 y 1686, se inscriben tanto los adultos como los párvulos, estando éstos anotados en las partidas del Libro de Fábrica. En el siglo XVIII suelen apuntarse algunos finados párvulos esporádicamente al margen de su partida de bautismo. Existe un Libro de Párvulos que comienza en 1867, pero desde 1877 la mortalidad infantil va incluida dentro de los Libros de Finados Generales.
(8).- Las causas de muerte se incluyen en las partidas de finados solamente a partir de 1863, y aunque no son demasiados años de datos, son interesantes por la variedad de etiologías que presentan.

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